Ponme a prueba Capítulo 28
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Capítulo 28

Kelvin

Entro en el pabellón para un nuevo partido de Reid. Hoy solo podía venir Nova. Geno tenía un viaje con el resto de la familia, para ver si encuentran un cocinero a la altura. Nova me espera donde tenemos nuestros asientos y se levanta para darme un abrazo.—¿Nervioso por ver a tu chico?

—Sabes que solo es mi amigo.

—Ya, eso dices, pero vive contigo y lleváis más de un mes follando como conejos.

Y que lo diga. Reid no ha hecho amago de buscar otra cosa.

Mi casa parece ya más de los dos. Sus cosas están por el salón y la cocina.

Ha comprado hasta cuadros para una pared blanca del salón.

Nuevos cojines para el sofá y, para nuestro rincón del té, dos reposapiés y una mesa más alta.

Me encanta cuando llega con cosas nuevas para mi casa.

El problema es que me hace sentir que lo que tenemos es algo que no es.

Sobre todo, cuando nada más verme, tras un largo viaje, coge mi cara entre sus manos y me besa como si me necesitara para vivir. Sus besos son intensos, desesperados y cargados de un erotismo que siempre acaba con un fuerte orgasmo.

Su cuerpo ya no tiene secretos para mí. Ni el mío para él.

No he vuelto a dormir en su cama, y no por falta de ganas. Pero cruzar esa línea me da miedo. Mientras solo sea sexo, evito engañarme anhelando algo más.

Porque yo lo amo con tanta fuerza que temo que, en cada una de mis miradas, lo vea.

—Ya, pero es lo que hay. Mejor no pensar en nada más serio.

—Kelvin, deberías decirle lo que sientes y que elija.

—No quiero que elija distanciarse.

—No lo hará. Yo creo que él está cómodo contigo y que, entre los dos, hay algo.

—Hay un divorciado que ha descubierto que puede tener sexo como un loco. Solo es eso, Nova.

—No lo creo.

No digo nada y, por suerte, me deja en paz. El partido empieza y no puedo dejar de seguir a Reid con la mirada. Se ha pasado a saludar y, como siempre que lo hace, me he derretido.

El primer tiempo está muy reñido y el adversario no juega de forma limpia. El árbitro ha sancionado a varios y no se han peleado de milagro; casi todos van a por Reid, porque destaca cada vez más.

En el segundo tiempo, veo cómo Reid no se cae de milagro, ante las fuertes entradas. Pero en una de ellas no tiene tanta suerte.

Reid recibe el puck cerca de la banda. Avanza hasta la zona ofensiva.

Veo cómo lo persigue el rival, sintiendo que esto no va a salir bien.

Reid gira para proteger el puck y evitar que se lo quite.

El rival no se detiene; lleva demasiada fuerza y lo derriba por detrás.

Reid no puede mantenerse en pie, sale despedido contra las tablas y cae al hielo.

Se queda un momento quieto y esos segundos los siento como si alguien me quitara la vida.

Odio cuando esto pasa. Este deporte es arriesgado y su cuerpo da buena cuenta de ello.

Jon va hacia él y Reid alza el pulgar para decir que está bien mientras el árbitro se le acerca. Han detenido el juego y sancionan al rival con dos minutos, por lo que se va al penalty box . Así, el Boston entra en power play y juega con superioridad numérica durante dos minutos.

Reid se ha levantado y patina como si nada. Hace un gesto al entrenador para decirle que sigue. Lo da todo en el hielo y acaba anotando. Hace el gesto de siempre, al igual que yo. Esta vez me enfocan y salgo en la pantalla. Vale, va a tocar explicar algunas cosas.

Escribo a mi community manager para que suba una foto, que hicimos Reid y yo, por si esto pasaba. Es una foto donde yo salgo con su camiseta y él mirando a la cámara feliz. Yo estoy de espaldas, para que se vea bien su camiseta, y lo miro de reojo, como un amigo.

El partido acaba y el Boston ha ganado. Kalen nos pregunta a Nova y a mí dónde vamos a ir, para acercarse. Hoy tenía una cena de empresa. Reid me ha escrito para decirme que nos vemos donde siempre.

Andamos hasta el lugar y algunas personas me paran para pedirme fotos. Nos cuesta llegar al bar, donde se suele reunir parte del equipo. Voy a por algo de beber a la mesa que solemos ocupar siempre.

Miro el móvil y la foto ya ha sido subida.

—La verdad es que mucho ha tardado la gente en darse cuenta de que erais amigos.

—Bueno, estábamos preparados.

Hay dos fotos: una de ahora y otra de hace años.

La misma postura. Yo, con la camiseta del equipo de Reid en la universidad.

Hemos imitado la foto de hace años, donde, orgulloso, posaba con el número de mi mejor amigo.

En la publicación se cuenta que Reid y yo somos amigos desde hace años.

Nos prometimos hace tiempo que este sueño lo viviríamos juntos.

Por eso el gesto de los dedos. Para Reid yo soy su familia y él la mía.

La gente sabe la vida que ha llevado Reid y nadie se extrañará de esto. No pensarán nada porque, a ojos de todos, solo somos dos heteros siendo los mejores amigos. Y, como ya imaginábamos, los comentarios son de apoyo y de que la amistad es muy bonita cuando perdura en el tiempo.

Poco a poco llegan los compañeros de Reid y Jon se me acerca para decirme que Reid se ha quedado para que lo examinen, pero que no hay nada de gravedad.

Solo es por prevención. Jon sabe que somos amigos desde hace tiempo; de hecho, ha venido a mi casa a cenar varias veces.

Y sé que se huele que el hombre con el que se acuesta Reid soy yo, pero, por respeto a mi silencio, no pregunta ni dice nada.

Confío en él. Aunque no le he confirmado nada.

—Me ha encantado la foto —me dice y se sienta al lado de Nova, hasta que llega Kalen y le cede el puesto.

Se pone a mi lado y nos hace una foto juntos para redes. Me etiqueta. Luego compartiré o lo hará mi community .

Miro hacia la puerta, inquieto, hasta que veo aparecer a Reid con uno de los fisios del equipo, que se ha venido con él para celebrar con el equipo.

Reid me ve y su mirada cambia. Se hace más brillante.

Lo miro, seguramente igual. Solo espero que no le hable de amor, sino solo de una atracción que nos consume.

Llega a mi lado y se deja caer en el banco, agotado. Por debajo de la mesa, busco su mano y la aprieto. Entrelaza sus dedos con los míos.

—Estoy bien. Solo un poco dolorido —le dice a Nova, cuando esta le pregunta.

—Yo no podría con vuestra profesión —añade Kalen.

—Yo sin el hielo no sabría vivir —responde Jon.

—Me pasa igual. Es parte de mí. Mi hogar más seguro.

Oír decir eso a Reid me duele un poco, pero tiene razón; cuando yo no estuve ahí para él, el hielo lo fue todo en sus momentos más duros. Aprieta mi mano con fuerza, como si notara que sus palabras me han dolido.

—Han subido vuestras fotos —añade Nova—. Lo estaba mirando y los comentarios son muy bonitos. Las fotos me encantan, por cierto.

—Mucho ha tardado la gente en atar cabos —apunta Jon—. Estos dos siempre están juntos en los eventos del uno y del otro.

—Pero en los eventos de Kelvin nadie me hace caso —añade Reid.

—Ahora seguro que sí. Mañana tienes desfile, ¿no? —Le digo que sí a Jon—. Iremos a verte, y algunos compañeros también. Nos ha invitado Nova.

—Por insistencia tuya. Eres un pesado cuando te lo propones. —Jon se ríe y Kalen los mira divertido.

Hablamos del partido hasta que se hace tarde y decidimos irnos. Reid ha venido en su coche. Lo veo alejarse mientras voy al mío. Nova me da un abrazo antes de separarnos, al igual que Kalen.

—Habla con él de lo que sientes.

—No, déjalo estar.

Nova gruñe y Kalen le dice que me deje seguir mis tiempos.

—Sus tiempos me aburren; yo quiero más acción.

—Sabes que es mejor para todos esto —añado—. No quiero una relación secreta.

—Alguna vez deberías decir basta, Kelvin. Si la gente no te sigue por quien amas, es que no merece la pena. Eres mucho más que tus preferencias.

—Ya veremos.

Nova me da otro abrazo antes de irse. Ando hasta mi coche y, de camino a casa, no dejo de pensar en sus palabras, pero sé que es mejor dejar todo como está.

Tal vez, porque no quiero soñar con un futuro con Reid que no se dará.

Si él fuera a sentir algo por mí, ya hace tiempo que hubiera entendido que lo nuestro era algo más.

No quiero decirle lo que siento y ver cómo se aleja de mí.

No quiero perderlo tan pronto.

Reid

Llego a casa y busco a Kelvin. Estoy hecho un asco, me duele todo, pero lo necesito más que respirar.

Lo encuentro en la cocina preparando dos tazas de té, pero el té debe esperar ahora porque solo quiero sentirlo piel con piel.

Abrazo su cuerpo por detrás y beso su cuello. Toco su cuerpo sobre la camiseta de algodón, meto la mano en su pijama, sujetando su polla. No lleva ropa interior; casi nunca lleva para dormir y eso me vuelve loco.

—Reid…, te han dado un golpe.

—Te deseo… Te necesito.

Deja las tazas y se gira para besarme. Nos besamos con hambre. Él me desea a mí, tanto como yo a él. Andamos hasta mi cuarto y lo tiro en mi cama, ya desnudo. Tras quitarme la ropa, me uno a él y lo beso por todas partes. Su cuerpo me llama como nada. Quiero sentirlo siempre pegado a mi piel.

Lamo la punta de su polla y lo pongo a tono mientras meto mis dedos en su agujero, con lubricante que tengo en la mesita y he cogido.

—Reid…, no puedo más —suplica.

—Joder, yo tampoco.

Me pongo un condón y entro en él sin más preliminares. Cuando estoy dentro, disfruto de estar así.

De tenerlo todo para mí.

De ser suyo.

De sentir que él es todo mío.

Ese pensamiento me da miedo. No sé si estoy preparado para dar nombre a lo que siento. Me aterra darle nombre y que todo cambie.

Salgo y entro dentro de él. Nos besamos mientras embisto su cuerpo con dureza. Sus manos están por todas partes; toca con cariño mi nuevo moratón. Sé que luego me lo mirará mejor, pero ahora solo quiero sentirme completo con él.

Saco hasta la punta y luego me meto entero. Sujeto su polla dura y le hago una paja cuando estoy a punto. Nos corremos juntos. Nos dejamos ir, como dos adolescentes que acaban de descubrir que follar es increíble.

—No te vayas —le pido cuando, tras descansar, sale de la cama.

—Voy a por el té.

—Vale… No prometo esperarte despierto, pero vuelve.

—Reid…, esto solo es sexo.

—La gente duerme junta tras el sexo. Por favor.

Gruñe, pero sé que volverá. Y, aunque me duermo, en sueños lo siento entrar en mi cama y abrazarme. Me parece escuchar medio dormido:

—¿Qué voy a hacer contigo?

Yo tampoco lo sé.