Capítulo 6
Nova
Llego al trabajo y abro. Decido meter en un cajón algunos penes que, la verdad, lo mismo dan gusto, pero intimidan. Todo va bien hasta que entra una chica y me pide, atención, «abdorgasmo».
Por supuesto, me meto a buscar en el ordenador. Y es tener placer mientras practicas ejercicio. Sin que haya ningún estímulo. Si no necesitas estímulo, ¿qué le doy?
Salgo y la miro. Me mira. No sé qué narices decir.
—Umm… No sé cómo darte algo para estimular si el placer se consigue sin hacerlo.
—Ya, bueno, pero no sé, a lo mejor alguna ropa interior que roce cuando se practica. Mi amiga tiene orgasmos cuando sale a correr. Yo odio correr y digo: «Mira, un estimulante». —Sonríe—. Necesito algo que me estimule a correr. Y lo he buscado en Google y es eso.
—Claro… ¿Y un aparato para meterte dentro y darle tu intensidad según te apetezca?
—O bolas chinas… Mira, sí, hagamos trampa. Lo que sea para no aburrirme corriendo.
Porque mirar el paisaje y ponerse música, mejor no se lo propongo.
Nuevo eslogan: Si sales a correr, mejor con una buena corrida extra.
No, para. Me voy a reír delante de ella.
Escucho a Geno en mi cabeza diciéndome que abra la mente. Y eso hago. Busco cosas que puedan estimularla sin tocarse. Le saco varias cosas y se lleva ilusionada las compras.
Listo. Primera clienta satisfecha… Joder, hay demasiadas con doble sentido en este lugar.
** *
—Hola. —Una mujer entra con ropa de peluquera—. Soy Carey, la peluquera que está al lado y amiga de Geno. No he podido pasarme a saludar antes. ¿Qué tal vas? Geno me ha dicho que no tienes ni idea del negocio.
—No, ni idea. —Se ríe.
—Así es Geno. A mí me alquiló el local cuando no tenía ni dinero para pagarle. Me dijo que podía pagarle con arreglos gratis, hasta que pudiera pagarla. Este edificio es de ella.
—Ah, es bonito por fuera.
—Sí, y Geno sabe lo que hace. No te cierres y, si te agobias… Bueno, dice que lo buscas todo en Google.
—No me queda de otra.
Pongo el cartel de «Vuelvo enseguida» y, tras cerrar la puerta, vamos dentro a tomar un café. Me cuenta que tiene la peluquería desde hace diez años. Tiene cuarenta, un niño de cinco años y está muy feliz con cómo le van ahora las cosas, pero ha costado.
El tiempo se nos pasa muy rápido y promete venir pronto.
Al regresar al trabajo, me piden algo normal: un consolador a pilas. Eso lo tengo controlado y le saco una gran variedad.
De camino a mi casa, llamo a mi familia, al grupo, para hablar a los tres a la vez.
—¿Qué tal, hija? —pregunta mi madre.
—Bueno, he sobrevivido a otro día. ¿Se nota que soy virgen? —Cuando lo digo, una mujer me mira como si hubiera dicho que he matado a alguien—. ¡Que no es contagioso! —le digo.
—¿A quién gritas? —dice mi hermana divertida y se lo cuento—. Vale, la gente es así.
—Geno cree que debo abrirme a esta experiencia.
—Vamos a perder la virginidad —añade mi madre y se ríe.
—¿Podéis dejar de tomaros mi vida como si fuera un chiste?
—Es que es muy divertido —añade mi hermana—. Llevas años dejando que un ex te fastidie la vida. Es hora de dejarlo ir. Eres lista, guapa y divertida. No me gusta ver cómo te cierras en ti misma por miedo al fracaso.
Visto así, suena triste, la verdad.
—Bueno, es que no se portó bien —admito. Hasta ahora creía que yo tenía parte de culpa, pero ya no lo veo así—. No me merecía eso.
—Pues no —dice mi padre.
—Ya le di su merecido. Nadie se mete con mi hermana.
—¿Qué hiciste? —pregunto con miedo y mi hermana se ríe de forma diabólica.
—¿Os acordáis de que estrenó moto nueva y alguien le pinchó las ruedas?
—¡No me digas que fuiste tú! —grita mi madre.
—Pues sí, se lo merecía por gilipollas. No me gustaba ver a mi hermana fracasar con un tío tras otro porque le hizo creer que sus ruiditos no eran sexis.
—Gracias —le digo algo conmovida—. ¿Por qué no me lo contaste?
—Porque no sabía si entenderías que lo hice porque estuvo feo.
—Tengo las mejores hijas del mundo —añade mi padre orgulloso.
Me despido de ellos al llegar a mi edificio. Subo por las escaleras y me canso. Pienso en la mujer que se ha llevado los juguetes para divertirse haciendo deporte. Tal vez si supiera lo que es un orgasmo, lo mismo hasta entendía por qué puede ser divertido.
Por la noche, me pongo en plan sexi con mi cuerpo. Vamos, que me ducho y me pongo el pijama menos feo. Y trato de meterme en situación. Toco una teta. Me meto mano… y hago un gemido. Me agobio. Me enfrío y entro en pánico.
Entonces, veo a Kalen, su sonrisa, ese pelo negro medio peinado. Ese traje a medida. Mi cuerpo arde… y no apago el fuego. Es mi jefe. No, mejor dejarlo aquí por hoy. Cierro los ojos y sueño con Kalen; no los controlo yo, así que me permito ese placer.