Ponme las pilas Capítulo 7
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Capítulo 7

Kalen

Mi tía quiere a Nova por algo en su tienda, lo que no sé es por qué.

Porque solo por eso metería en este lugar a alguien que a las claras se nota que no tiene idea de nada.

La miro por las cámaras de seguridad, ante los clientes, correcta.

Luego va al almacén y saca el móvil para ver qué narices es lo que le han pedido.

Cuando he estado ahí, hace lo mismo. Recuerdo su cara de horror con lo de los insectos.

Siempre busca todo, roja como un tomate, y luego regresa como si nada.

O mucho me equivoco o no tiene ni idea de sexo.

Mi hermana la va a despedir. O no, porque con Ula y sus ideas raras está claro que quiere joder el negocio.

A saber. Hace tiempo que no sé qué pensar de mi hermana y eso que hace años estábamos muy unidos.

Con el tiempo, nos distanciamos y la echo de menos.

Miro por la cámara de seguridad a Nova. Está leyendo y tomando notas como el que estudia un máster.

Se muerde la boca y luego anota algo. Algo en ella me parece enternecedor; desde que la vi, sentí el deseo de protegerla.

Parecía un pollo sin cabeza. Y nada tiene que ver con que sea preciosa.

Lo es. Joder, lo es y mucho. Es bajita, pero con unas curvas que atraen miradas y las mías también.

Suele llevar ropa cómoda. Vaqueros y camisetas.

Sus deportivas tienen pinta de contar miles de historias.

El pelo castaño lo lleva casi siempre suelto o con una trenza a un lado.

Lo que más me fascina de ella son sus grandes ojos verdes.

Es un libro abierto y sé en qué está pensando la mayoría de las veces.

No recuerdo la última vez que me topé con una mujer así. Tal vez porque en mi mundo no me rodeo de gente como ella. Y es muy aburrido.

Llamo a mi tía para que me ponga al día de todo su plan.

Mi tía es una lianta. Solo por eso dejó su negocio a mi hermana.

Cuando ella se enteró, casi le dio algo.

Solo tiene que aguantarlo un año y puede venderlo.

O, si fracasa, lo venderá antes. Si no lo rechazó, es porque en el negocio entra la casa entera.

Si aguanta un año, se queda con todo el edificio y mi hermana no quiso perder ese inmueble.

—¿Has metido a una virgen en una tienda sexual? —Mi tía se ríe. No es que se ría, es que se nota que se lo está pasando pipa con todo esto.

Me da pena Nova, aunque sé que mi tía tiene buen fondo y no haría nada que lastimara a alguien.

—¿A que es una genialidad? —Esto confirma mis sospechas.

—Eso pregúntaselo a Nova. Cada vez que le piden algo, no sabe dónde meterse.

—Pero ahí sigue. Es muy trabajadora. Y necesita soltarse. Y es muy guapa, ¿eh?

—Estoy casado.

—Estás casado con una zorra de la que, si no me equivoco, pronto dejará de ser tu mujer.

Quiero a mi tía, pero es una lianta. Mi abuelo la desheredó por ir contra todo cuando se divorció, aun a riesgo de perder su favor.

Es hermana de mi padre, y sé que mi padre la quiere, pero, desde siempre, le han educado a no salirse del redil.

A hacer todo como debe hacerse, por el bien de la empresa.

A veces odio que no mire más allá de eso.

Por suerte, nunca ha puesto pegas a que mi hermana y yo pudiéramos verla y estar con ella.

No tanto como nos gustaría, pero sí es parte de nuestra vida.

Le tengo mucho cariño y mi hermana también; al menos de niña la adoraba, antes de cambiar y volverse fría.

Naira es letal y no soporta la incompetencia. Y si tiene en mente algo, lo llevará a cabo, tanto si es venderlo antes como si es subirle el precio si van bien las cosas.

Mi tía esperaba cambiarla cuando supiera que su negocio ayuda a las mujeres; que hace algo bueno por ellas.

Por eso, tiene que mantenerlo abierto un año antes de venderlo; eso le dijo mi tía para que fuera suya.

Como está embarazada, yo me hago cargo hasta que ella pueda decidir qué hacer.

Pero, antes de coger la baja, contrató a Ula y le dijo que hiciera los cambios que quisiera.

Y lo hizo. Poco queda de cómo era antes con mi tía.

Antes el lugar era acogedor. Ahora da un poco de miedo.

Lo que me hace recordar la cara de Nova el primer día.

No sabía dónde mirar para no ver un pene enorme.

Sonrío divertido. Algo que hace tiempo que no me pasaba en mi vida. No tengo mucho tiempo para la risa.

Sobre todo, por mi mujer…

—Dejemos a mi mujer fuera de esto.

Me quito la corbata, agobiado, por pensar en mi mujer Bora.

O ex. Hacemos vidas separadas desde hace años, pero de cara a la galería estamos casados y nos llevamos bien.

En la mansión, cada uno vive en su lado y yo me quedo casi siempre en mi casa de la ciudad.

Y los trabajadores han firmado un contrato para no contar nada.

No me puedo separar de ella hasta que hagamos cinco años casados o su padre, mi socio ahora, se quedará con todo mi negocio.

Cuando firmé esto, para conseguir un buen socio y mejores condiciones, estaba enamorado.

No pensé que cinco años me pesaran tanto.

Mi padre había hecho malas inversiones y esto nos daría un respiro y, además, amaba a Bora. Lo mío era para toda la vida.

Sí… Qué idiota fui.

—Sí, mejor. Yo sé que no sois felices. Pero tú mismo. ¿Qué te parece Nova?

—Que no va a durar en tu negocio ni dos días.

—Ya lleva varios. Y sigue ahí. Aguantará.

Soy su hada madrina, aunque en la mano tengo una polla de más de veinte centímetros.

—Se ríe y lo peor es que me la imagino. Mi tía es capaz de disfrazarse de eso en carnaval; solo tienes que mirar sus redes sociales.

Si un baile se hace viral, ella se lo aprende.

Eso es lo que me gusta de ella: que vive la vida según su propio código. Me gustaría ser más como ella.

—Si no te quisiera tanto, dejaría de hablarte por meter a alguien así en el negocio que debo supervisar.

—Bueno, pero me quieres. Por eso has tardado varios días en llamarme y seguro que la has estado vigilando para ver cómo lo hacía. Soy tu tía favorita y la que te hace siempre reír fuera de tu vida encorsetada.

Eso es cierto. Me despido de ella y pienso qué hacer con Nova. O cambia o, en unos meses, da igual que sea la protegida de Geno, porque estará en la calle a manos de mi hermana.

** *

Me toca ir a una comida de trabajo. Mi suegro tiene la voz cantante, como si fuera el dueño. Lo dejo hacer, porque en unos meses compraré su parte y podré ser yo quien mande.

Disfruto de la comida lo mejor que puedo, sintiendo que hace mucho calor en este lugar. Noto cómo me tiembla la mano. No, joder, odio cuando la ansiedad me da cuando menos la necesito.

Tomo aire y la controlo. La mantengo a raya para no dejarme llevar. Yo puedo con esto. Al poco, ha pasado y tengo todo controlado.

Al salir, voy a dar un paseo con mi chófer por la ciudad. Pasamos por la casa de Geno. Todo el edificio era de ella; luego vendió algunas viviendas y otras se las quedó para hacer negocio.

Veo a Nova llegar cargada con bolsas. Le digo que pare en doble fila a mi chófer, Lug. Nova lleva las bolsas de una tienda de decoración. Sonríe mientras anda. No sé qué estará pensando, pero su sonrisa es lo mejor de todo este día.

Al entrar, mira hacia el cielo nublado y se muerde la boca.

Mi tía dijo que era guapa. Nova es mucho más que eso. Tiene algo que te hace mirarla una y otra vez, ansiando descubrir cada uno de sus secretos. Lleva el pelo castaño recogido a un lado y sus grandes ojos verdes sonríen mientras mira el cielo.

Ahora lleva un vestido colorido. Alegre como ella. Le saco siete años, pero, tras todo lo vivido, al mirarla siento que son muchos más.

—Podemos irnos —le digo a Lug.

Pone el coche en marcha y regreso a mi casa en la ciudad. Hoy no tengo humor para irme a la mansión donde Bora puede aparecer cuando menos me lo espere.

Ella mató toda mi felicidad cuando descubrí su mentira.