Ponme a prueba Capítulo 36
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Capítulo 36

Kelvin

Miro el partido de Reid desde el móvil. No está jugando bien.

La gente comenta que ha perdido su toque.

Yo creo que todo lo vivido le está pasando factura.

Nate sigue diciendo que no quiere irse con él y, cuando le han informado de salir a dar un paseo, se ha negado.

Reid no se va a rendir, pero cada vez que Nate lo rechaza, lo destroza.

Yo ahora estoy en un evento y se me acerca la modelo con la que tengo que fingir tener algo, porque en redes se rumorea que ya no voy a ver a Reid y si lo nuestro era un amor encubierto.

Y ahora juega tan mal Reid por la ruptura.

Alicia ha dejado caer que tal vez por eso en la cama con ella no funcionaba, echando fuego a la hoguera.

Por eso, mi agente está nervioso y quiere que finja que no solo quedo con mujeres, sino que tengo una pareja.

La elegida es una rubia preciosa. No tengo nada en común con ella y, aunque intenta ser simpática, llevo un rato fingiendo que me interesa todo lo que dice en este evento, donde hemos venido juntos, pero con disimulo miro el móvil.

Lo estoy mirando cuando veo cómo Reid es atrapado contra el cristal y la caída lo deja en el suelo unos segundos.

Se detiene mi mundo. Odio cuando esto pasa.

Se levanta y dice que está bien, pero pide el cambio. Nunca pide el cambio.

No queda mucho para que acabe el partido.

—Tengo que irme. —No espero a que me responda. A mi agente no le va a gustar esto. Me da igual. Tengo que ver que Reid está bien.

El resto del mundo puede irse a la mierda.

***

Espero a Reid cerca de su casa. Últimamente, no se va a celebrar nada, aunque Jon insiste.

Lo veo acercarse con un abrigo negro. Lleva el traje debajo, que les hacen ponerse.

Ando hasta él con el corazón encogido. No sé cómo mirarlo.

Cómo mantener las distancias cuando, hasta que no lo he visto andar hacia su casa, no he podido respirar con normalidad.

Tal vez debería irme…

Entonces alza la cabeza y me ve entre las sombras.

—Kelvin. —Mi nombre en sus labios está lleno de anhelo. De días ansiando verme.

—Hola… Te he visto en el partido.

—¿Y tu cita?

—Un aburrimiento. Mi agente no estará muy contento al saber que me fui.

—Ya veo.

—¿Cómo estás?

—Destrozado. No sé cómo disfrutar del hielo y se nota en mi juego.

—Lo de Nate te tiene inquieto.

—Sí, no sé cómo llegar a él. No sé cómo demostrarle que no me voy a ir. Tengo miedo de no ser lo mejor para ese niño. Tal vez él quería una madre y un padre, y no a alguien soltero… Tal vez le estoy privando de tener una vida mejor.

—Deja de decir tonterías, Reid. Lo adoras. Lo quieres y le vas a dar todo. ¿Acaso tú no quieres eso? ¿No quieres una familia?

—Sabes que sí.

—Pues deja de dudar de ti. Elegir luchar no es un camino de rosas.

Es una puñetera cuesta que te cansa, te agota y te hace dudar de todo, pero si miras atrás, verás que, aunque no lo creas, has avanzado, y cada vez estás más cerca de la meta.

No al revés. Si te rindes, nunca podrás saborear el instante del triunfo.

—Lo sé. No voy a rendirme con él.

—Y por esa razón, él no estaría mejor con nadie más.

—Eso quiero creer.

Nos miramos sin decir nada. Hace frío, pero a su lado solo siento el calor de mi pecho latir con fuerza.

—Te he echado de menos —admite. Me rompo en cientos de pedazos y meto las manos dentro del abrigo, por miedo a dar un paso para el que no estamos preparados.

—Yo también. Tal vez pueda pasarme mañana para cenar. Y conocer la comida de Maggi.

—Sí, sería genial.

—A ver si así dejas de jugar de pena. —Sonríe, y cuesta no mirarlo embobado.

—Te dejo descansar. Nos vemos mañana.

—Genial.

Ando hasta mi coche, por miedo a rogarle que me deje entrar en su cama. Tengo que ser fuerte por los dos. Porque a mí también me falta, y esta vez no quiero fallarle como amigo.