Ponme a prueba Capítulo 23
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Capítulo 23

Reid

Hago el entrenamiento con una tonta sonrisa en la cara. Y como para no tenerla: ayer tuve el mejor sexo de mi vida. Luego me fui a mi cama, aunque en verdad quería dormir con Kelvin, pero no quería confundir más las cosas. Es solo sexo, mejor tratarlo como tal.

Y qué sexo.

Joder, nunca creí que fuera así. No por el sexo anal, sino por todo. Por cómo me siento cuando estoy con él, cuando me toca y yo a él. La conexión sexual que tenemos es brutal y eso marca la diferencia.

—Tienes cara de tonto —me dice Jon antes de ir a la sala de visionado de vídeos para ver al contrincante y analizar sus movimientos, estudiarlos, por si detectamos algo que nos ayude a ganar el partido.

—He tenido sexo con un hombre —le cuento.

—Y por lo que veo, ha ido bien.

—Más que bien.

—¿Es solo sexo?

—Sí, ahora mismo no sé qué quiero en mi vida.

—Bueno, explorar nunca está de más. Disfruta.

Le digo que sí y vamos juntos a la sala. Hablamos con otros compañeros. No tener la presión de Alicia ha hecho que me integre más con la gente, porque antes estaba siempre tenso y de mal humor.

Es increíble cómo la vida privada de una persona cambia cómo vives tu día a día. Nos preparamos para el partido y, cuando me toca salir, miro a las gradas. Ha venido Geno con la familia de Nova. También están Kalen y Nova. Los saludo al pasar por su lado, y Geno se vuelve loca.

El partido empieza. En el primer periodo, mi equipo controla bastante el puck . Hago pases y trato de meter un tanto sin éxito. Jon da indicaciones para que podamos llegar a puerta. Acaba y hemos evitado que nos metan un solo tanto; lo malo es que nosotros tampoco.

Empezamos el segundo tiempo y nos aprietan.

Metemos un tanto, pero ellos otro, tras un error nuestro, en un pase que nos pasa factura.

Jon nos anima y nos dice que estamos jugando bien.

En el tercer tiempo, acabo marcando el segundo, tras recoger un puck que se quedó suelto cerca de la portería.

Mis compañeros me abrazan y, aunque lo damos todo, al final perdemos por uno.

Y eso se nota en el vestuario. Jon y el entrenador nos dicen que esto solo es una piedra en el camino y que hemos jugado bien. El siguiente será mejor. Viajamos mañana para el siguiente.

***

Llego a casa y me cambio. Kelvin no ha venido. Me ha escrito para decirme que no siempre se gana, pero sabe que llegaremos lejos. Ha visto un poco el partido en la televisión del restaurante donde está.

Voy al sofá y me pongo una película para esperarlo. Mañana me marcho a jugar fuera y no nos veremos hasta dentro de dos días. Quiero verlo antes de irme porque, cuando me marcho a primera hora, sigue dormido.

Intento no dormirme… Fracaso.

***

—A la cama, grandullón. —Murmuro algo y se ríe. Luego tiro de él y lo beso.

—Me encanta cómo hueles. Me recuerda cuando te sentí dentro de mí. Quiero repetir.

—Es tarde, y es pronto para tu trasero…

—¿Y si entro yo en ti? Quiero probar.

Kelvin me mira con los ojos muy abiertos.

—Juro que tu curiosidad va a matarme.

—Pero… ¿Estás bien?

—Sí, joder. —Lo beso y no quiero perderme en sus ojos, por si veo algo que me aterra, porque no tengo respuestas para algo más que sexo.

—Vamos a mi cuarto. Tengo provisiones ahí, también.

—¿No estás cansado?

—Para ti no. Pero no te fijes mucho en los nuevos hematomas.

—Lo intentaré.

Andamos hacia mi cuarto y le quito la camisa.

Luego beso su cuerpo y estampo su espalda contra una de las paredes mientras juego con la hebilla de su cinturón.

Deseo tanto estar dentro de él que me duele.

No puedo dejar de tocarlo, de sentirlo cerca y, cuando no lo tengo a mi lado, en mi cabeza siempre ronda.

Desabrocho el cinturón y meto la mano dentro, tras abrir el pantalón. Sujeto su dura polla y le hago una paja mientras lamo su torso.

—No me canso de ti —admito, perdido en su cuerpo.

—Joder, Reid… No voy a durar una mierda.

Llegamos a mi habitación y nos quitamos la ropa. No dejo de tocarlo y, cuando caemos en la cama, bajo la cabeza hasta su polla y me la meto en la boca, para jugar con ella, mientras preparo su trasero. Meto un dedo y luego el otro, ya llenos de lubricante.

—¿Te hago daño?

—Me matas —dice con la voz ronca y sé que no es de dolor.

Meto otro dedo, perdido en lo que siento explorando su cuerpo y en ver cómo se contrae.

Está jodidamente sexi. ¿Cómo puede ser tan guapo?

Abre los ojos, nublados por el deseo, y busco un condón para penetrarlo.

Ayer me sentí lleno. Cuando me tocó ese punto, cerca de mi próstata, creí ver las estrellas. Nunca creí que el sexo anal fuera así.

Llevo la punta a su entrada y la guío dentro, sin dejar de besarlo. Entro del todo y nos quedamos quietos y jadeantes.

Tiemblo por lo que siento al estar dentro de él. Cómo me oprime el pene. Lo saco y lo meto cada vez más duro.

—¿Te hago daño?

—No… No pares. —Lamo sus labios y me muevo con fuerza contra él.

Nuestros cuerpos chocan entre sí. Noto el miembro de Kelvin entre los dos y llevo mi mano a él.

Lo froto mientras entro cada vez más fuerte en su cuerpo.

Cuando dice que está cerca, meneo la mano más fuerte, hasta que se corre.

Su semen pinta nuestros cuerpos. Verlo irse hace que mi orgasmo se quede en la punta.

Me muevo y en dos embistes me corro. Es tan intenso que casi pierdo el sentido.

Caigo sobre su cuerpo. Nos abrazamos con los pies enredados.

—Cada vez es mejor —le digo.

—Sí, cada vez es mejor.

Acaricia mi espalda y ansío quedarme en la cama. Dormir a su lado… Solo es sexo. Por eso, me levanto, tras darle varios besos en el cuello.

—Nos vemos a mi vuelta.

Me da las buenas noches medio dormido. Tiene el pelo despeinado y los ojos medio cerrados. Está muy sexi. Quiero atesorar esta imagen en mi retina para siempre. No volver con él me cuesta mucho.

Me doy una ducha, sintiendo que me falta algo si no lo tengo pegado a mí, cuando me meto en la cama solo.