Ponme las pilas Capítulo 4
9%

Capítulo 4

Nova

Toco a la casa de Geno por la tarde. Me abre sonriente. En mi vida me hubiera imaginado que esta adorable y tierna mujer fuera dueña de un sex shop .

—Cr eo que se te olvidó decirme de qué era el negocio.

—¿No lo hice?

—¡No! Y ahora estoy allí rodeada de…

—De rabos. Puedes decirlo, el sexo es parte de la vida, cariño. —No de la mía, pero esto no se lo digo—. Tomemos café y me cuentas qué tal ha ido todo. ¿Has conocido a mi sobrino?

—Sí, pero poco tiempo. Tenía prisa.

—Le dije que te lo había contado todo. —Se ríe—. Lo siento, me gustas, me caes bien y creo que mi negocio te ayudará a soltarte el pelo.

—No necesito soltarme el pelo.

—Te he visto hablar con Kelvin. No sabes ni por dónde empezar con semejante hombre.

—Ni con ese ni con ninguno, pero ese no es el tema.

—¿Te gusta con leche el café?

—Sí, gracias.

—La vida solo se vive una vez, cariño. Tú necesitabas un trabajo y yo alguien de confianza mientras mi sobrina toma el control. Eso sí, como no te pongas las pilas, Naira te tirará fuera. Si no encuentras nada mejor, te aconsejo que te pongas las pilas.

—Bueno, de pilas va la cosa. —Se ríe.

—Ese lugar lo hice para mujeres como tú.

—¿Cómo yo?

—Mujeres que se cierran en sí mismas y se anulan. Joder, la vida es para vivirla. Para disfrutar, para darle chispa. Para decir qué coño queremos. —Se ríe por su gracia; yo me sonrojo porque esta conversación no tiene ni pies ni cabeza.

—No, si chispas le das. —Se ríe más.

—No es solo sexo, cariño. Es regalar placer. ¿Y has visto mi selección de libros? —Asiento—. Coge el que quieras para leer.

—No, gracias. No me gusta la erótica.

—¿De verdad? ¡Pero si es la sal de la vida!

—La sal mata.

—De verdad, necesitas ese lugar con urgencia, para quitarte ese lastre que llevas encima. —Deja el café—. Tengo un don con la gente, y siento que tenías que ser tú la que estuviera ahí.

—Es verdad que eres mi hada madrina —ironizo y se ríe.

—Y mi varita es una polla de veinte centímetros. —Da un trago al café como si no acabara de soltar esa burrada—. O puedes irte…

—No puedo irme.

Preparo mi café con azúcar.

—El azúcar también es mala y no veo que te tomes el café amargo.

—No pienso renunciar al azúcar.

—Pero, al parecer, al sexo sí. Se te nota que de sexo tú no entiendes mucho.

—Esas cosas no se notan.

—Se notan, eres muy frígida. Pero tranquila. Este trabajo te cambiará.

—Debería dejarlo.

—Hazlo, a ver si te sale otra cosa.

Sonríe. Esta mujer parece más que un hada, un demonio. Doy un trago a mi café.

—A ver si con suerte así dejas de ser virgen. —Escupo el café que tenía en la boca. Se ríe—. He trabajado en un sex shop , lo noto, cariño.

—Empiezo a pensar que me has dado ese trabajo para reírte de mí.

—No, para que vivas. La Cenicienta tuvo un hada madrina. Tú, otra. —Se ríe, porque seguro que se está imaginando con un consolador en la mano, y lo peor es que yo también.

—Por ese lugar ha pasado mucha gente como tú, a la que le cuesta decir que no es feliz en el plano sexual.

—Pues yo nunca hubiera entrado en un lugar así.

—¿Por qué?

—Porque me intimida todo eso. Si tengo problemas con el sexo, que no admito que los tenga, todos esos neones y la colección de rabos no me ayudan. No me relaja.

—Eso es cosa de Ula, la de la tarde. Mi sobrina quiere que el negocio se vaya a pique y así no la obligo a estar un año sin vender; que se cree que soy tonta y no me doy cuenta. Le deja hacer lo que quiera. Por eso ahora estás tú. Puedes sugerir a Kalen cambios.

—Tal vez.

—Cariño —la miro—, no te cierres a la vida. Ni al placer. Ese lugar te puede dar mucho si lo dejas. Y si no, coge el consolador más gordo y ya verás cómo entra con un buen lubricante. —Escupo de nuevo el café y lo peor es que lo ha hecho aposta para provocarme esta reacción.

Madre mía, esta mujer está medio chalada. Si es que no me podía tocar un trabajo normal. Aunque al menos la exdueña no espera que sea altamente cualificada. Pero sus sobrinos sí. O me pongo las pilas, o me busco otro trabajo.

Regreso a mi casa y me pongo a estudiar. Menos mal que nadie ve mis caras. De verdad, no sabía que el mundo sexual era tan complejo; en mi cabeza era meterla y ya. Joder…, voy a suspender.

¡El primer suspenso de mi vida!