Ponme a prueba Capítulo 22
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Capítulo 22

Kelvin

Nova se me acerca y me pregunta qué tal estoy, cuando Reid se marcha con su compañero.

—Bien.

—¿Y con él? —Estamos a un lado tomando algo mientras vemos a Geno pasearse con su nuevo conjunto hecho a medida.

Su sobrina ha contratado a una diseñadora que tiene un talento especial para añadir cosas sexuales a la ropa.

La están reclamando mucho para despedidas de soltera.

Para que la novia lleve algo especial, sin ser el típico vestido con polla en la cabeza.

Y Geno, a todas las que le miran la ropa, les da una tarjeta para que hablen con Naira.

Le encanta ser el centro de atención.

Pienso en la pregunta de Nova, ya que, en cuanto llegué solo, pude buscarlo con la mirada. Estaba sonriendo por lo que decían. Feliz. Me gusta verlo feliz. Y, cuando me miró, juro que mi mundo se detuvo.

—Hasta las trancas —le digo y me acaricia el brazo con ternura y comprensión—. Lo llevo bien.

—Va a doler.

—Lo sé, pero si es todo lo que puedo tener de él… lo aprovecharé.

Kalen se nos acerca con su sobrina y la pequeña quiere que la coja. Estoy un poco con ella hasta que se duerme en mis brazos y la dejo en su carrito, con su abuela. Me gusta verla dormir. Los niños dormidos dan paz.

Tras despedirme de todos, me voy a mi casa con Geno, que me ha pedido que la lleve. Se despide de mí en la puerta de su casa y me recuerda que mañana comemos juntos en un nuevo mexicano. Vendrá hasta donde hago unas fotos para irnos juntos.

Entro a mi casa y huele a comida. Busco a Reid y lo encuentro en la cocina con un pantalón de pijama azul de lino, pero nada más. Salvo un delantal negro.

Se me seca la boca y más cuando se gira. Le digo a mi corazón que no se adelante. Pido a mis ojos que no lo devoren. Fracaso. No puedo dejar de mirarlo. De perderme en la curva de su culo. Es que, pedazo de culo.

—¿Has hecho la cena? —Mi voz es ronca.

Aparta la cena del fuego y lo apaga.

Voy a decir algo, pero se acerca y me besa. Justo lo que yo quería hacer, pero me daba miedo decirle demasiado si yo daba ese paso primero. Nos enrollamos como dos hambrientos. Empujo su espalda contra la encimera mientras cuela sus manos bajo mi camisa.

—Quiero ir más allá. —Besa mi cuello y luego me lame la oreja—. Quiero probar el sexo anal ya.

—Madre mía, sí que te ha gustado la charla.

—Mucho.

Lame mi boca y luego coge mi cara entre sus manos. Si me mira así, no puedo negarle nada.

—Vamos.

Andamos hasta su cuarto, donde ha dejado lo que ha comprado. Lo hacemos sin dejar de besarnos y acariciarnos. La idea de estar dentro de él me hace temblar. He soñado con esto muchas veces, pero nunca creí que se pudiera cumplir, que pudiera ser posible.

Caemos sobre la cama sin ropa y nuestras pollas se rozan, muy mojadas por la excitación. O entro rápido o no voy a durar una mierda.

—Date la vuelta. Quiero jugar contigo un poco antes.

—No puedo más.

—Date la vuelta, anda.

Lo hace y enciendo una de las velas que ha comprado. También se ha comprado un tapón anal y, tras preparar la zona con lubricante, lo meto poco a poco. Lo escucho maldecir. Tiembla mientras dejo el juguete instalado ahí. Me gusta verlo. Es negro y prepara la zona para lo que vendrá luego.

Tiene un culo de infarto y estoy sudando por las ganas de metérsela hasta el fondo.

Me contengo por él, para que esté tan al límite que no le duela mucho esta primera vez y solo sienta placer.

Mis primeras veces fueron con un capullo que solo pensaba en él mismo y me hizo odiar la penetración.

Hasta que di con otro, que era también modelo y me ayudó a dejar de tener miedo.

Cojo la vela, que ya se ha derretido lo suficiente, y dejo caer la cera especial por su espalda.

Intento no mirar sus hematomas y la dejo caer por otras zonas.

Veo cómo se agita y luego su piel se eriza.

Le gusta la sensación. La cera es un aceite que se puede usar para el masaje, y eso hago: juego con él.

Luego le quito el tapón y juego con mis dedos en su agujero.

—Kelvin…, no puedo más… Te quiero dentro.

—¿Tanto me deseas?

—Sí, joder.

Le hago que se gire y cojo condones y lubricante para que sea más fácil. No dejamos de besarnos mientras lo preparo. Cuando voy a entrar, lo miro. Su mirada es vidriosa, pero también tiene miedo y es normal; por eso he elegido esta postura: para saber cómo se siente.

Meto solo la punta y no sé quién de los dos se agita más. Cuando entro un poco más, noto cómo le duele, pero me suplica que siga. Poco a poco, me meto dentro de él. Estoy sudando por contener las ganas de follarlo duro. Hoy no. Hoy solo quiero que sienta.

Cuando toco su punto más sensible, se pierde.

—¡Joder! Ha sido… Ha sido alucinante.

Me muevo y el placer aumenta. Entro hasta el fondo. Apoyo mi frente en la de él.

—¿Todo bien?

—Mejor que bien.

Nos perdemos en los ojos del otro y luego me muevo más fuerte. Me exige que sea más duro. Joder, va a destrozarme con sus súplicas. Su polla se roza contra nuestros cuerpos mientras la mía entra y sale de él.

—Estoy cerca —me informa con la voz más ronca y sexi que he escuchado en mi vida.

—Y yo… Joder, es muy bueno.

—Lo es, sí.

No dejo de moverme hasta que se corre con fuerza, mojando su pecho y el mío. Verlo así hace que me deje llevar y me corra dentro de él. Al acabar, no puedo moverme, pero salgo para no hacerle daño.

Nos abrazamos y sé que no necesito más en mi vida salvo él.

Tengo miedo, porque cada día lo amo más.