Capítulo 31
Reid
Entro al orfanato. Alba me dice, cuando me ve, que ahora me busca en el patio porque sabe que iré a ver a los niños, y en especial a Nate.
Como siempre, está jugando solo, y eso que a veces he hecho por jugar con otros niños, cerca de él, para integrarlo.
No quiere. Está cerrado en banda. Casi no habla ni come.
Por lo que me contó Alba, vivía con una tía drogadicta, porque su madre lo abandonó. No saben ni si era su tía o no. Pero esta murió de sobredosis y la policía pilló al niño solo. No ha debido ser fácil para él esa vida y no sé cómo ayudarlo.
—Hola, pequeño. —Le acaricio el pelo y se aparta.
—Vete.
—He venido a jugar.
—¡No quiero jugar contigo! ¡No quiero verte más!
Sus palabras me duelen, se me clavan como dagas. No me marcho. Me quedo solo, haciendo pases, hasta que entra en el edificio. Voy al despacho de Alba, agitado. La fiesta será este fin de semana.
Era cuando podíamos conseguir más jugadores para el evento que han organizado Nova y Mara. Hemos donado cosas del equipo, para que los invitados pujen por ello.
La fiesta será en uno de los salones y de los niños solo se verán fotos y un vídeo del centro. Los pequeños ya están dormidos a esa hora.
—¿Qué le pasa a Nate?
—Una familia se interesó por él. Han tenido varios encuentros, pero al final han preferido no seguir adelante. Ya sabes qué es eso para un niño.
Me cuesta respirar; odio que eso le haya pasado a Nate. Y sé qué siente: que no es suficiente, que no es bueno para ser elegido.
—Entiendo.
—Estaba muy emocionado. Ha sido un palo.
—Quiero adoptarlo.
En cuanto lo digo, sé que es lo correcto, lo que en el fondo ansiaba desde que lo vi.
—Reid, no puedes decir algo tan serio porque ese niño esté sufriendo.
—No, joder. O sea… Joder… —Me paso la mano por el pelo, agobiado—.
Quiero a ese niño. Y te parecerá una locura, pero, cuando lo vi, sentí que algo nos unía.
Busqué información, pero luego pensé sobre qué podía ofrecerle a un niño.
Tal vez no sepa ser el mejor padre del mundo, pero sí sé que lo querría con todo mi ser y eso es lo que yo quería a su edad. Y yo eso sí puedo dárselo.
Alba me mira y asiente.
—Sabía que este momento llegaría cuando te vi con él, pero te tocaba a ti dar el paso.
—Saca una carpeta—. Aquí te tenía preparado todo para que lo estudies.
Debes cambiar de casa. Una casa más familiar, y contemplar la idea de tener un espacio para una niñera interna.
Pero eres tú quien asume toda la responsabilidad ante el sistema.
—Vale, voy a estudiarlo todo y a buscar casa. Bueno…, gracias.
La abrazo tras rodear la mesa.
—Serás un gran padre, Reid. Espero que todo salga como esperas.
—¿Y si Nate no me quiere como padre?
—Se dará cuenta con el tiempo de que no podría tener un padre mejor. Si todo sale bien, hay un camino por recorrer. Pies en el suelo, Reid.
—Gracias, Alba. —La beso en la frente y se sonroja.
—Yo voy a poner todo de mi parte. Os he visto juntos y sé que sois buenos el uno para el otro.
Salgo y llamo a Petra para contarle que busco una vivienda familiar por la zona que me mostró, hace ya más de tres meses. No era consciente de que había pasado tanto tiempo. Pero sí, estamos cerca de Navidad. Hace un frío del copón y cada vez se hace antes de noche.
Petra me dice que tiene una perfecta, con un sótano con puerta privada, que está unida al resto también. Todo amueblado para entrar a vivir. Quedo con ella para verla mañana.
Llego a casa y Kelvin está hablando por teléfono en el salón.
Lleva una sudadera y vaqueros. Está para comérselo.
Desde que dormimos juntos esa noche, no hemos dejado de hacerlo, aunque a veces me toca insistir un poco.
Por suerte, se recuperó bien de la gripe y a mí no me la pegó.
Me encanta dormir a su lado. Despertarme y verlo en mi cama o en la suya.
Sigo sin saber qué nombre darle a esto. Y lo peor es que ahora no sé qué camino nos espera si me marcho de su casa.
Noto el miedo oprimirme el pecho, pero pienso en Nate, en su dolor, y sé que debo luchar por él. Tomé la decisión nada más conocerlo, pero me ha costado aceptarlo.
Porque no me creía capaz de ser un buen padre.
—Entiendo… No, solo paseamos… No, joder. No soy tonto para besarlo fuera de mi casa… —Lo miro sabiendo que habla de mí—. Solo es sexo… No soy tan idiota como para jugarme mi carrera.
Kelvin se pasa la mano por el pelo, cansado.
—Vale… Sí, tendremos más cuidado de no ser amigos que se abrazan por si alguien piensa que nos la metemos también.
Cuelga y tira el móvil al sofá. Noto una opresión en el pecho.
Era su agente, seguro. Nos ha debido de ver por la calle abrazados.
O por el vídeo que subieron el otro día, cuando le cogí la mano.
Solo fue un segundo, pero nos pillaron y la gente ha dicho que somos muy buenos amigos.
Algunos han comentado que de más, y han subido fotos de nuestra cena y de otros momentos juntos.
Otros comentan que los hombres tienen derecho a cogerse de la mano o a ser cariñosos sin ser nada más.
No le dimos importancia, porque no comentó mucha gente, pero, al parecer, el agente de Kelvin sí se la ha terminado dando.
—Te ha recordado que no puedes ser gay, ¿no?
—Sí, claro, como siempre. Dice que, si descubren que vivimos juntos, pues eso no ayudará a todo esto.
—Bueno…, voy a irme pronto.
Kelvin me mira y veo dolor en sus ojos.
—Vale, era algo que esperaba. —Anda hasta la cocina, como si necesitara estar ocupado.
—Quiero adoptar a Nate. —Se gira y clava sus ojos azules en mí—. Quiero que sea mi hijo. Y, para eso, necesito una casa más familiar. Estoy aterrado, Kelvin… No sé si seré alguien que merece esto. —Coge mi cara entre sus manos.
—Lo vas a hacer genial, Reid. No dudes de ti. Ese niño tiene suerte de tenerte. Yo ya sabía que esto pasaría. —No me sorprende que lo notara antes que yo.
—Eso quiero decirme, pero no quiero irme de aquí. Tener que elegir.
—A mí no me vas a perder, seguiré en tu vida. Sin vivir juntos.
Noto cómo me duele el pecho. No quiero esa vida sola. Entonces, ¿qué somos? No lo sé. No sé qué quiero y no quiero joderle la carrera por proponerle algo a lo que no sé ponerle nombre. Al agente de Kelvin le daría algo si le dice que tiene pareja, y más si adoptan un niño.
Estoy desvariando.
Siempre supimos que esto era solo sexo con fecha de caducidad.
—Lo sé. Siempre juntos. —Hago el gesto que realizo con cada tanto y él lo imita—. Estoy cansado, voy a mi cuarto.
—Vale.
No estoy cansado. Estoy roto por dentro porque elegir a Nate me hace tener que poner distancia con Kelvin, para que este pueda seguir con su carrera sin un idiota que no es capaz de aceptar lo que siente por él.
Por miedo…