Capítulo 34
Reid
Me hacen varias entrevistas para ver si soy apto para cuidar a un niño.
Me gusta que tengan tantas cosas en cuenta.
Al final, no celebré la Navidad con todos porque teníamos partido fuera el veintitrés y me quedé un poco más en esa ciudad, para ir a ver una tienda de muebles de niños.
Fue una excusa, porque no estaba listo para ver a Kelvin y fingir ser solo amigos tan pronto.
Regresé y el veintisiete ya teníamos partido. Kelvin tenía un evento y no pudo venir. El resto estaban ahí y vinieron luego a celebrar la victoria, al bar de siempre. Geno me echó la bronca por pasar las Navidades solo.
Aun así, sé que lo entiende. Echo mucho de menos a Kelvin y cuesta empezar de cero con este vacío en el pecho.
No sé cómo ser de nuevo solo su mejor amigo.
A pesar de eso, no dejamos de escribirnos. Cada noche le escribo para ver qué tal su día y es el mejor momento del día.
Llego a casa. Maggi, mi nueva ama de llaves —aunque eso queda raro—, se va a ocupar de la casa y luego también del niño.
He acomodado una zona del sótano para ella.
Yo tengo una zona separada de la suya, para guardar mis cosas del equipo y el coche; y ella tiene su apartamento con entrada y salida a la calle.
Si quiere entrar a mi casa, abre la puerta que da al sótano y sube por las escaleras hasta la cocina.
Ahora está en la cocina haciendo la cena.
Es morena, como yo, y sus ojos son oscuros. En cuanto me ve, me sonríe. No sé si saldrán las cosas bien con Nate, pero ella se queda. Necesito a alguien para la casa y para que no coma siempre lo mismo. Ojalá Nate un día sea parte de esto.
—¿Qué tal han ido las entrevistas?
—Cansadas, pero me gusta que tengan tantas cosas en cuenta antes de dejarme adoptar.
—Ya queda menos.
—Eso espero. No he visto a Nate desde que empecé el proceso. Me han recomendado que así sea hasta que empecemos con las entrevistas. Si soy apto para él, y eso.
—Lo serás. Y ahora cambia esa cara y cámbiate de ropa para cenar.
—Vale.
—Te dejo la cena lista y me bajo a ver mi serie favorita. Si necesitas algo, ya sabes dónde encontrarme.
—Lo haré.
Me gustaría pedirle que cene conmigo. No lo hago porque no quiero que ella trabaje más, por culpa de mi odio a la soledad. Tras cambiarme de ropa, bajo a cenar y escribo a Kelvin.
Reid: ¿Qué tal tu día? ¿Ya en casa?
Me manda una foto. Y está en un evento. Va con una camisa azul que resalta sus ojos.
Lo miro más de lo que se debería observar a un amigo.
Lo echo de menos. Tanto, que me duele respirar sin él.
Quiero abrazarlo. Coger su mano y esperarlo al final del día.
No sé cómo gestionar lo que siento por él.
Y estoy aterrado; aterrado de confundir lo que siento y entonces joder todo lo que tengo con él y con Nate.
Porque, ¿qué sé yo de amor si nunca nadie me ha querido?
Salvo Kelvin, y tengo miedo de que lo que siento sea eso.
Que me aferro a él porque nadie me querrá como él.
Tengo miedo de hacer lo mismo que hice con Alicia.
Por mi sueño de una familia. Y ahora con Nate en juego, no hay tiempo para pruebas o dudas.
Reid: Estás muy guapo. Yo cenando solo. La comida está deliciosa. Maggi cocina muy bien.
Kelvin: Tendré que pasarme un día a probarlo.
Me encantaría.
Hablamos de otras cosas hasta que se marcha a casa y nos deseamos las buenas noches. Ya en mi cama, doy vueltas y vueltas porque lo busco a él.
Kelvin
Me gustaba mucho mi casa, hasta que cada parte de ella me recuerda a Reid y su recuerdo me destroza por tenerlo tan lejos. Doy vueltas en la cama y sé que lo busco. Que me gusta escucharlo dormir y sentir que está todo bien. Porque él está cerca.
Lo amo como nunca he amado a nadie. Nunca lo he olvidado y, con seguridad, ahora menos.
Me gustaría decirle lo que siento, arriesgarlo todo por él. No lo hago porque tengo miedo de que no sienta lo mismo o que solo esté confundiendo lo que siente por mí, por su deseo de tener una familia.
Si me arriesgo y todo sale mal, sufriremos todos. Y si adopta a Nate, el niño será el que más. Cuando has vivido en un hogar complicado, sabes que cada error de los adultos deja huella en ti.
Solo puedo ser su amigo…
Por eso no he vuelto a verlo. No sé cómo no mirarlo con anhelo.
Y no rogarle un beso más para no sentir que me muero sin él.