Capítulo 16
Kelvin
Salgo con el resto de los modelos donde está la gente.
Algunas personas nos piden fotos y vídeos.
Busco a Reid con la mirada y lo veo hablando con Geno.
Me escribió para decirme que lo había investigado y que había descubierto su pasado.
Sabiendo lo metomentodo que es, fui para ver si no lo estaba agobiando.
Pero no, parece que Geno calma a Reid. Tal vez porque ella vivió un matrimonio de mierda y entre ellos se entienden, como le pasa con Kalen.
Hay cosas que no puedes entender por mucho que quieras, si no te desgarran tu propia piel.
Centro mi atención en el evento.
No dejo de buscar a Reid con la mirada. Se le acerca mucha gente. Alguna mujer se interesa por él, pero no le atrae ninguna. Al parecer, solo le atraigo yo porque me escribe algo que me desarma:
Reid: ¿Te gusta ser activo o pasivo?
Casi me atraganto.
Reid: Me pone la idea de entrar en ti. Estabas muy sexi esta noche en la pasarela. Joder, ahora no puedo dejar de mirarte. Y sí, lo admito, te he mirado el culo.
Madre mía. No sé ni qué coño decirle. Escribo varias veces y borro. Joder… ¿Qué le digo? Lo miro y lo veo observar el móvil. Luego me busca con la mirada. Ante todo, somos amigos y veo en sus ojos que decirme esto le ha costado. Todo esto es nuevo para él.
Kelvin: No me importa ser pasivo o activo. Según el momento y la persona. Te gustarían las dos formas. Eres demasiado curioso para no experimentar ambas.
Cuando le llega el mensaje, sonríe tanto que noto cómo esto acelera mis latidos. Me encanta perderme en esa felicidad. Por miedo a que alguien lo note, guardo el móvil y me integro entre la gente.
***
Es tarde cuando Nova me abraza cansada en la parte del personal. Ha hecho un gran trabajo. Todo estaba espectacular.
—No puedo más. Creo que me voy a dormir de camino a casa.
—Eso seguro —añade Kalen, que ha entrado para buscarla, y la besa en el cuello—. Nos vemos, Kelvin. Me la llevo.
Les deseo buenas noches y me despido de Mara, antes de ir a buscar a Reid.
Salgo a la azotea. Casi no queda gente, por lo que lo veo enseguida, apoyado en la barandilla, mirando la noche, con una bebida en la mano.
Se gira como si sintiera mi mirada y sonríe.
Y eso me desarma más que nada en este puto mundo.
—Nos vamos. —Cojo su copa y es un refresco dulzón—. ¡Qué empalagoso!
Se ríe.
—Era lo mejor sin alcohol.
—Recuérdame que le diga a Mara y a Nova que lo mejoren.
—No está tan malo.
Pongo caras y se ríe. Luego mira mi boca y las ganas de besarnos se pueden cortar con un cuchillo.
No sé qué hacer con su atracción hacia mí.
Quiero recordarme que solo es sexo, que luego todo seguirá su curso normal…
Es lo que ansío. A pesar de eso, cuando entramos en el ascensor y estamos solos, tiro de él y le como la boca sin venir a cuento, porque necesito sentir sus labios siendo parte de nuestra locura un poco más.
—Joder, ¿cómo sabes que me moría por besarte?
—Porque te conozco bien.
Se ríe y asiente. Luego vamos a su coche en el parquin y juega con las llaves.
Vemos a algunas personas que nos reconocen y las saludamos.
Nada de besos hasta estar en casa. Ahora corres siempre peligro de ser descubierto.
Por eso, hace tiempo que dejé de tener citas o de quedar con alguien.
Mi mánager me metió tanto miedo que renuncié a mi vida por un trabajo que me gusta. Un precio alto por seguir ahí.
***
Llegamos a mi edificio y vamos hasta el ascensor. De nuevo estamos solos y sin ojos traidores, por lo que busco su boca. Nos besamos con hambre; con ese toque del que teme que le falte el aliento si no se deja llevar.
Tiro de su pelo. Él del mío y golpeo su cuerpo contra la pared. El ascensor se mueve. Las puertas se abren y salimos como si nada. Con la ropa algo desarreglada y los labios rojos.
Entramos a mi casa, disimulando por si la cotilla de Geno, que se fue hace un rato del evento, está en la mirilla.
Abro y cierro, tras pasar él. Y de nuevo mi boca está en la de él. No sé quién ha empezado este encuentro o si simplemente nos hemos encontrado.
Joder, besarlo cada vez es mejor. Es como si conociera mejor cada ángulo de su boca o cómo torturarlo mejor, y él a mí. Me encanta cuando me muerde el labio inferior y luego me chupa. O cuando lo lleva a su boca. Tiro de su ropa y él de la mía. Quiero tocarlo por todas partes.
Y quiero que pierda la cabeza.
Dejo besos por su cuello; su perfume me vuelve loco. Huele a hombre, a madera. Con toques de vainilla. Lamo su torso duro y de nuevo las marcas de su trabajo. Paso los dedos por los hematomas. Y luego lo beso.
—Estoy bien.
—Tu trabajo es muy agresivo y en el mío no puedo tener una sola tara en mi piel.
—Dos mundos distintos colisionando —bromea.
Le quito la camisa y luego tiro de su cinturón. Meto la mano dentro. Busco su polla. Ya está mojada. Está muy excitado. Y yo también. Tanto, que me duelen los huevos.
—Quiero hacer algo desde esta mañana. ¿Confías en mí?
—Y tanto que sí. Ya te lo dije: ponme a prueba.
Sus palabras me recuerdan que esto solo es para él una liberación tras el divorcio. Que solo está jugando conmigo porque yo le doy paz para ser él mismo. Hasta que se dé cuenta de que ya no me necesita para seguir volando solo.
—Ve a tu cuarto y desnúdate. Espérame en la cama.
Me besa de nuevo antes de irse, feliz y excitado.
***
Llevo un pantalón de pijama y nada más. Mi erección se ve cuando entro al cuarto de Reid. Se ha apoyado en la cama, desnudo. Cómodo con su desnudez y con todo esto que es nuevo para él, he de añadir.
Dejo en la cama el lubricante y lo miro tocarse.
—Te gusta mi pendiente. Te pone mi pendiente —matiza y no lo niego—. ¿Lo quieres en tu boca?
—Es justo lo que tenía en mente.
Me siento en la cama y toco su polla dura y grande. Juego con ella con mi mano. El líquido preseminal moja su punta. Reid está fuera de sí y no lo he tocado con mi boca. Echa la cabeza hacia atrás. Su cuerpo musculado se contrae y se perla de sudor. Es perfecto.
Lamo la punta y da un bote.
Me pongo en la mano lubricante mientras juego con su pendiente. Lo tengo entre mis dientes y luego lo muevo con mi lengua. Juego con él un poco mientras llevo mis dedos a su trasero, hasta su ano, y presiono.
—¡Joder!
—Relájate.
—¿Vas a follarme?
—Esta noche no, pero te daré un anticipo.
—Soy todo tuyo.
Mi corazón da un vuelco y lo miro con los ojos medio cerrados. Ojalá lo fuera, pero no puedo olvidar que no lo es.
Juego de nuevo con su polla en mi boca y le abro poco a poco hasta poder meter un dedo dentro. Se tensa y luego se relaja. Lo preparo para uno más y es entonces cuando empieza a entender que ahí tenemos una zona erógena.
—¡Madre mía! Repite eso.
Lo hago una y otra vez mientras lo devoro. Noto mi polla cada vez más dura por esto: por tenerlo a mi merced y verlo tan fuera de sí. Estoy tan excitado que no descarto correrme sin que me toque nadie.
Meto otro dedo y se contrae.
—No puedo más…, por favor…
Lo veo tenso, sudado y con el cuerpo ardiendo por mí. La vista nublada por el deseo y su voz ronca con cada jadeo.
Es tan guapo que me duele mirarlo.
Me suplica y muevo los dedos al tiempo que mi cabeza, hasta que se corre en mi boca y me lo bebo todo. Luego lo beso con su sabor en mis labios. Mete la mano dentro de mi pijama y me hace una paja. No necesita mucho para que mi semen caliente nos salpique a los dos y lo pongamos todo perdido.
—Ha sido increíble —dice jadeante. Estoy apoyado en la cama y en él—. Eso que has hecho con los dedos… Joder, quiero más.
—Vas a matarme. —Se ríe y me besa feliz.
—Vamos a limpiar esto y a descansar.
—Vale. —No parece muy convencido, pero es mejor así: no confundir amistad y sexo con algo más.
Nos despedimos como si nada y voy a mi cuarto sintiéndolo todo.
Es el amor de mi vida, aunque tal vez no compartamos nunca los mismos sueños.