Ponme a prueba Capítulo 45
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Capítulo 45

Reid

Mis compañeros hacen piña conmigo. No me dejan solo y, cuando la prensa me ataca, los miran enfurecidos. Hay mucha gente que lo ve todo bien, pero otros no dudan en sacar su verdadera cara para tratar de hacer daño.

Intento no hacerles caso. Por la noche, en el hotel, hago una videollamada a Kelvin y sale con Nate y Maggi en la cocina.

Están haciendo pizza para cenar. Nate parece más relajado.

Que me tuviera que ir de viaje le agobiaba, y hablé con la trabajadora social sobre la posibilidad de que Kelvin estuviera presente; que Nate lo veía como un referente.

Le gusta estar con Maggi, la adora, pero eso no cambia que nos ve a Kelvin y a mí como un lazo más fuerte.

Al parecer, acerté, porque Nate parece relajado.

—Mira qué pizza he hecho, papá. —Cada vez que me dice papá, me da un saltito el corazón y luego se monta una fiesta.

—Tiene una pinta…

—Horrible —añade Kelvin sincero y Nate lo mira enfadado—. Pero ya lo harás mejor.

—La tuya sí que tiene pinta horrible.

Me gusta cómo se pican el uno al otro. La verdad es que la pizza de Kelvin parece hecha por un niño. Está a la altura de mi tarta en forma de flor, y mira que era fea.

—Sois penosos los dos —añade Maggi y los dos se ríen cómplices, porque comparten el ser malos haciendo pizza.

Me gusta que Nate no tenga miedo de cometer errores. Es un niño, por lo que tiene que entender que hacer cosas mal no hará que lo queramos menos.

Y vaya si lo entiende. Poco a poco, se va dejando llevar, se mete en líos. Discutimos y nos reconciliamos. Ser padre es lo mejor que me ha pasado, pero a veces me lleva al límite. Y, sin embargo, no cambiaría esto por nada.

***

Kelvin se viene a vivir con nosotros de forma definitiva. Y, la primera noche juntos, lo abrazo con fuerza. Me muero por hacer cosas más cochinas, pero ahora mismo solo necesito sentirlo.

—Todo va a estar bien.

—Lo sé —le digo.

Alicia desaparece. Supongo que se ha acojonado de verdad, al fin.

Y, cuando por fin nos dan la adopción de Nate, lo celebramos por todo lo alto.

Una fiesta en el jardín, organizada por Mara y Nova.

Vienen todos los de mi equipo y nuestros amigos y familia.

Nate está feliz. Lleva una camisa azul, como Kelvin.

Le encanta vestirse como él. A él le dice papi y a mí papá.

Los miro a todos desde la puerta trasera, felices, y noto cómo me pican los ojos. Es mi familia. Lo he conseguido.

Kelvin se me acerca y me tiende la mano.

Le cojo la mano y Nate nos abraza a los dos, feliz y tranquilo. Un niño nunca debería pasar por un infierno cuando apenas está empezando a vivir. No falta comida ni fotos. Bailo con Kelvin y con Nate. También con Jon.

Gente que critique siempre habrá en la vida, porque los felices disfrutan mientras los tristes joden.

Es algo que estará siempre ahí.

Hay personas que no saben ser dichosas con la felicidad de otros y piensan que por destrozar su vida dejarán de estar tristes. Spoiler , eso no sucederá nunca.

***

La noche cae y las luces que han puesto se iluminan. Todo está precioso. Busco a Kelvin y lo veo andar hasta llegar a mi altura, con Nate. Es tan guapo que me duele mirarlo. Entonces, un violista se pone a tocar y una mujer a cantar. ¿Qué narices?

Kelvin sonríe y se arrodilla. Nate hace lo mismo.

Proceso lo que pasa, al tiempo que Kelvin saca un anillo precioso, plateado y negro. Me fijo en que Nate lleva uno igual en su manita.

—¿Quieres casarte conmigo?

—Yo ya le he dicho que sí lo aceptamos —añade Nate y eso causa risas en la gente.

—Nunca creí que este sueño pudiera cumplirse —me dice Kelvin—.

¿Quién se enamora de su mejor amigo y no muere en el intento por olvidarlo?

—Más risas—. Nunca te podré olvidar, porque eres el amor de mi vida.

Tú, una vez, me dijiste que te pusiera a prueba.

Ahora te lo digo yo: ponme a prueba y te demostraré que no habrá día de mi vida, hasta que me muera, en el que no te ame.

Que no os ame —añade, mirando al pequeño.

—Iba a decir que sí, nada más te has arrodillado.

Kelvin se levanta y me besa. Nate salta feliz y Nova grita que ella se encarga de organizar la boda. No tengo dudas de que lo hará.

Miro a Kelvin y me pierdo en sus ojos azules.

Hace tiempo que dejé de poner etiquetas porque, al mirarlo, al sentirlo cerca, solo sé una cosa:

Que lo que soy es suyo para siempre.

Y que al fin ese niño que soñaba con una familia la encontró.