Ponme a prueba Epílogo
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Epílogo

Kelvin

Nate tiene quince años y no sé en qué momento se hizo tan mayor. Para mí, estos años han pasado en un suspiro.

—¿Cuándo sale mi hermano? —Miro a Rose.

Es rubia, como yo, con unos ojos preciosos castaños.

No teníamos idea de adoptar a más niños, pero entonces llegó ella.

Lloraba en el jardín y, cuando me vio, me abrazó con fuerza.

Me derretí. Algo se removió dentro de mí, como cuando Reid conoció a Nate.

La habían encontrado sola en una casa abandonada.

Todo apuntaba a que su familia la dejó allí antes de irse.

Ella, por suerte, no recuerda nada de su pasado.

Pasó a ser una de los nuestros. Junto con un par de perros y Maggi, que ahora vive en el sótano con un profesor de universidad, que es un amor de persona. Lo queremos mucho, y los niños también. Sobre todo, cuando les cuenta historias.

—Casi no llegamos. —Nova se sienta con su hija de casi dos años y Kalen a su lado. Ambos llevan ropa deportiva y cara de sueño. Su pequeña Elia duerme fatal por las noches.

Miramos al hielo y vemos a Reid con Nate.

Nate va a jugar hockey juvenil de élite.

Al final, aceptó que quería seguir los pasos de su padre y Reid le enseñó todo lo que sabe.

Es su primer partido en esta categoría y estamos todos para apoyarlo.

Geno con pancartas —no podía ser de otra forma— y Reid está cerca del banquillo para darle indicaciones.

Reid sigue jugando en las grandes ligas. Aún no se quiere jubilar. Yo lo apoyo, pero cada vez que lo acorralan y acaba con un nuevo moratón, me pregunto cuánto más aguantará su cuerpo. Los años al final pesan, y más en un deporte de élite.

Nate se coloca el casco y sale a darlo todo. Se deja la piel. Es muy bueno. Con seguridad, será mejor que su padre. Busco a Reid y mira emocionado su juego. Cuando anota su primer tanto, se lleva cuatro dedos al corazón, siguiendo la tradición. El resto hacemos lo mismo.

Rose grita emocionada y me abraza.

A veces pienso en mis padres cuando vivo cosas bonitas, y me pregunto cómo pueden vivir con la conciencia tranquila tras sus decisiones. Yo nunca podría dar de lado a mis hijos. Con el tiempo, la herida seguirá, pero dolerá menos.

***

Vamos a una hamburguesería a celebrar con el equipo.

Hay varios padres. Muchos son seguidores de Reid.

Están todos nuestros amigos comiendo y disfrutando.

Nate está feliz y Rose lo pica, pero luego le dice que es el mejor.

Cosas de hermanos. Ahora te quiero, ahora te odio, pero sin ti no puedo vivir.

Reid se me acerca cuando voy a la barra y me abraza por detrás.

—¿Eres feliz?

—Sabes que sí.

Nos miramos a los ojos cuando me giro y lo beso ante todos.

Hace tiempo que dejamos de ocultarnos al mundo.

Y sí, perdí seguidores, pero conseguí algo mejor: gente de verdad que no trataba de ver en mí a alguien irreal, a un personaje.

La gente me empezó a seguir por quien soy en realidad.

Sigo haciendo anuncios y ayudo a Nova en los eventos.

Ahora todo lo que hago me llena y me gusta.

—¿Sabes lo que he pensado?

—Miedo me das, Reid. —Se ríe.

De fondo se escuchan las risas de nuestros amigos. Kalen besa a Nova mientras Geno está con su hija. Naira está con su mujer y su hija hablando, emocionada. Con seguridad, de algo de la tienda. No para de inventar cosas para el sex shop .

Maeve encontró un chef que la vuelve loca. Se quieren con locura y, aunque este no ha podido venir, está en una videollamada mientras se ocupa de la cena del hostal de Maeve. Porque ahora ella es la dueña de todo. Sus padres le ayudan, pero ese lugar ha pasado a ser suyo.

Jon está con su mujer, comiéndose la hamburguesa de ella, mientras esta manda un mensaje. Cuando se da cuenta, le da en la mano y este se ríe.

—He pensado que la vida es una prueba constante en la que tenemos que aprender a jugar con nuevas reglas y darlo todo para ganar.

—Y a ti te encanta ganar.

—Sí.

Reid ha ganado dos copas Stanley. En la primera lloré más que él mientras lo veía sujetarla. Nate intentaba que no se le notara, pero, cuando entramos al hielo, lloró abrazado a su padre como el que más.

En la segunda ya estaba Rose, pero ella era pequeña para entenderlo todo.

—¿Seguimos con el juego?

—Contigo siempre. —Me besa y me quedo con él, lejos de todos, un momento, disfrutando del hombre que se coló en cada poro de mi piel para que lo amara con cada fibra de mi ser.