Capítulo 1
Nova
Mi pequeño piso en Boston es increíble. Es de una prima y me lo ha alquilado a muy buen precio.
Ella no lo usaba para nada. Es en un edificio antiguo que le dejó en herencia una pariente y, cuando se enteró por mi madre de que quería ir, me hizo buen precio.
Claro que, teniéndolo cerrado, ganaba más con mi alquiler.
Sea como sea, aquí estoy; tras cambiar algunos muebles y pintar la casa, pagándolo de mi bolsillo, me he quedado sin ahorros.
Este lugar me encanta. Ha pasado de ser la casa de los horrores a ser la casa de mis amores.
Siempre he soñado con volver a la ciudad donde nací.
Mis padres se trasladaron por trabajo a Albany cuando yo tenía cuatro años.
Les salió una buena oferta por un hostal algo viejo y, como el sueño de mi padre era tener un hotel, no lo pensó.
Nos fuimos todos. No tengo muchos recuerdos de esta ciudad, pero me prometí a mí misma que volvería.
Y aquí estoy…, sin trabajo, eso sí. Y, aunque no paro de echar currículum como una loca, no consigo nada.
Ahora es cuando gastar todos mis ahorros en decoración y pintar me está empezando a no gustar tanto.
Mi prima me ha dicho que le tengo que pagar sí o sí cada mes, que somos primas lejanas y no piensa pasarme ni un mes. Me lo creo; es prima, pero es una cabrona. De las grandes. Casi me sorprendió que me alquilara este lugar. Claro que así no teme que se le meta nadie en la casa.
Me dejó hacer todos los arreglos que yo quisiera, a cambio de que, si me iba, todo se quedaba en su casa. Por eso no me dijo nada cuando restauré algunos muebles y tiré algunas cosas que ella no quería. Me pidió fotos y no se las quise mandar, por si le gustaba demasiado y me subía el alquiler.
La creo muy capaz, para qué nos vamos a engañar.
Se me da muy bien la decoración y sacar el máximo partido a los espacios.
Ver lo que necesita un lugar y organizarme para crear algo increíble.
En el hostal de mis padres, cuando me dejaban, hacía esto mucho y también estuve trabajando en una empresa de decoración.
Pero como mi madre sabía que ese no era mi sitio, no quiso darme tales poderes.
Prefería que mi hermana, que sí quiere heredar el hostal del terror, coja la iniciativa.
A ver, el hostal no está mal, pero se está cayendo a pedazos y mi padre lo remienda como puede, mientras el banco siempre alarga lo de hacerle préstamos.
Ese lugar me asfixiaba. No era para mí.
No quiero regresar a casa y ponerme a trabajar en el museo de mis padres en el hostal. Es su sueño; ahí los míos no tienen cabida. Yo solo me dejaba llevar. Estoy cansada de hacer eso. Lo bueno es que tengo experiencia para trabajar de camarera, limpiadora… Y mil cosas más.
Pero no me ha salido trabajo. Nada de nada.
—¿Y es cara? —Miro hacia los buzones y veo a mi encantadora vecina del segundo.
Tiene unos sesenta y cinco años y una mirada dulce y cálida.
Se llama Geno y la he conocido en el ascensor.
Lleva el pelo cobrizo. No es natural, es tintado, y siempre me mira como si estuviera planeando algo.
Me da miedo y curiosidad a la vez. Sobre todo porque se maquilla de manera muy exagerada.
Creo que me da más curiosidad. Hay algo en ella que me fascina. Es como si le sudara todo.
—Busco trabajo y no estoy teniendo mucha suerte.
—¿De qué buscas?
—De cualquier cosa. A estas alturas acepto cualquier cosa.
Me lanza una mirada que no sé cómo interpretar. Sonríe, como si estuviera tramando algo. Debería alarmarme, pero es una adorable mujer recién jubilada. Con seguridad, solo está aburrida y yo ahora mismo tengo una pinta patética con mi cara de pena.
—Ah, es bueno saberlo. Tenía un negocio y se lo he dejado a mi sobrina.
Pero, mientras ella está de baja por maternidad, lo dirige mi sobrino…
Es un hueso duro de roer, mi Kalen, pero no es mal chico.
Voy a ver si sigue necesitando gente. Es CEO de una empresa importante, a pesar de que solo tiene treinta y dos años.
Claro que la empresa era de mi hermano y lo puso ahí a dedo.
—Se ríe—. Pero, a pesar de eso, es muy bueno.
Y ahora ayuda a su hermana con la herencia que le dejé.
Lo mismo no he encontrado a nadie para las mañanas.
Si sigue libre el puesto, podrías trabajar allí.
Es un lugar que ayuda a mujeres. —Sonríe de nuevo como si tramara algo.
—¿De verdad? Eso es genial. —Saco de mi carpeta un currículum y se lo tiendo—. Esa es mi experiencia.
Lo coge y pasa el dedo por lo de «cara al público».
—He trabajado en el hostal familiar y luego en la universidad en un bar, en una tienda de ropa…
—No, si experiencia no te falta —me corta—. Déjame ver qué puedo hacer. Creo que puedo ser tu hada madrina, cariño.
Me acaricia la mejilla y se marcha hasta su casa. Hago un pequeño baile. Tan ridículo como liberador.
—¿Has conseguido trabajo? —Me giro para mirar a otro de mis vecinos. Kelvin. El hombre más sexi que he conocido en mi vida.
Es modelo y no me extraña. Tiene cara y cuerpo para eso y más.
Alto y rubio. Con intensos ojos azules. Un año mayor que yo; tiene veintiséis.
Un mojabragas de manual, pero, por algún casual, conmigo no funciona su sexi sonrisa y esa boca tan carnosa.
No, creo que hace tiempo que algo se apagó en mí para siempre, ante hombres sexis.
—No. Pero casi. Geno dice que conoce a alguien que puede darme trabajo.
—Ah, bien. ¿Sabes que Geno es un poco lianta?
—Lo he imaginado, pero es una adorable mujer de unos sesenta largos. El negocio era suyo… Tiene que ser algo bueno.
—Ya. Bueno, al menos tendrías con qué pagar las facturas, después de todo el dinero que te has gastado en las pinturas.
—Mi casa ha quedado espectacular.
—¿Ya no huele a rata muerta? —Pongo cara de asco al recordar mis gritos cuando encontré una rata muerta disecada en el armario. Creo que fregué ese armario mil veces.
Kelvin vive enfrente y vino a mi casa asustado.
—No, ya no. Por suerte para mí.
—Bueno, poco a poco. Si te sale trabajo, lo celebramos.
Sonríe y espero que mi cuerpo muerto hace años por mi ex de mierda despierte a la vida… Nada. Solo hay grillos donde debían haber oleadas de deseo por alguien así.
Kelvin se acerca a mirar si tiene correo y abre al ver que hay cartas dentro. Luego me mira curioso, mientras yo sigo sin ir hasta los ascensores.
—No sé si subir a casa o ir a dar un paseo —le digo con la carpeta apretada contra mi pecho—. Estoy muy feliz ahora. Si me meto en casa, no pararé de dar vueltas y el piso son cuarenta metros. No tengo mucho donde pasear.
—Hace buen día. Podrías dar un paseo.
—Sí, por si no encuentro trabajo y me tengo que ir de mi ciudad.
—Ten fe. He dejado también currículums tuyos en mi trabajo, por si necesitan a alguien para los eventos, como camarera.
—Sí, porque de modelo me faltan más centímetros y menos tetas.
—No todos somos perfectos para la moda, pero no por eso somos menos increíbles. La perfección está sobrevalorada. Nos vemos, vecina, y tus tetas están genial así. —Me guiña un ojo y espero derretirme o, por lo menos, ponerme cachonda… Espero sentada, mejor.
Nada de nada.
Le digo adiós con la mano y me marcho a dar una vuelta.
Por si acaso. Por si todo sale mal y no consigo trabajo.
Porque en mi vida la suerte no es que haya ido de la mano conmigo.
Si algo se podía torcer, siempre se ha acabado torciendo.
Siempre intento ser positiva, pero a veces necesito un camión de positividad.
Paseo por mi ciudad amando cada lugar. Acabo en el parque Common y doy un paseo cerca del lago. No tengo fotos suficientes de este lugar.
Las subo a mis redes. Para mis pocos seguidores.
No, influencer no me voy a hacer en la vida.
Mis padres y mi hermana dan me gusta a todo.
Ellos son lo único que me falta aquí, pero su vida ya no era para mí.
Por suerte para mi hermana, sí. Ella quiere heredar el hostal.
Todo para ella. Tiene ideas y sueños que no sé si podrá darles vida en el hostal del terror, pero ojalá consigan el préstamo.
Yo quiero seguir soñando que puedo quedarme en el lugar que me vio nacer.
** *
Estoy haciendo mi cena cuando suena la puerta de mi casa. Abro y veo a Geno.
—Mi sobrino dice que te contrata. Bueno, en verdad no le he dado opción. Necesita a alguien por las mañanas y le he dicho que te contrate, y punto. —Se ríe de forma diabólica y queda rara en esta mujer de pinta tan achuchable.
¿Dónde narices me estoy metiendo? Da igual, es trabajo. Lo acepto, sea lo que sea.
—¿Y no ha necesitado hacerme una entrevista? Ahora él lo dirige, ¿no?
—Bueno, el negocio era mío. Sé más que él de quién es buena para ese sitio, y siento que a ti ese lugar te va a cambiar la vida.
Te va a soltar, eso sin dudarlo. He visto a mucha gente a lo largo de mi vida como empresaria y tengo un don.
Calo a la gente y preveo que no sería la misma tras pasar por la tienda.
Vale, una tienda. Ya tengo un dato más.
—Genial. Lo que sea, y más si me va a cambiar la vida.
—Perfecto, mañana te traigo el contrato. Te va a encantar. —Tiene una sonrisilla que no sé cómo identificar. Asiento de todos modos—. Te dejo. Mañana hablamos. Tú confía en mí, cariño. —Me da un apretón en la mejilla y de golpe me mira como si tramara algo.
¿Dónde narices me estoy metiendo?
Se marcha y, cuando cierro la puerta, pienso si he hecho bien en aceptar sin preguntar todos los pormenores antes.
Mira, da igual. Sea lo que sea, lo haré lo mejor que sé, para no defraudar a esta amable mujer.
Por eso, cuando me trae el contrato al día siguiente, firmo sin preguntar nada, salvo el horario.
Trabajo de lunes a viernes, por las mañanas.
El sueldo está genial. No es muy elevado, pero puedo pagar el alquiler y comprar comida; los fines de semana lo mismo me llaman para hacer turnos de camarera en eventos, como me dijo Kelvin.
Me han llamado a primera hora para decirme que me tendrán en cuenta si necesitan gente.
Al fin la vida me sonríe.
O eso pienso, hasta que llego al día siguiente a mi trabajo. Y miro dónde narices me he metido… ¿Cómo que voy a trabajar en un sex shop ? No, esto tiene que ser una broma…
¡Si sigo siendo virgen!