Ponme a prueba Capítulo 42
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Capítulo 42

Reid

—¡Jefe!

Maggi grita desde la cocina. Es tan temprano que no esperaba que estuviera despierta.

—¿Ahora soy jefe?

—Reid, esto es serio. —Maggi viene con el pijama puesto; normalmente, lleva ropa cómoda. No entra aquí en pijama, a menos que yo no esté, porque duerme en el cuarto de al lado de Nate, para que así pueda estar pendiente de él por la noche.

—¿Qué ha pasado? ¿Nate está bien? Lo acabo de ver, y dormía…

—Mira.

Gira su tablet , que lleva en la mano, y veo un vídeo de Alicia. Solo con verla se me congela el pecho. Alicia nunca trae nada bueno.

—Al final mis seguidores me hicieron sospechar y decidí, por vosotros, destripar la verdad.

Por vosotros y por mí. Para saber por qué, durante todos estos años, mi ex, conmigo…

Bueno, no estaba a la altura, y ahora lo sé.

Le gustan los hombres. En especial, su mejor amigo.

Como todos ya sospechábamos. Mirad. —Pone un vídeo en el móvil y lo muestra a la cámara.

En él salimos Kelvin y yo dándonos ese último beso de despedida—.

No hace falta ser muy listo para saber que esas miradas…

Bueno, pues eso, que están juntos. Bombazo, chicos. Mi ex y Kelvin son gais y son pareja.

Miro la tablet sin saber qué decir. Es cruel que una mujer que me ha jodido la vida, con tal de tener un minuto de gloria, juegue de nuevo con nuestras vidas. Las coja y las destroce. Ha tirado por tierra mi vida, la de un modelo de éxito y la de un niño inocente.

—Yo…

—Ve a hablar con Alba. Ella sabrá qué hacer —me dice Maggi—. Yo llamo a Jon para contarle todo.

—Gracias.

Subo para cambiarme y me cuesta pensar con claridad. Ahora mismo tengo miedo. Estoy aterrado. No quiero perder a Kelvin ni a Nate. Miro a Nate, dormido, ajeno a todo. Tras cambiarme, me marcho a hablar con Alba y llamo a Kelvin de camino.

—Lo sé todo —me dice.

—Lo siento, Kelvin… Ese último beso…

—Para, esto no es tu culpa. Es de ella. Ella es la mala de la historia, no tú.

—¿Y tu carrera?

—Pensaba dejar a mi agente. Me ha llamado enfadado y le he dicho que hasta aquí hemos llegado. Ahora pensaré qué hacer. No pienso ocultarme, Reid. Habla con Alba. Solo me preocupa que esto no fastidie al niño.

—Estoy llegando a su despacho. Te cuento.

—No pasa nada, lo resolveremos.

—¿Y si lo hemos estropeado todo por mi impaciencia?

—Reid, tienes la casa llena de fotos nuestras.

Tu casa habla de nuestra historia. Los de asuntos sociales no son tontos.

Todos han visto nuestra historia. Solo les faltaba que lo confirmáramos.

Hasta Nate lo sabía. No quisimos dar el paso por miedo, cuando en verdad, sin querer, contamos cada capítulo de nuestro amor a gritos.

—Puede ser. Te llamo luego.

—Respira, eres un padre increíble. Saldremos de esta. Ella no va a joderte más. Te lo juro.

Tenerlo a él como apoyo me hace sentir más fuerte que todos estos años luchando solo contra una mujer que, por no ser feliz, decidió joder la vida de todos los que podían serlo. Se acabó.

Salgo del coche y voy al despacho de Alba. Me esperaba. Y sí, ya se lo olía. Y los de trabajo social también. Sobre todo, por Nate, que no para de hablarles de Kelvin.

—Hubiera sido mejor esperar, pero que es tu pareja… Bueno, ya lo sabíamos, Reid. Pero nadie debería forzar a otro a contarlo.

—No, no debería.

—Ya nos habías puesto al tanto de todo lo de tu ex. ¿Qué vas a hacer ahora?

—¿Debería denunciarla como le prometí?

—¿Te sentirías así mejor?

—Solo quiero que esto acabe. Que me deje de buscar.

—Esto no acabará si no tomas medidas, Reid.

Mis medidas son llamar a mi abogado. Me aconseja no denunciar, pero han hablado con los padres de mi ex y va a firmar una carta aceptando su culpa.

Esto que ha hecho ha provocado que pierda la casa que le compré y tendrá que devolver todo el dinero que ganó por el divorcio.

Y si me vuelve a joder la vida en redes, como ha hecho, la puedo denunciar con su confesión firmada.

No sé si esto servirá, pero es mejor que nada.

Sus padres han pedido que les dé una oportunidad, que tomarán medidas para que, aunque haya perdido todo el dinero, la cosa no vaya a más, judicialmente.

Un juicio solo podría empeorarlo todo y ellos son ricos; tampoco quieren que el nombre de su familia se vea arrastrado en un escándalo en el que saben que acabarían perdiendo tarde o temprano.

Llego a mi casa, cansado, y más porque la prensa no deja de acosarme. Entro y está lleno de gente. Geno sirve té a todos. Mis compañeros están aquí y también la trabajadora social asignada al caso. Nate ya está en el colegio.

—Hemos venido por si podíamos ayudar. —Jon me abraza.

—Yo también —añade Geno—. Sabíamos que esta mujer iba a venir y les hemos contado lo feliz que es Nate aquí, con los dos.

—Ya sabíamos de esta historia. No has disimulado nada, Reid. —Mira las fotos.

—Ya, bueno, no tengo que sentirme mal por amar. Otros no lo hacen por joder la vida al resto —digo pensando en Alicia.

Llega más gente. Nova con Kalen y sus padres. La trabajadora social espera a que Nate regrese del cole. Este entra asustado y me abraza.

—¿Qué pasa, cariño?

—Me han hecho fotos.

—Joder. —Miro a todos, agobiado—. ¿Acaso nadie respeta a los menores?

—Le ponen la cara distorsionada y con eso se quedan tan panchos —añade Jon, acariciando el pelo de Nate.

—No quiero que me alejen de ti. Lo siento, lo siento de verdad, por todas las veces que dije que no quería estar contigo.

En el cole dicen cosas feas de que tenga dos papás, pero yo tengo suerte.

Tengo mucha suerte. Ellos no lo entienden —Nate habla desesperado—.

No entienden que somos una familia. No dejes que me lleven de tu lado.

Me portaré bien. —Se rompe a llorar. No puedo hablar, estoy emocionado—.

Papá, diles que no me lleven, por favor.

Esa chica del micro dijo que lo mismo perdías mi custodia… por ser gay.

Miro la puerta y odio a los adultos, por joder la vida de los niños, por un minuto de gloria.

—No vas a perderme, cueste lo que cueste. Te lo juro. —Miro a la trabajadora social.

Nate no me suelta. El resto se van yendo. Al final, Nate se duerme tras comer algo en el sofá.

—Iremos hablando —me dice la trabajadora social y se marcha.

De momento, Nate sigue aquí.

—¿Sabes algo de Kelvin? —pregunto a Maggi.

—En redes ha perdido muchos seguidores. Las mujeres dicen que se sienten estafadas por él. Y mil tonterías más. Su agente ha puesto un comunicado de que ya no trabajan juntos.

—Qué asco de sociedad. No hemos hecho nada malo, pero mi ex sí, y tengo que ir con cuidado por miedo.

—Lo siento, cariño. Pero lo vuestro era un secreto a voces. Y aquí está Nate.

—Sí, eso quiero pensar.

Miro hacia fuera y veo la prensa. Llamo a la policía y, al poco, vienen para evitar este circo. Se lo mando todo a mi exsuegro y le digo que Alicia merece pagar. Me pide que, por favor, no haga nada y decido darle una última oportunidad, como me informó mi abogado.

Reid: No quiero volver a saber nada de vosotros. Si vuelve a decir lo que sea de mí, juro que usaré cada céntimo de mi cuenta para destrozarle la vida, como ella me la ha destrozado a mí.

Exsuegro: Lo entiendo, Reid. Sed felices. Nunca te deseé todo esto. Y, como ya te han informado mis abogados, yo tampoco quiero un escándalo. De mi hija me encargo yo, cosa que tal vez debí hacer desde hace tiempo: no consentirla en todo como padre.

Y aquí acabo mi capítulo. Alicia ha borrado todo donde habla de mí de las redes. Más le vale. Llamo a Kelvin, su móvil está apagado, pero, cuando está operativo, me dice que está bien y me pregunta si Nate lo está. Le digo que sí y no hablamos más. Me duele haberle jodido la vida.