Ponme a prueba Capítulo 13
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Capítulo 13

Reid

Estoy muy cansado, pero, a pesar de eso, me cambio de ropa.

Me pongo un pantalón de dormir, una camiseta blanca y salgo a buscar a Kelvin.

Estas semanas han sido una mierda. Intentaba saber quién era yo sin ella o si quedaba algo de quien fui.

Me centré en el trabajo. En el deporte duro.

Y quise abrir mi mundo, probar cosas nuevas…

Todo ha salido mal y lo mejor de mi día era hablar con Kelvin.

Salgo al salón y lo veo sentado en nuestros sillones, donde ahora hay una mesa de centro alta. Cojo mi taza y miramos la noche juntos.

—Echaba de menos esto, y eso que no lo hicimos tantas veces, pero era por ti.

—Soy una gran compañía. —Sonríe con tristeza. Se ha cambiado. Lleva una sudadera y un pantalón de dormir. Kelvin siempre fue más friolero que yo—. ¿Cómo estás?

—Intentando vivir sin miedo y sin sentirme tonto por no haber puesto antes remedio a todo esto.

—Es complicado poner fin cuando estás en un ambiente tóxico.

—Sí, lo he estado hablando con Kalen. Me ha ayudado mucho.

Hablamos un poco de sus amigos y de la suerte que tiene de tenerlos.

—Ahora también son los tuyos.

—Eso si no me trasladan a otra ciudad.

—¿Crees que eso puede pasar?

—De momento, no, si me gano el puesto.

—Hoy has metido un buen tanto.

—Joder, ha sido increíble. Hacía tiempo que no jugaba tan bien. Me ha recordado a los partidos de la universidad; sobre todo, porque tú estabas en la grada.

—¿Ella iba?

—No mucho, la verdad. Al principio, sí. Luego, solo por los eventos y cuando quería ser vista en redes.

Quien me lleva las redes está pendiente ahora de todo lo que diga mi exmujer de nuestro divorcio, porque hay una cláusula que pone que perderá la casa que le compré, donde ella me dijo y como ella quiso, en caso de hablar mal de mí.

Además, en caso de injurias, expondría las pruebas de maltrato.

No, no creo que diga nada, pero con Alicia nunca se sabe.

—Es complicado vivir sin ese miedo.

—Si ella dice que le hice daño, la gente pensará que es cierto, sin pararse a pensar en mi versión. Vivir con ese miedo constante durante años no se olvida de un día para otro.

—No, no debió ser fácil.

—Una vez se cayó en la calle, estando sola, y se le notaban los moratones en el brazo y la pierna.

Se reía de mí mientras me decía que, si no la trataba bien, lo mismo dejaba caer que podían ser míos.

Se lo dije a sus padres y la frenaron. Creía que eso les hacía buenas personas, pero ahora sé que, de serlo, me hubieran dicho que pusiera fin a todo eso antes.

Siempre me pidieron paciencia; no me indicaron que dijera basta, sabiendo que su hija me hacía daño. Solo me pedían tiempo y paciencia.

—Era su hija. Al final, ellos barrían para su familia, aunque tú te sintieras parte de ellos, porque no tienes familia, y eso hace que te encariñes ante la idea de una.

No me gusta hablar de este tema, pero no es para nadie un secreto que me crie entre orfanatos. Tuve algunas familias que me acogieron y me devolvieron por intenso. Y tal vez por eso me aferré tanto a Alicia y a sus padres. Me gustaba sentirlos como míos.

—Sabes que te entiendo en eso de familias de mierda.

Mi familia, la real, vivía en una zona de caravanas.

Mi madre me tuvo y me dejaba con unos y con otros para que me cuidaran, hasta que un día no regresó.

Poco más tarde la dieron por muerta en un accidente de tráfico.

No era una buena madre, pero era la que tenía.

Pasé a los servicios sociales con siete años.

Y era demasiado intenso. Me gustaba hacer deporte a todas horas.

Era lo único que me ayudaba a sobrellevar la ansiedad de adaptarme a esa nueva vida y a olvidar lo vivido en las caravanas.

Vi cosas que un niño nunca debió ver a una edad tan temprana.

—Sí, nos entendemos. —Le doy en el hombro y Kelvin aparta la mirada—. Deja eso, deja de sentirte mal por no haber estado ahí.

—Odio que me conozcas tan bien. —Me río y nos quedamos un rato tomando el té en silencio.

No necesito más. Solo lo necesito a él.

—He pensado que tal vez me atraigan los hombres. —Escupe el té—. Lo siento… No, no lo siento. Ha sido muy graciosa tu cara.

—¿Y por qué crees que te atraen los hombres? Te rodeas de hombres, estás cansado de ver pollas. —Me río—. ¿Te atraen?

—No, pero siento curiosidad por saber si el que no me sienta atraído por mujeres es porque estoy jodido en el sexo o porque me gustan los hombres.

—Siempre te has liado con mujeres. Joder, te encantaba follar en la universidad.—Tenía las hormonas revolucionadas y me gustaba correrme. Ese subidón me hacía olvidarme de todo. Pero ¿y si era solo eso?

—No sé, Reid. ¿Qué quieres hacer?

—Que me beses. —No tira el té, pero sí se le abre la boca por el impacto—.

A menos que sigas enamorado de mí, y eso.

Joder, en ese caso ni de coña te pediría algo así.

Pero me dijiste que lo habías olvidado y, si quiero experimentar con un hombre, solo confío en ti para esto.

Y a ti te van los tíos… Solo quiero descartar cosas. Y bueno, confío en ti.

—Ya, pero…

—Solo un beso… De momento.

—De momento.

—Si no me gusta besarte o lo veo raro, no querré más.

—No querrás más —imita, aún con la sorpresa brillando en sus bonitos ojos. Me mira tan fijamente y tan quieto que por un momento parece una estatua.

—Vamos, ponme a prueba.

—¿Ahora?

—Sí, claro. Es mejor no darle más vueltas.

No debería temblar por la anticipación, ni mirar su boca y preguntarme si es tan suave como parece. Tal vez tampoco se me debería acelerar el corazón de esta forma por la anticipación.

—¿Ahora? —repite y asiento.

—Solo si no te hace daño mi experimento.

—No, qué va. Estoy curado. Pero es raro, porque no me voy besando con mis amigos. ¿Y si lo jode todo?

—No lo hará. Nuestra amistad es más fuerte. Tú eres la primera persona en este mundo que he querido con cada parte de mí. ¿Cómo se puede joder eso?

—Reid…

—No, no pienses en estos años separados y dame tus labios. —Le pongo morros, en plan broma, y se ríe. Esto alivia la tensión.

—Eres tonto, Reid.

—Solo un beso. Seguro que has besado a muchos sapos.

—Tú nunca serás un sapo para mí.

—Mejor me lo pones.

Se acerca y sus ojos me parecen más azules que nunca. Las motas más claras que tiene brillan, a pesar de la luz tenue del salón. De nuevo, siento el corazón latir demasiado fuerte para solo ser un beso entre amigos y pienso que es porque es él.

Se acerca hasta que su aliento me acaricia y deja que me aparte. No lo hago. Al contrario, cojo su cara entre mis manos y estampo mi boca con la de él.

A la mierda las vueltas, al final solo marean.

Sus labios son tan suaves como esperaba. También calientes y firmes. Quiero más. No quiero solo un roce. Lo beso y me devuelve el beso. Un beso tentativo, donde me deja explorar su boca. Hasta que mi lengua lame su labio inferior.

Me encanta.

Adentro mi lengua en su boca y tiro de su pelo. Joder, me gusta mucho.

Tiemblo por el contacto de su lengua. Su sabor me vuelve loco y explota en mi cabeza. Bajo la mano por su cuello y lo toco levemente. Está duro. Firme. Y caliente. O tal vez yo estoy ardiendo por esto.

Por este beso que era solo una prueba y me está desarmando.

Cuando me separo, estoy jadeando, y verlo con el pelo revuelto y los labios rojos por nuestro beso hace que mi polla dé una fuerte sacudida. Joder, estoy excitado. Matizo, muy excitado.

—Vale, ha estado bien. —Doy un trago a mi té y me pregunto qué ha sido esto.

—Muy bien, sí —añade—. ¿Y te ha gustado?

—Ajá… ¿Qué quiere eso decir?

—Tal vez también te gustan los hombres o conmigo te sientes cómodo y por eso te dejas llevar sin miedo.

—Puede ser.

—Vete a dormir. —Se levanta y va a la cocina—. Mañana será otro día.

—Sí, mejor descansar. Gracias por dejar que te besara.

—De nada, Reid. Para eso están los amigos.

Le doy las buenas noches y voy a mi cuarto. Cuando me tiro en la cama, con solo el bóxer puesto, no dejo de repetir el beso. Y lo que sentí mientras su lengua jugaba con la mía.

No sé si he tenido suficiente con esta prueba; tal vez necesite algo más.