Ponme a prueba Capítulo 7
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Capítulo 7

Kelvin

Reid me escribe para decirme que se quedan con el piso y que puede instalarse hoy, al final. Cuando acabe el entrenamiento, bajarán sus cosas. Le digo que le echo una mano y me da las gracias.

Estoy en una reunión con mi agente.

—Quieres que tenga otra cita falsa con una mujer.

—Sí, a los de cotilleos de Boston les gusta. Y queremos que en las redes se hable de ti.

—Y se habla cuando creen que voy a sentar la cabeza.

—Sabes que sí.

Por desgracia, lo sé. No hablan de cómo desfilo o de mis fotos.

Hablan más cuando me pillan con alguien.

Le digo que vale y que me diga hora de la cena, y todo.

Solo es un trabajo y la chica está al tanto de que todo es mentira.

Firma un contrato de confidencialidad. Es lo mismo de siempre, pero cada vez me siento peor porque me traiciono a mí mismo.

Tengo varias reuniones y luego voy a ver a Nova. Cuando entro a su despacho, es casi la hora de la comida y pide comida para los dos. Comemos juntos y le cuento mi noche sin dormir, hablando con Reid, como hace años.

—Todo sigue igual entre los dos —añado—. Y, a la vez, es diferente. Lo noto muy triste. Antes, sus ojos grises brillaban más. Ahora parece cansado. Y siento que he sido un amigo de mierda.

—No podías verlo con ella y que no te doliera.

—Ahora sigue doliendo porque veo que no son el uno para el otro. Todo sería más fácil si no sintiera que comete un error al seguir con ella.

—¿Por qué te cae mal Alicia? La verdad es que a mí no me cayó muy bien que digamos. Menos aún cuando le dio ese pisotón. Que, a ver, yo también casi me desmayé con mundo seta, pero no sé, en su mirada vi como si se creyera superior a nosotros.

—Se lo cree. Y no le hizo caso a Reid, hasta que corrió por el campus que sería fichado por un gran equipo y cobraría una pasta. Entonces, pasó de ignorarlo a aceptar quedar con él. Todo muy de repente.

—¿Se lo dijiste a Reid?

—Sí, claro, pero me dijo que no me creía. Que con él era amor.

—Pues ha debido de dejarse todo su lado amoroso en el pasado.

—Ha debido, sí, o siempre fue así. Una manipuladora. El día de la boda me abrazó y me dijo: «¿A que te jode verme con él?».

—¿En serio?

—Sí, me fui por mí y por ellos, porque, si me quedaba cerca, no iba a soportar ver que entre todo el mundo elegía a una mujer así. Ahora siento que, si me hubiera quedado a su lado, tal vez no llevaría tantos años casado con ella.

—Cada uno siguió su camino, Kelvin. Es mejor mirar al presente. Ahora está aquí.

—Sí.

—Y ahora acaba de comer, que quiero que revisemos con Mara, que está a punto de venir, lo del desfile de mañana.

—¿Por qué no estás estos días en tu despacho cerca de tu casa?

—Porque los eventos son en el hostal y así no tengo que cocinar.

Mara, su socia, no tarda en venir. La conozco desde antes que a Nova, porque organizaba eventos donde yo desfilaba.

Es muy buena gente. Vamos los tres a ver cómo van organizando lo del desfile de mañana.

Como aún hace buen tiempo, será en la zona de la piscina, como otras veces, pero esta vez con luz y sonido.

Cada pisada parecerá que rompemos el hielo. Van a poner unas pantallas en el agua.

Al acabar de ver que todo esté bien, voy a mi casa para ayudar a Reid con la mudanza. Al verme, sonríe y noto cómo las mariposas danzan en mi estómago. Odio que lo hagan, porque solo puede ser mi amigo. Es hetero y está casado.

—Gracias por venir. Alicia sigue de compras.

—Supongo que está molesta por lo de ayer.

—Sí… Es complicado todo. —Y de nuevo veo el dolor en sus ojos y me mata por dentro.

No sé cómo decirle que rompa con todo, si no es feliz, porque yo no sé lo que le impulsa a intentarlo, a pesar de la infelicidad. No estoy en su piel.

Cogemos sus cosas y lo organizamos en su nuevo piso.

Tiene un cuarto para sus cosas de deporte.

Las dejamos ahí, con el resto de sus pertenencias; el vestidor, junto a la cama de matrimonio, es para las cosas de Alicia.

No me pasa desapercibido que casi todos los vestidos van con etiqueta. Y son muy caros.

No comento nada y lo ayudo. Geno se apunta cuando está todo casi acabado y nos dice que tiene cena en su casa.

Alicia llega cuando vamos a subir a cenar y dice que está cansada.

El conserje entra con un montón de paquetes y cajas.

Vamos a ayudarlo. Reid le da las gracias y le da dinero por el sobreesfuerzo.

Nueva ropa para su colección.

De nuevo me digo que es su vida y me callo lo que pienso mientras cenamos con Geno. Su casa es peculiar porque es moderna y llena de muebles antiguos. Una mezcla tan loca como ella.

Al acabar, me despido de Reid. Se me hace raro no tenerlo en mi casa, y eso que solo han sido unos días. Me preparo un té y le hago una foto.

Reid: ¿Me preparas uno?

Kelvin: Claro, pero ponemos la alarma, que hoy tengo que dormir. En dos horas a tu casa.

A sus órdenes. Abre la puerta.

Voy hasta la puerta y abro. Va con el pijama. Uno gris, con una camiseta blanca de manga corta. Yo llevo uno negro, solo el pantalón. Reid sonríe y luego baja los ojos por mi cuerpo.

—Estás fuerte, cabrón.

—Es lo que tiene machacarse en el gimnasio. —Se ríe y toca mi torso.

Lo hace como un colega, pero mi cuerpo tiembla y temo que se levante cierta zona de mi anatomía.

—Eres jodidamente sexi, Kelvin. Estoy deseando verte desfilar.

—A ver si te vas a empalmar por la emoción. —Se ríe y vamos a preparar el té. Es un té sin teína, porque el agua ya está hirviendo.

Preparamos todo y vamos a nuestros sofás. Yo ya los doy por los nuestros, como la taza. Tomamos el té en silencio y luego me habla de su día. De los entrenamientos.

—El entrenador es duro, pero eso me gusta. Me gusta que quiera sacar todo de mí.

—Eso es bueno y ábrete a los jugadores.

—Eso he pensado. En mi otro equipo no era por ellos, sino que me costaba estar bien con ellos cuando por dentro sentía un terremoto.

—¿Por Alicia?

—Sí, no han ido las cosas bien nunca. No sé bien por qué sigo. —Mueve la taza—. Hace años que ni tenemos sexo.

—¿Y no se te cae a trozos?

—¡Tonto!

—En verdad, yo también hace tiempo que no estoy con nadie.

—¿Por miedo a que te pillen? —Asiento.

—Y porque no puedo ofrecer a alguien ser solo un secreto. Me dijeron que pronto podría decir que era gay, pero ese pronto se está convirtiendo en años.

—Es una putada.

—Lo es, sí.

—No puedes aferrarte a ella solo por tener una familia. —Reid agacha la mirada y sé que no quiere hablar de su pasado.

Al menos, no ahora. Por eso, lo dejo pasar porque sé lo que vivió de niño y por eso creo que ha aguantado más toda esta situación, ya que los padres de Alicia, desde que empezó con ella, le abrieron las puertas de su casa.

Ya por ese entonces me pregunté si de Alicia lo que más le gustaba eran sus padres.

Y pensar eso me hacía sentir un egoísta, por no entender el amor de mi amigo.

Hablamos un poco más hasta que suena la alarma. Lo acompaño hasta la puerta y, antes de irse, me abraza. Y noto su pesar.

—Todo irá bien.

—Eso espero.

Nos miramos a los ojos y es como si lo viera por primera vez, porque su forma de observarme es intensa, como si él reparara en todos los matices de mi mirada de repente.

—Nos vemos mañana en el desfile.

—Claro.

Con él y con Alicia. No la soportaba y ahora menos. Odio que lo haga infeliz y también me molesta que Reid no sepa decir basta. Pero sé que no es la primera persona que trata de salvar un barco que ya se hundió hace tiempo.

Y, sabiendo el pasado de Reid, sé por qué sigue ahí, y una vez más siento que le fallé.