Ponme las pilas Capítulo 2
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Capítulo 2

Nova

Entro en la tienda tras tomar aire y sin querer horrorizarme por los carteles de neón bien brillantes. Madre mía. Este lugar no invita a entrar. Yo lo vería y saldría corriendo. Y aquí estoy.

Es como si el destino dijera: ¿Te has saltado las escenas spice de los libros? Pues toma dos tazas.

Pienso en salir corriendo como una loca, perseguida por un T-Rex. En este caso, por una polla enorme de goma… Madre mía. No sé qué es peor, si el lugar o mi imaginación. Y yo que creía que Geno era mi adorable hada madrina… Bueno, lo es, pero en vez de varita, lleva un pene a pilas.

¿Y si me marcho?

No puedo no hacerlo.

He prometido a Geno, antes de venir, que estaría orgullosa de mí. Ahora entiendo sus risitas y sus miradas.

¡Será lianta la mujer!

Cuando entro, no sé dónde mirar. Delante de mí, tras el mostrador, hay champiñones masculinos de todos los tipos y tamaños.

Miro el lugar y es muy oscuro. Parece sacado de una peli de terror; en este caso, en vez de sustos, te dan orgasmos… Bueno, en mi caso, mis momentos sexuales están más cerca del cine de terror, la verdad.

No sé dónde mirar. Hay más carteles de neón y en algunos salen tetas y otras cosas. ¡Es horrible! Mi cabeza trata de imaginar a Geno aquí, esa adorable mujer vendiendo esto. Madre mía. Soy la peor prejuzgando a la gente, pero es que en la vida me habría imaginado esto…

Quiero llorar y no de placer.

Miro al mostrador. Donde hay un hombre trajeado de espaldas.

Solo puedo ver que es alto. De hombros anchos y cintura estrecha. Conforme me acerco, veo que tiene el pelo casi negro. Y huele muy bien. Muy, muy bien. Debe ser el sobrino de Geno, que me dijo que me estaría esperando.

Es un importante CEO en una empresa de telecomunicaciones.

Solo sé eso y que me saca siete años. Ya sé más de él que de mi trabajo nuevo.

Madre mía. Estoy a punto de hiperventilar, cuando veo un pene que parece que son dos con venas monstruosas y yo decía que la de mi ex era fea…

Me tapo los ojos con la mano hasta que me doy cuenta de lo patética que soy.

Vamos, tú puedes.

Tomo aire y, cuando se gira, casi me desmayo, pero por el pedazo de hombre que tengo ante mí.

Menudo momento para que mis ovarios se acuerden de que existen y tienen vida.

¡No me jodas!

Años más seca que un desierto y es ver a este hombre y sentir por mi cuerpo una inundación.

Lo que me faltaba. Ahora estoy roja y no solo por todo lo que me rodea, que no sé para dónde mirar.

Sus ojos castaños se posan en mí. No sé qué piensa al mirarme, mientras yo intento no poner cara de tonta al observarlo.

Lo juro, nunca en toda mi vida mirar a un hombre me dejó tan paralizada.

Es guapo a rabiar. De esos hombres que son tan perfectos que, si le hago una foto y la subo a redes, estas lo tacharían de IA; de esos que crees que no existen, vamos.

Y lo tengo delante. En uno de mis peores momentos, porque no sé dónde meterme.

—Ahora hablamos. —Cuelga y me mira—. ¿Nova Brunek?

—La misma.

¡Qué voz! La suya, porque la mía sale como de pito.

La suya es sexi y rasgada. Muerdo mi boca, agitada, mientras él asiente.

Por suerte, pasa de mí. Parece que ni se inmuta ante mi presencia.

A ver, no soy fea. Tampoco del montón. Yo me miro al espejo y digo: «Estás buena».

Pero tampoco soy modelo. ¿Me importa? No, la verdad, porque a mí me encanta la mujer que soy.

—Te enseño el sitio. Geno me ha dicho que te ha puesto al tanto de todo y que eres de su absoluta confianza.

—Sí, me ha puesto al tanto de todo, todo. —Menuda vecina lianta.

—Bien. Este lugar lo dirigirá mi hermana cuando se incorpore. Hasta ese momento, yo le echo una mano. Pero no pasaré mucho tiempo por aquí. —Mejor, para que no note que no tengo ni idea de este mundo tan erótico—. Vamos al almacén —me dice.

Entramos y veo todo muy bien ordenado. Si no miro qué hay dentro de las cajas, parece el de mis padres. Claro que ellos tienen servilletas, manteles y comida. No pollas, consoladores a pilas y lubricantes. Es lo mismo. Ironizo.

Ya verás cuando lo cuente a mi familia, se van a reír de esto un año entero.

Kalen me enseña todo. También la zona de personal. Es coqueta y con sofás. Microondas y cafetera. No tiene nada que ver con lo de fuera. Esto sí me encaja con Geno.

—La tienda está más pensada para mujeres que para hombres —dice ya de vuelta—. En esta zona están las novelas eróticas. Y en esta parte, los álbumes, por si alguien no sabe qué quiere y quiere ver qué tenemos.

—Como si lo de detrás del mostrador no fuera suficiente.

—Ya, bueno, por lo que sé, la que trabaja por las tardes, Ula, le ha dado un toque diferente al que tenía mi tía.

Ella lo tenía de otra forma. Si quieres hacer cambios, puedes sugerirlos.

— Asiento—. La gente te pedirá cosas y en el almacén tienes de todo.

He estado metiendo en el ordenador donde está todo, para que te diga en qué pasillo y a qué altura. No debes tener problema.

Lo llaman de nuevo. Me mira y le hago señas para que lo coja. No sé qué le dicen, pero escucho que se va.

—Este es mi móvil. —Saca una tarjeta donde veo su nombre: Kalen Roy, CEO de Tecnología Roysen.

—Vale, lo anotaré.

—Llámame si surge algo. Tengo que irme. Mi tía dice que sabes de esto y que estás lista para quedarte sola. ¿Cierto?

—Cierto, cierto. —«Ciertísimo», ironizo en mi mente… Quiero llorar.

Me mira como si quisiera decir algo más, pero al final lo llaman de nuevo y se tiene que ir.

Mierda, mierda y mil veces mierda.

Llamo a mi hermana, porque quedan diez minutos para que empiece a venir gente.

—¿Qué tal el trabajo? —Maeve lo coge al primer tono.

—¿Es Nova? —pregunta mi madre por detrás.

Ahora mismo me arrepiento de haberles escrito para decirles que tenía trabajo.

—Ah, bien. Es un sex shop . —Se queda callada.

—Creo que no te he escuchado bien.

—No, no, lo has escuchado muy bien. Estoy en Pollalandia.

Mi hermana se queda callada y luego se descojona. Se parte de risa. Y mi madre con ella. Las dos se ríen como nunca y, cuando mi padre pregunta qué pasa y se lo cuenta, se ríe.

—¿Podéis poneros en mi lugar?

—Vale, vale… —Mi hermana no consigue dejar de reír—. Una virgen en un sex shop .

—Vale, no tiene gracia.

—¿Y cómo lo vas a hacer? —indaga mi madre—. Los tres sabemos cómo te impone el sexo desde que tu primer novio se rio de ti y se burlaron de ti por los pasillos.

—A veces me arrepiento de contaros todo.

—No, no, a nosotros todo —lo dice mi padre—. Hija, usa la IA o Google cuando te pidan cosas raras.

—Cierto. Bájate una IA y la tienes como secretaria. —Mi hermana me dice cuál es mejor—. O déjate el trabajo.

—No, antes me hago VIP en Mundo Rabo que dejar el curro. —Se ríen de nuevo.

—Mundo rabo, esa es buena —añade mi padre, muerto de risa.

—Sí, esto no lo vi venir de mi vecina adorable.

—Claro que es adorable: es VIP en Mundo Rabo. Seguro que sabe cómo usarlo todo para ser feliz con sus orgasmos. —Mi madre se ríe—. Oye, pues podrías mandarnos algunas cosas.

—Ah, pues sí —añade mi padre animado.

—No quiero seguir con esta conversación, por estos caminos. Os quiero mucho, pero ayudaros a tener mejor sexo solo puede joder más mi día.

—O que te los imagines a ellos cuando te pongas al tema. —Mi hermana se ríe—. Ya lo que te faltaba.

Suena el timbre de la puerta y grito.

—Ya vienen, os dejo.

—Vamos, tú puedes. De aquí a nada, eres la reina de los rabos de goma.

Los cuelgo y escucho cómo se siguen riendo. Los quiero, los adoro, pero ahora mismo los mataría a los tres.

Tomo aire y pienso que no puede ser tan malo. Solo tengo que darles lo que piden y ya está.

¡No puede ser tan difícil!

Las mujeres tienen vagina y los hombres pene. Ya está, controlado.

Mete, saca y poco más… ¿No?