Ponme las pilas Prólogo
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Ponme las pilas

Ponme las pilas

Por Moruena Estringana

© inepub.com

Prólogo

N ova llegó a su casa tras una cita desastrosa con su primer novio.

Estaba a punto de irse a la universidad.

Su novio no iba a estar lejos de ella, podían seguir su historia…

pero no sabía si quería. No, después de esa noche.

Se había sentido más humillada que nunca.

Aunque iba vestida, se sentía desnuda por lo que había pasado.

—¿Y esa cara? —preguntó su hermana mayor.

—Casi me acuesto con Peter.

—Vale… ¿Y esa cara? —Su hermana era mayor que ella y, cuando notó que algo no iba bien, se la llevó a su cuarto, en el hostal de sus padres.

—A ver, técnicamente hemos estado desnudos y su cosita… Horrible, por cierto. ¿De verdad a las mujeres nos gusta esa cosa colgandera? Estaba como blanda… Es que no le veo sentido. En los vídeos porno era… Bueno, no sé… Pero la de Peter… era… como muy flácida… Fea como un demonio.

—No pienso admitir que del hombre lo que menos me gusta es eso, pero tiene su punto, si la sabe usar bien, y si está dura, claro.

—No, pues este no sabía. Ya te lo digo yo. O yo no le gustaba lo suficiente…

—Dime que no has hecho comentarios sobre su cosa. Les ofende bastante, Nova.

—No. Nada de eso. Lo quiero y eso no iba a cambiar nada…

Pero él sí hizo comentarios de mí. —Se sentó en la cama—.

Habló de mis caras raras, de mis sonidos.

Empezó a ridiculizarme… Se rio de mí. Dijo que por mi culpa no estaba saliendo nada bien.

Me sentí de golpe muy desnuda y no solo físicamente.

Solo quería llorar. Y fue cuando me fijé en su cosa…

, porque ya había roto la magia y necesitaba salir corriendo.

—Nova.

—No pasa nada, a ver, solo ha sido una casi primera vez de mierda. No creo que algo así me joda la vida, ¿no?

—Al menos su anaconda no te ha mordido.

Nova intentó reírse, pero no dejaba de ver en su cabeza esas miradas.

Esas risas. Se sintió muy ridícula. Expuesta.

Cogió sus cosas y salió casi corriendo. Necesitaba protección tras sentirse tan humillada.

Era su primera vez y quería que fuera especial; pero había sido al contrario, ahora deseaba no haber vivido nunca una humillación así.

—En unos días lo habrás olvidado.

No fue eso lo que pasó. Más porque su novio contó todo a sus amigos y la imitaban en los pasillos. Rompió con él, pero el daño ya estaba hecho. No podía dejar de pensar en lo ridícula que era ella cuando estaba excitada y sentía angustia a la hora de avanzar con un chico.

Cada vez que llegaba lejos con un tío, estaba más pendiente de sus gemidos, de no hacer ruido o poner caras raras, que de otra cosa. Al final, eso hizo que perdiera el interés por el sexo completamente.

Hasta el punto de no leer ni siquiera los momentos spice de los libros que le entusiasmaban.

Le cogió miedo al sexo porque, si no lo experimentaba nunca más, nunca más se expondría a algo tan humillante para ella.

Nunca había conocido a un hombre por el que perder la cabeza hasta el punto de no pensar en sus gemidos ni en lo que sentía cuando la tocaba.

Sin ella ser consciente del paso del tiempo, tenía veinticinco años y era virgen.

Y lo peor estaba por llegar…

El destino a veces era un poco capullo…

Y más si enviaba por ahí a un hada madrina que en vez de varita llevaba un consolador en las manos… Ya lo entenderéis…