Ponme a prueba Capítulo 8
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Capítulo 8

Reid

Llegamos al hostal y nos pasan al jardín.

Alicia ha salido de compras y a la peluquería antes de venir.

Al parecer, ninguno de sus vestidos le servía para esta noche.

La he esperado vestido con el traje chaqueta azul más de dos horas.

Llegamos tarde. Casi cuando esto va a empezar y odio llegar tarde.

—Nadie nos hace ni caso —dice cuando nos ponen al fondo y veo en sus ojos cómo le molesta no ser el centro de atención.

—Porque aquí hacen caso a la gente del gremio de la moda.

—Eres famoso y yo influencer de moda.

—Pues quéjate. Que vean tu verdadera cara.

Me da un pisotón que me duele. Odio cuando hace esto. Cuando me golpea y no hago nada porque no puedo, y no quiero pegarle.

—A veces no sé cómo te soporto —me dice molesta, como si no fuera ella la que me lleva al límite.

—Ni yo. Tal vez deberíamos dejar de fingir y poner fin a esto.

—Como lo hagas, te jodo la vida, Reid. Como mujer soy una putada, pero como ex sería tu peor pesadilla.

Y de nuevo sus amenazas me dejan débil. Tengo miedo de lo que pueda hacer, a pesar de que sé que no tiene nada contra mí. Que con ella siempre he sido todo lo bueno que he podido.

Tiemblo de miedo y sé que puede hacer una locura. Escribo a sus padres y les hablo de esto. Ellos dicen que, si voy a tomar una decisión, se lo diga antes. Luego me piden perdón. Lo peor es que, como diga algo, aunque sepa que es mentira, me puede arruinar la vida.

Tomo aire, sintiendo cómo la ansiedad crece en mi pecho. Estar al lado de Alicia cada vez es más complicado.

El desfile empieza y Alicia se queja de todo.

Me roba toda la energía y me deja seco. Hasta que llega el final y aparece Kelvin.

Va con unos vaqueros abiertos que muestran su ropa interior.

Anda con paso firme y seguro; a cada paso se ilumina el suelo.

Lleva los ojos pintados de negro y alas en la espalda. Joder…, tiemblo y no sé bien por qué.

Tal vez por el momento.

Está jodidamente sexi y, cuando llega al final, tentador, se baja un poco los vaqueros para que todos podamos ver el culo que le hacen.

Trago con dificultad y la gente estalla en aplausos cuando se quita los vaqueros.

Se queda con un bóxer negro y las alas empiezan a moverse.

Con cada paso que da, el suelo cruje. Estalla.

Vibra. Es una puta pasada y Kelvin sabe el efecto que tiene en la gente.

Controla todo con una mirada y, entonces, me mira. Entre este manto de gente, me guiña un ojo y dentro de mí algo explota.

Al acabar, Alicia se pasea conmigo del brazo y no nos hacen ni caso.

Aquí la gente no debe saber mucho de hockey y eso molesta a Alicia.

Cuando Kelvin se nos acerca, lleva los vaqueros, pero nada más.

Me fijo en su pecho, que brilla por algo que le han puesto.

Mis ganas de tocarlo son grandes. Quiero pasar los dedos por su torso.

—No sabía que eras tan famoso —le dice Alicia.

—Ya ves.

—¿Haces un directo conmigo?

—En tus mejores sueños. —Kelvin se marcha y va a hablar con sus amigos.

—Nos vamos, Reid.

—Te pido un Uber. No voy a irme.

—No quieres quedarte, Reid. —Aprieta mi brazo con fuerza, tanta que me duele.

Entonces alguien le tira una copa sobre el carísimo vestido. Y no puede ser otra que Geno.

—¡Se puede saber qué haces! —Geno se disculpa, pero Alicia la fulmina con la mirada—. Nos vamos, Reid, ahora.

Alicia se marcha y Geno me dice algo que creo que no olvidaré en la vida:

—Ella tiene ese poder sobre ti porque un día tú decidiste dárselo y quitártelo a ti.

Y tiene razón. Le pido que me despida de todos y sigo a Alicia.

Se encierra en su cuarto y yo escribo a sus padres.

No puedo seguir con esto. Me piden que espere a que puedan venir y que mientras ellos se encargan de hablar con mi abogado para tramitar el divorcio.

«Mucho has aguantado», me responden, y sé que es verdad; también que lo hice por miedo y porque esto es lo más cerca que he estado nunca de tener una familia.

Joder, soy por primera vez consciente de que le tenía miedo. Yo, que le saco dos cabezas, vivía aterrado con sus amenazas. Aún tengo miedo de lo que pueda hacer. Como diga algo malo de mí… nadie verá la verdad y me joderá la vida, aunque sea mentira y se demuestre que lo es.

Hablo con mi suegro y me informan que ellos están de mi parte. Espero que de verdad todo salga bien.

Escribo a Kelvin para ver si está en su casa para tomar una infusión. «Te espero», me dice, y ahora mismo estar a su lado es lo que más necesito.

Kelvin

El desfile ha sido un éxito. La chica que me lleva las redes informa que la gente está como loca conmigo. Le doy las gracias y me pasa los mejores mensajes. No los leo porque las redes son dañinas y, al final, si no lo filtras, te destruyen. A veces subo algo, pero sin querer mirar comentarios.

Abro la puerta a Reid cuando toca con los nudillos. No tiene buena cara. No la tenía esta noche. Sus ojos grises están muy apagados. Cojo las tazas y vamos a nuestro rincón. Espero a que hable, porque no puedo hacer otra cosa.

—Cuando nos casamos, me pegó. —Lo miro y pienso si he escuchado bien—.

Me dio una bofetada y alegó que me la merecía por haber dudado en casarme con ella.

No fue la primera bofetada, y siempre porque me la merecía.

Entonces, le respondí que lo mejor era separarnos y me prometió que podía joderme la vida.

Que ella era capaz de golpearse contra la puerta y fingir malos tratos.

Me acojoné, porque la creí capaz. ¿Cómo no iba a creerlo si, cuando menos me lo esperaba, me golpeaba la cara o me daba una patada?

Como jugaba al hockey, nadie lo veía raro, porque los golpes son parte de mi vida.

Les conté a sus padres que me quería separar y me dijeron que, cuando llegara el día, me apoyarían.

Pero, a pesar de eso, me pedían esperar, para ver si ella, tras hablar con ellos, cambiaba.

Como ellos son toda la familia que he tenido, les creí, porque no quería perderlos.

No lo he hecho antes por miedo… A ella, y porque no quería estar más solo.

¿Tiene sentido? Soy grande, fuerte y me da miedo.

Miedo a que me destruya sin hacer nada. Sin ser culpable.

Porque el hockey es mi vida y es todo lo que soy.

Noto dolor en el pecho. No puedo respirar. Tomo aire y me pierdo en sus bonitos ojos grises, sintiéndome una mierda como amigo.

—Has sufrido malos tratos.

—No es eso…

—Sí es eso, joder. Y yo he sido un mal amigo…

—No, no lo has sido. Voy a divorciarme de Alicia. Sus padres lo van a arreglar todo… y luego, luego a rezar para que no se le vaya la pinza, pero puede hacer cualquier cosa. Estoy cansado de tener miedo.

Asimilo esto, agitado por dentro y sintiendo cómo la rabia crece dentro de mí por ella. Por lo que le ha hecho a mi mejor amigo. Pensar eso me hace sentir mal porque un buen amigo no hubiera estado tan lejos de él.

—Joder, he sido un amigo de mierda… Solo pensé en cómo me sentía yo, pero debí estar ahí. Tú siempre has estado solo.

—No siempre. No es tu culpa, Kelvin, pero ahora que estoy aquí, contigo, me pregunto por qué sigo con ella. Porque no quiero. No quiero esta historia. Y estar a tu lado me da la fuerza que no he sentido estos años, en los que la ansiedad y la oscuridad eran parte de mi vida.

El dolor se hace más intenso en mi pecho.

—¿Y qué vas a hacer?

—Sus padres siempre han sido muy buenos conmigo. Me han pedido que espere a que puedan venir. Su abogado lo va a tramitar todo con el mío mientras tanto. Por primera vez en muchos años siento que puedo respirar.

—Y todo por verme. Si hubiera ido antes a verte…

—Tenía que ser ahora.

Nos miramos a los ojos y, a pesar de la penumbra, veo su dolor, pero también su liberación.

Busco su mano y la aprieto. Le toca empezar otro camino tras años de matrimonio.

Lo he visto con otros compañeros. Una vez se divorcian, se vuelven locos.

Es como si quisieran recuperar todo el tiempo perdido.

No sé si estoy preparado para esa etapa de él.

Aun así, no me iré de su lado. Esta vez me quedaré.

Y en el caso de Reid será peor porque tiene que superar los malos tratos. Joder, esto se pone feo.

—Todo irá bien.

—Eso quiero creer.

No hace por apartar la mano y yo tampoco. Por cómo late mi corazón, con tanta fuerza que parece querer destrozar mi pecho, sé que lo que sentía por Reid solo estaba en pausa.

Hoy, cuando lo vi, me derretí por él; por cómo le quedaba el traje y por su mirada. Todo era perfecto menos ella. Como siempre.

—Va a ser un camino complicado. Tal vez deberías buscar ayuda o denunciar.

—No puedo hacerles eso a sus padres y no tengo pruebas. Solo será mi verdad contra la de ella.

—Bueno, pues habla con los del equipo. Ponlos al tanto de todo y que ellos vean cómo capear esto. Ellos deben saberlo porque Alicia es una cabrona. Siempre lo fue.

—Yo no lo vi. Conmigo era diferente.

—Lo sé, pero no esperaba que llegara tan lejos… y te dejé con ella.

—Kelvin…

—No sé cómo perdonarme esto, Reid. Eres mi mejor amigo.

—Estabas enamorado de mí y te dolía.

—Me duele más no haber estado ahí para ti.

Acaricia mi mano y nos miramos sin hacer nada salvo estar ahí. Nos vamos al sofá para estar más cómodos y, cuando se duerme, lo miro dormir con el gesto cansado, a pesar de estar descansando.

No pienso irme de su lado, cueste lo que cueste.