Capítulo 12
Kelvin
Reid se separó de Alicia hace un mes. Se veía venir.
Al parecer, ella llevaba años amenazándolo y él, por miedo, se quedaba.
Por miedo y por amor a sus suegros, que, con la manipulación del cariño que le tenían, le pedían que aguantara un poco más, hasta que Reid dijo basta.
Joder, olé por él. Tras firmar el divorcio, necesitaba centrarse en el juego.
Está viviendo en un hotel hasta que decida dónde vivir.
A la casa de alquiler no quiere volver. Yo le he ofrecido mi casa, aunque tal vez lo mejor sea que siga en el hotel.
Hoy es noche de partido. Su primer partido con nuevo equipo, y aquí estoy yo, sentado con Geno para verlo.
Bueno, con Geno, Nova, Kalen, sus suegros, su hija Maeve y, por suerte, nadie más.
El resto no podían venir, aunque Geno ha cogido pases de sobra por si se apuntaba más gente en el futuro.
Vamos todos con la equipación del equipo; yo con una sudadera y Geno con todo completo, hasta con los colores del equipo y banderas con una mini polla arriba, que ella dice que no se notan.
Tenían que reciclar, me ha dicho. Mentira, seguro que quería dejarlo ahí para llamar la atención.
Reid está entrenando y, al pasar por nuestro lado, golpea el cristal. Geno aplaude como una loca. No nos hemos visto en estas semanas, pero cada día nos hemos enviado cientos de mensajes.
Intento que no se note lo que siento al mirarlo. Al verlo patinar y ver sus ojos menos tristes. Cuando nos sonríe, algo en mi pecho explota. Ardo por este hombre cada día más. Y es jodidamente sexi. Y verlo algo sudado no mejora mi libido por él.
—¿Os venís luego a celebrar el partido? —nos dice.
—A celebrar, si ganas —añade Geno.
—A celebrar mi primer partido.
—Yo sí —apunta Maeve—. Hay muchos hombres sexis por aquí. —Mira a uno que mueve su culo como si follara el hielo.
—Madre mía. —Esto lo dice Nova y Kalen se ríe.
—Por mí no te cortes. —La besa en la mejilla, enamorado.
Kalen también pasó por un matrimonio de mierda. Por eso, le presenté a Reid por mensajes y han estado hablando. Se han hecho muy buenos amigos.
Miro a Reid antes de irse y veo sus ojos grises más brillantes. Me gusta verlo así, porque no quiero que nadie apague su luz. Nadie.
Lo vemos salir con sus compañeros. Reid es delantero centro, pero esta vez solo sale en el tercer y último tiempo, porque seguramente el entrenador quiere que se integre poco a poco.
En cuanto lo vemos en el hielo, aplaudimos.
No hace falta decir que Geno es la que más.
Hasta la enfocan en el videomarcador y sí, se ven sus mini penes.
Madre mía, es carne de meme de internet esta mujer.
Reid se pone en posición y lo da todo. Me encanta verlo jugar.
Es como cuando estábamos en la universidad.
Lo veo concentrado y sé qué va a hacer antes de que lo haga.
Por eso, cuando su compañero falla, sé que Reid cogerá el rebote e irá a portería.
Se queda solo con el portero, sonríe de medio lado y lanza.
Vemos cómo se enciende la luz roja y gritamos emocionados.
Reid nos señala y Geno se vuelve loca ante la dedicatoria.
Ganan el partido y Reid me dice dónde irán. Vamos todos, cómo no. Geno está deseando abrazar a Reid, tras todo lo que ha pasado, y yo, la verdad, también. Darle distancia ahora me ha costado mucho. Solo lo hice porque me pidió este tiempo para él. Y, tras años de matrimonio, sé que lo necesitaba.
Al llegar al lugar de celebración, cogemos una mesa para todos y pedimos algo de comer y beber.
Al poco llegan los jugadores y la gente los aplaude.
Geno se sube a una silla y casi se cae. Mi mirada está centrada en Reid, que va con un traje de chaqueta.
Con el pelo negro algo húmedo aún y esos ojos grises que, en vez de parecer hielo, siempre los he visto cálidos.
Todos van con el traje de chaqueta, pero a él le sienta especialmente bien.
Joder, con los años no ha hecho más que incrementar su belleza.
Es una mierda que mi mejor amigo sea el tipo más guapo que he visto en mi vida.
Reid nos mira y se nos acerca. Geno lo abraza con fuerza. El resto lo saludan y le preguntan cómo está. Cuando llega a mi lado, nos damos un apretón de manos con un choque de hombros, como hacíamos en la universidad. Se ríe por el recuerdo y su risa me hace sentir bien.
—¿Te importa si esta noche duermo en tu casa? Me he cansado del hotel.
—Claro. Recogemos tus cosas y vamos a mi casa.
—Genial. Echo de menos nuestro té de medianoche.
Y yo, pero no lo digo porque su capitán lo llama y se va con ellos.
Miramos cómo los jugadores van de un lado a otro.
Maeve está haciendo fotos de todo y flipando.
Reid habla con varias personas y una morena preciosa le pone ojitos mientras él habla.
No se da cuenta. Lo conozco y sé cuándo una persona le atrae.
Esta mujer no tiene nada que hacer, y más tras lo que me contó, que ahora parece que ninguna mujer despierta pasión en él.
Intento no pensar en lo amigo de mierda que he sido, aunque cuesta. No paro de preguntarme si, de estar más presente en su vida, se habría dado cuenta antes de que la convivencia con ella no era normal.
Reid se marcha con un compañero. Voy a la barra y una mujer me reconoce y quiere hacerse fotos conmigo. Al poco, vienen sus amigas y, por cómo me miran, sé que quieren llamar mi atención. Nova se da cuenta de que estoy incómodo y se me acerca.
—Creo que a algunas personas les cuesta aceptar un no por respuesta o una mirada incómoda.
—Algunas personas creen que, como soy un personaje público, me debo a mis fans —añado mientras pedimos algo.
—¿Cómo lo llevas?
—Bien. Reid se va a venir a mi casa al fin. Quiero ver que está bien. Hablar con él y ver que todo esto no lo ha dejado muy tocado.
—Y mientras, tú te derrites por él.
—O esto me sirve para dar carpetazo a unos sentimientos que debieron morir hace años.
—Te he visto mirarlo, Kelvin: nunca has mirado a nadie así.
—Bueno, pues a ver qué sale de esto.
—Vale, pase lo que pase, me vas a tener ahí.
Nova me abraza y Geno, que está en la mesa, corre hasta nosotros para no ser menos.
De verdad, de mayor quiero ser como ella.
Pedimos algo de beber y comer. Lo llevamos a la mesa y disfrutamos de estar aquí entre jugadores, viendo cómo, a pesar de todo, son gente normal y corriente.
Algo que, por supuesto, yo ya sabía. Mucha gente me idealiza por tener una vida pública y, en verdad, siento y padezco como los demás.
Solo dejo mi vida en manos de cientos de personas para que puedan joderme la existencia si un día deciden los haters ir contra mí sin motivo.
Así que, en cierta forma, el precio de la fama ahora es demasiado alto y hay que pensarlo muy bien antes.
El odio que hay en redes, si te toca, puede destruirte la vida sin tener un motivo, solo un mal día que dijiste tal vez algo sin pensar.
Y la gente cree que, por ser famoso, eres menos humano y no tienes derecho a equivocarte.
La gente quiere naturalidad en las redes, pero está tan al acecho para ver dónde fallas, que casi todo lo que subimos se mira con lupa para no tener malas críticas. Esto, al final, corta la libertad.
Reid se acerca cuando ya han empezado a irse algunos compañeros. Salimos a la calle y nos despedimos de todos para ir a mi coche. Cuando entramos en él, cierra los ojos, cansado.
—Estoy agotado.
—Pues ahora a dormir.
—No, quiero mi té —lo dice sin abrir los ojos y me parece adorable, lo cual es una mierda.
Conduzco hasta su hotel y sube a por sus cosas.
Escribo a Nova para comentarle un vídeo que me ha mandado de un evento que hará Mara, de otoño, en el hostal, y quiere poner decoraciones del estilo.
Mi agencia de modelos participa. Con seguridad, me llamarán.
Comentamos varios vídeos de ideas hasta que Reid llega y le abro el maletero para guardar sus cosas.
Entra y el jodido huele muy bien.
—Ya se va notando el frío por las noches.
—Sí, pues ya verás en unas semanas.
—Estoy preparado —añade.
Llegamos a mi casa y subimos sus cosas. No le digo de dormir en el cuarto que compartió con su mujer. Tengo otro libre y dejo sus cosas ahí. Veo agradecimiento en su mirada. Luego me abraza por detrás y mete la cabeza en mi cuello, y yo me derrito por él.
—Echaba de menos estar contigo, pero tenía que ver si podía recordar cómo se respira solo.
—Lo sé. —Subo mi mano por su espalda y lo acaricio—. Ponte cómodo, que te espero fuera.
—Vale.
Se aparta y salgo del cuarto. Voy al mío y me dejo caer en la puerta con el corazón acelerado y temblando por su cercanía. Odiando desear tanto a alguien a quien no puedo llamar más que amigo.