Capítulo 15
Reid
Ya tengo mi coche y conduzco hasta el evento donde Kelvin tiene que desfilar en un ático de la ciudad.
Por la noche habrá un evento de moda. Ahora Kelvin va antes para el maquillaje y pruebas de ropa de última hora.
Aparcamos en el parquin y cuando sale, lo hace con esos andares entre chulos y elegantes que tiene.
Se nota que ha llegado porque su presencia llena el lugar.
Subimos al ascensor y un par de personas nos reconocen; nos hacen varias fotos juntos.
Luego nos etiquetan y miro la foto cuando salimos al ático.
—La gente va a saber que somos amigos —añade Kelvin.
—Me la suda. ¿A ti te importa?
—No. Eres mi amigo más famoso. —Me da en el brazo.
Quiero coger su mano, acariciarlo y besarlo.
Joder, me muero por besarlo otra vez. Y por volver a lamerlo entero.
No sé qué me está pasando, pero tampoco quiero pensar mucho en ello hasta tener un poco más de idea.
Solo sé que esta mañana viví la experiencia sexual más excitante de mi vida.
Pero también que ahora mismo miro a los hombres y me siento más atraído por las mujeres del lugar.
No quiero agobiarme. No puedo responder a todas las preguntas de golpe, cuando estoy aprendiendo a vivir de nuevo sin que el miedo me quite el aire.
Nova, al verme, me dice qué puedo hacer. Kelvin sonríe porque sabía que esto pasaría y de nuevo surgen mis ganas de lamer su sonrisa.
Y otras cosas.
Tenerlo en mi boca fue una pasada; ver cómo se excitaba en mi cama medio vestido. Su cuerpo me tentaba, me llamaba… Quería hacerlo todo. Dárselo todo. Verlo correrse hizo que me dejara ir. Y, joder, qué orgasmo: de los que te suben por los pies y te vuelan la cabeza.
Ahora no puedo pensar en eso. Me pongo a arreglar sillas. Geno aparece antes del evento y me ayuda.
—Por cierto, he estado investigándote. —Esta mujer es una metomentodo—. Kelvin no nos contó que fueras adoptado.
—Bueno, no soy adoptado. Ninguna familia se quedó conmigo.
—Ya… No es por ti, cariño. Esa gente nunca vio lo increíble que eres.
—La gente quiere niños sin traumas. Yo tenía unos cuantos.
—Porque no eran para ti. —Acaricia mi brazo—.
Ayudo a una directora de un centro de menores.
Siempre ayudo todo lo que puedo y voy a ver a los niños para contarles cuentos.
Alguien como tú podría dar visibilidad a la causa y, tal vez, organizar un evento para recaudar fondos.
Hicimos algo el año pasado, pero no fue mucha gente.
Tal vez tú puedas mover más masas cuando la gente de esta ciudad te ame por tu juego.
—Tal vez.
Geno me cuenta más de ese lugar y me gusta lo que cuenta. No se parece en nada al mío. Allí siempre me sentí perdido. Hablamos de ello mientras arreglamos las sillas.
—¿Os han liado a los dos? —Kelvin se nos acerca, con los ojos ribeteados en negro y la piel de la cara algo brillante.
Se me corta la respiración. Está impresionante. Sus ojos se ven más azules que nunca. Quiero besarlo y ver si se le nublan por el deseo. Noto cómo la respiración se me agita.
—¿Qué has venido a hacer aquí? Lo estoy cuidando —añade Geno.
—Eso me preocupa. Me has mandado un mensaje con tus ideas para Reid. No le gusta hablar de su pasado.
—Estoy bien —le digo y me mira preocupado—. Con Geno no me molesta.
—Vale, entonces me marcho.
Lo vemos irse.
—Tu amigo te quiere mucho.
—Y yo a él.
—No se perdona no haber estado ahí estos años, y por eso ha venido corriendo.
—Tenía que pasar por toda esa mierda. No sé por qué, pero eso me dice mi psicóloga. Dice que todo eso me ha hecho ser quien soy ahora.
—Pues cuando sepa algo más, que nos lo cuente. Ahora vamos a que nos manden más cosas para hacer y de paso robamos canapés en la cocina.
Sigo a Geno y sí, hacemos más cosas y robamos comida en la cocina. Pero no es exactamente robar: ella les dice que tiene hambre y que un desmayo quedaría mal, por lo que le sacan cientos de cosas. Luego me guiña un ojo y me dice que las pruebe primero, para ver si son de su gusto. Es una bruja.
Y así es como acabamos haciendo una cata de todo lo que van a sacar luego.
Al subir, el evento está a punto de empezar.
Geno y yo nos ponemos al fondo. Algunas personas me reconocen y me piden fotos antes de que anuncien el desfile.
Como en la otra ocasión, salen varias mujeres y hombres.
Todos muy guapos, pero ni un solo hombre me atrae. Aunque alguna mujer sí me parece sexi.
Entonces, sale Kelvin andando con ese porte que marca cada paso; que habla de fuerza y le hace parecer un dios caído.
Joder…, estoy ardiendo por él. Por sus movimientos masculinos.
Por esa mirada fija al frente. Tiene el pelo hacia atrás y se le ve lo justo del torso.
Hoy el evento es de ropa elegante. Él va de negro.
Entonces, me mira y el mundo deja de existir.
Los latidos de mi pecho se aceleran y ardo de ganas de tenerlo otra vez en mi cama para explorar con él.
—No lo miras como se debería mirar a un amigo —me pica Geno.
—No, no lo hago.
—Déjate llevar, Reid. Al final tendremos la respuesta a lo que sea esto y a lo otro que te dijo tu psicóloga.
—Estoy hecho un lío, Geno —admito y me coge del brazo con cariño.
—Lo sé, y sé que para ti no ha sido fácil esto.
Ni dar el paso de decir basta. He estado en tu lugar.
La gente piensa que es fácil estar en una relación tóxica y alejarse, pero no lo es.
Porque, mientras aguantas, piensas si todo te pasa porque hay algo en ti, porque te lo mereces.
O que si esperas un poco más, todo cambiará.
Lo que está mal solo va a peor. Pero, hasta que lo aceptas, el tiempo va pasando.
Así que, cariño, deja de pensar en lo que no pudiste cambiar y vive; y si es en brazos de un sexi modelo, joder, ¡quién tuviera tu edad para vivir algo así!
—Me río—. Y si no, siempre puedo pasarte un catálogo de juguetes sexuales.
Que jugar solo también está bien. —Alza las cejas, divertida—. Ahora toca ser feliz, ¿vale?
—Vale.
Kelvin se marcha dentro de bastidores y no lo pierdo de vista hasta que desaparece del todo. Cuando vuelve a salir, solo tengo ojos para él, como si eclipsara todo mi mundo. Como si mi atracción no entendiera de cuerpos, sino de almas. Dos almas que se complementan con fuerza.