Capítulo 32
Kelvin
Hoy tenemos una gala para los niños del orfanato. No he visto a Reid en todo el día. Tenía entrenamiento y nos íbamos a ver directamente aquí. Yo tenía una comida con mi agente. Hoy ha venido junto con otros compañeros del gremio para darle más publicidad al acto.
El lugar está precioso. Decorado con colores cálidos y han colgado fotos de los niños. Nova va de un lado a otro controlando que no falte nada, con un precioso vestido verde. Kalen la mira divertido y enamorado.
Busco a Reid y lo veo cerca de unas fotos.
Se va a ir…
Me va a dejar…
O no, porque nunca fuimos nada. Solo amigos que follaban porque el sexo se puede acabar, pero el amor dura para siempre. Al menos en mi caso.
Vaya mierda.
Llego a su lado, sin querer mirarlo mucho, para que nadie note cómo me derrito por él. Va con un traje de chaqueta en tonos azules. Con una pajarita en plata, acorde con sus ojos. Lleva otra en la mano. Una pequeña. Sé que es para Nate.
—No la ha querido. —Miro la foto. No hace falta que me diga cuál de todos los niños es.
Es como si viera a Reid de niño.
Siento que algo me oprime el pecho. Ese niño merece todo. Todo lo que Reid no pudo tener a su edad.
—Es muy guapo.
—Me odia, pero eso no va a hacer que me rinda. Lo tengo claro. He firmado por la casa.
—Lo imaginaba.
Mi agente se nos acerca. Reid lo ve y se aleja.
—Disimula, Kelvin.
—No he hecho nada. Y estoy harto.
—Pues haber elegido a otro agente. Te recuerdo que, gracias a mí, eres quien eres. Porque, como tú, hay cientos de hombres guapos, pero no todos brillan. No lo olvides.
—No dejas que lo olvide.
Geno se acerca y me dice que tiene algo que contarme. Por su cara, es mentira, pero no quería que dijera algo de lo que me pudiera arrepentir.
—Un día deberás asumir el precio de mandarlo a la mierda.
—Lo haría, si no fuera el mejor.
—No puede ser el mejor, si no eres feliz a su lado —añade y tiene razón.
El problema es que ahora que siento que pierdo a Reid, perder mi profesión es un riesgo que no puedo asumir. Me gusta lo que hago y, cuando Reid se vaya de mi casa, será lo único que me hará feliz.
La gala va muy bien, la gente puja por los artículos. Yo compro algo de Reid y de Jon. Este último me abraza cuando ve que he comprado sus calcetines de la suerte. Se los pienso devolver. Sé que son muy maniáticos con sus supersticiones, y eso hago cuando me los dan. Me gano otro abrazo de oso.
Tras la subasta, hay un baile. Reid baila con Geno y yo también. También con Nova y Mara. Luego con la madre de Nova y su hermana, y, cuando creía que ya estaba, el padre de Nova, que va algo contento, me coge para bailar y me dice lo mucho que me quiere.
Mientras baila, busco a Reid con la mirada y lo pillo observándome con anhelo en los ojos. Si no me jugara tanto, bailaría con él.
Me marcho de los primeros con Geno. Estoy cansado y quiero estar solo para pensar en todo.
—¿No merece la pena arriesgarlo todo por él?
—Si Reid sintiera algo por mí, ya hubiera dicho algo. Cuando se enamoró de Alicia, se tiró de cabeza con ella…
—Porque por ella no sentía una mierda. Solo creía sentirlo, y seguro que ella le dijo que a su lado tendría una familia. Reid se enamoró de esa posibilidad.
—No quiero arriesgarme.
—Porque él no es el único que creció sin el apoyo de una familia.
—No es lo mismo. Mis padres, a pesar de todo, estaban ahí.
—Los dos sabemos que no. Un padre que ama siempre está ahí, cariño, y los tuyos, cuando se sepa públicamente que eres gay, te darán la espalda. A lo mejor, por eso, tampoco lo cuentas.
No lo niego, porque tal vez una de las razones para callar también sea esa.
Llegamos al garaje y se calla. Estoy nervioso. Este tema me inquieta. Arriesgarlo todo con Reid, decirle lo que siento, puede hacer que se aleje de nuevo, porque no sienta lo mismo. Y seguir con él es dejar mi trabajo, porque, si quiere una familia, yo tendría que ser parte de la vida de ese niño.
Es todo o nada.
Por eso, lo dejo estar.
Soy un cobarde, o tal vez acepté que mi familia ideal no existe para mí.
Reid
Llego a casa de Kelvin y voy a mi cuarto para cambiarme. Una vez llevo el pijama, voy a buscarlo a su cama. Entro y me abraza medio dormido. No quiero irme. No quiero alejarme de esta casa. No sé cómo será estar solo.
—No me vas a perder.
Lo abrazo más fuerte y él a mí. Al amanecer, hacemos el amor, sabiendo que pronto esto será solo un recuerdo. No sé cómo hacerlo para tenerlo todo o si merezco tenerlo.
Por eso, solo me conformo con la nueva realidad, una donde Kelvin y yo solo seamos amigos.