Ponme a prueba Capítulo 44
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Capítulo 44

Reid

Estoy agotado, tras un día largo de entrenamiento. Me quedé un poco más, para hacerme unas pruebas, porque me dolía la espalda y me han dicho que es por el estrés de estos días.

Nada de lo que preocuparse. Entro al vestuario a por mi macuto y entonces lo veo. A Kelvin. Está esperándome junto a mis cosas.

—¿Qué haces aquí? Me da igual. —Lo abrazo con fuerza y me lo devuelve—. Te echaba de menos… Te necesito cerca.

—Queda menos. Y ha sido cosa de Jon. Me ha escrito para colarme, porque dice que estás muy estresado y que necesitabas un abrazo.

Me pierdo en sus ojos azules y lo beso. Lo beso devorando su boca y él la mía. Nos tenemos ganas, tras días de ausencias. De caricias leves. De distancia y abrazos solo por teléfono. Lo llevo hasta una sala de visionado donde no hay nadie. Su espalda golpea la pared mientras nos devoramos la boca.

—Y sabía yo que solo un beso no podrías darme —me dice.

—Ya lo sabes, creaste un monstruo de ti. —Se ríe y nos acariciamos sobre la ropa.

Tiro de su chaqueta y del jersey. Él me quita mi sudadera y de vuelta a besarnos.

Necesito sentir su piel. Sentirlo. Abro sus vaqueros y meto la mano dentro.

Cojo su polla dura mientras con mi otra mano mojo mis dedos con mi boca y los meto dentro de él.

Lo preparo antes de entrar en él. Solo cuando estoy dentro del todo, siento que estoy en casa.

—Hola —le digo con la cabeza apoyada en la curva de su cuello.

—Hola —responde, y nos besamos como podemos, mientras me muevo dentro de él. Quería ir lento, pero se nos va de las manos.

Nos corremos juntos y caemos al suelo agotados.

—Te juro que solo quería darte un beso —le digo y me río—. Nunca veré este lugar igual.

—Así me recuerdas.

—No se recuerda a quien nunca se olvida. Siempre está ahí.

Me besa con dulzura.

—Te amo.

—Y yo a ti.

Nos limpiamos y luego le dejo ropa. No dejo que se vaya. Le enseño este lugar y le cuento cada cosa que he hecho. No quiero irme, porque no sé cuándo podremos estar así: solos y sintiendo que podemos con todo.

—Dentro de poco viviré con vosotros —me promete antes de despedirnos.

—Estoy contando las horas.

—Vamos, has llegado hasta aquí. Pronto estaré en tu cama.

Le doy un nuevo beso y se marcha. No dejo de mirarlo hasta que lo pierdo de vista. Voy hasta mi coche y me quedo un rato ahí. Tomo aire y conduzco hasta mi casa. Al llegar, Maggi me dice que Nate se ha ido con Geno al cine.

—Tú tienes cara de tonto.

—He estado con Kelvin.

—Vale, ahora todo tiene sentido. —Sonríe y nos miramos—. Lo estás haciendo bien. Los dos.

—Eso quiero creer, porque no tengo un referente de buen padre.

—No hace falta tenerlo para saber qué está bien y qué está mal.

En eso tiene razón. La abrazo y me devuelve el abrazo. Cuando Nate llega, me mira y alza las cejas.

—¿Por qué tienes esa cara de tonto? —Geno se pone a reír; aún no se ha ido.

—Seguro que porque ha visto a Kelvin y han estado haciendo cosas de ositos amorosos.

Geno sonríe cómplice, y yo no lo niego. Nate nos mira sin entender nada. Mejor.

Y, por primera vez en muchos días, duele menos respirar. Lo vamos a conseguir. Esta vez lo vamos a conseguir de verdad.