Capítulo 6
Reid
Llego al piso de Kelvin y temo haberme pasado con mi mensaje. Llevo la bolsa del equipo. Me han dado todo. Quiero hablar con él para ver que estamos bien. Temo haber sido un bocazas.
Kelvin me ve con la bolsa y sonríe.
—Anda, ven.
Vamos a su despacho y me dice dónde puedo dejar todas mis cosas. Ha habilitado una cómoda para mis cosas.
—Solo vamos a estar unos días.
—Quiero que estés cómodo. —Se toca el pelo. Ese pelo rubio que parece tan suave. ¿Siempre fue tan guapo? Creo que cada vez que lo veo me parece mucho más sexi.
—¿Te han maquillado para las fotos?
—No, hoy no. Solo eran de ropa interior.
—Ah, bien… Sobre el mensaje… Yo… ¿Estamos bien?
—Estamos bien. —Se apoya en la mesa—. Pero ¿me puedes aclarar a qué te referías? —Cruza los brazos sobre su pecho y su postura me parece muy sexi. Demasiado. De golpe tengo calor. ¿Por qué me estoy fijando en sus fuertes brazos?
—Joder, en tu casa hace calor.
—Ah, cierto. No he puesto el aire. Estamos a final de agosto y ya refresca más.
Va al termostato de la pared y lo pone más bajo.
—Yo me refería… Intuía que sentías algo por mí.
Lo tuve claro la noche de mi despedida de soltero.
Me miraste como si te doliera que me casara al día siguiente y pensé que era porque Alicia no te caía bien, pero no dejé de pensar en tu mirada todo el día…
Y, cuando me dijiste que te ibas, lo supe. Supe que era por mí.
Kelvin me mira fijamente. Clava sus ojazos azules en mí y veo que tienen cientos de motas en las que me encanta perderme.
—Ya… Bueno, cosas que no se controlan.
Lo confirma y noto cómo los latidos de mi pecho se aceleran. No entiendo por qué, cuando estamos hablando en pasado.
—Lo siento. Yo… no quería hacerte daño. Esperaba que el tiempo pudiera hacer que fuéramos amigos sin que te doliera mi boda.
—Es justo lo que ha pasado —añade y me siento aliviado y nervioso a la vez. No ha negado que sintiera algo por mí.
—No me importaba que te gustara. Me dolía no corresponderte, hacerte daño, pero, joder, saber que sentías eso por mí me halaga. Eres el mejor tío que conozco.
—Gracias y todo olvidado. Ahora no queda nada.
—Vale.
Aclarado y bien… ¿No? No lo sé. De golpe siento algo pesado en el pecho.
—¿Qué ha dicho? —escucho que alguien murmura.
—Shh…, calla, que nos oyen. —Salgo del cuarto y veo a Geno con otra mujer más joven, de mi edad más o menos.
—Eh, hola —dice la joven—. Joder, mira que estás bueno. Normal que a Kelvin le gustaras, porque tela… ¿Tienes un hermano gemelo?
—Reid, esta es Maeve, la hermana de Nova. Es la mejor amiga de la que te hablé.
—Eso, ella es la mejor amiga y yo la hermana. ¡Como si no pudiera ser también tu mejor amiga!
—Eres muy pesada para eso —la pica Kelvin, pero, tal y como la mira, sé que la quiere mucho—. Me gusta más que tú seas como mi hermana mayor.
—Ah, vale. Me vale.
Vamos al salón, tras hacer las presentaciones y, cómo no, las dos se apuntan a ver el piso.
De Alicia sé lo justo y, si quiero saber más, solo tengo que mirar los extractos de la cuenta bancaria.
No deja de gastar dinero desde que la dejé en un centro comercial.
Cuando está cabreada, compra más cosas de las que necesita para joderme.
El piso me gusta. Es como el de Kelvin. Está justo debajo y es espacioso. Además, tiene un vestidor para que Alicia pueda poner todas sus cosas.
—El piso está bien, y lo pueden alquilar, por si no os gusta vivir aquí, visto lo visto —añade Petra—. Pero pienso que para ti el otro encajaba mejor.
—Ya, pero a ella también le tenía que gustar.
—Sí. —Me deja las llaves—. Kelvin confía en ti. Ven con tu mujer, cuando ella pueda, y, si le gusta, vemos de hacer todos los papeles. Lo otro ya está arreglado y cancelado.
—Gracias por todo.
—De nada.
Tras ver todo el piso y hacer fotos para Alicia, que le mando, regresamos a casa de Kelvin. Está llena de gente que no sé de dónde ha salido, y Alicia está en el sofá con un consolador en las manos.
—Necesito que todos probéis los nuevos productos y me hagáis una reseña para la web.
La mujer se nos acerca y se presenta, junto con el resto. Se llama Naira y es la hermana de Kalen, el marido de Nova. Luego se presentan los padres de Nova, que me dan un abrazo fuerte. Alicia me mira con cara de querer matarme mientras Geno coge una polla de goma roja y la estudia.
—El otro día leí un libro que describía el miembro como quince de contorno. Un parto… o una escritora que no ha follado en la vida. —Geno se ríe y tantea a ver qué consolador le gusta más para probar.
Alicia me mira roja de ira y pone la polla de goma en la mesa.
La puerta se abre y me presentan a Nova y a Kalen.
Estos cogen un par de juguetes y se ponen todos.
Nunca he usado estas cosas con Alicia. Solo hay que ver su cara.
Me mira enfadada como si esto fuera mi culpa, cuando en verdad es la de ella por no querer dormir en el otro lugar.
—Entonces, ¿qué tenemos que hacer con esto? —añado y cojo un lubricante de menta.
—Probarlo y ver si te gusta. A la gente le gusta leer impresiones. Siempre son anónimas en mi web —responde Naira.
—Ah, bien. ¿Puedo llevarme varios para probar? —«Solo», pero eso no lo digo.
—Claro.
Alicia me mira; si tuviera mirada asesina, creo que ya estaría muerto. Ella hace señas para irnos al cuarto, pero yo estoy a gusto aquí. Geno nos cuenta sus experiencias y Nova se ríe cuando dicen que, cuando ella entró el primer día a la tienda, no sabía si morirse o salir corriendo.
Como estoy sentado al lado de Alicia, noto cómo me empieza a pellizcar para dejar claro su mensaje. Me hace daño. La cabrona no afloja.
—Tenemos grabada tu cara. —Geno saca el móvil y la pone. Se ve la cara de terror de Nova por las cámaras de seguridad. Kelvin está sentado mirando a esta peculiar familia feliz.
Y Alicia…
¡Joder!
Me acaba de dar un pisotón porque, al parecer, no he tenido suficiente con su pellizco.
—Ahora venimos. Voy a ver una cosa en nuestro cuarto.
Alicia se levanta y vamos a nuestro cuarto. Nada más cerrar, me mira fuera de sí.
—¡¿Se puede saber dónde me has traído?! ¡Me han tocado con cosas de goma!
—Son consoladores, cariño. No te van a hacer nada.
—¡Tengo más clase que ellos!
—Por cómo estás gritando ahora, lo dudo.
—Eres… —Se encierra en el aseo—. ¡No pienso salir a cenar! Diles que no me encuentro bien.
Salgo y veo a todos riendo por las caras de Geno, al coger un juguete tras otro. Les digo que Alicia está cansada, tras un día de compras, y se va a acostar antes.
—Vamos, que la hemos asustado con mundo seta —añade Geno—. Pobrecita. ¿Quieres que entre a hablar con ella? En verdad, somos gente muy normal.
—No hace falta.
Kelvin no deja de mirarme y sé que está buscando la verdad en mis ojos. Como hacía antes y como yo hacía con él. Cómo lo he echado de menos. Me he sentido muy solo y creo que, al final, se me fue de la mano eso de darle tiempo para que me olvidara.
Preparamos la mesa para la cena y me gusta ser parte de esto.
Hace tiempo que no tengo una comida familiar.
O bueno, una así. Los padres de Alicia nos invitan a comer cuando vienen de visita.
Siempre se quedan en un hotel para tener intimidad.
No les gusta molestar. Son muy buena gente.
Y siempre ando en contacto con ellos por su hija, porque ella casi no les hace caso.
Me piden paciencia y yo… yo tengo miedo de perder la única familia que he tenido…
Si es que a esto se le puede llamar familia.
Miro a Kelvin, que no deja de buscar algo en mis ojos, y me pregunto si ha sido buena idea decirle de estar juntos de nuevo.
Él sabía verlo todo de mí y tengo miedo de que ahora mis tormentas sean demasiado evidentes para él, o tal vez por eso venir fue como un rayo de luz, porque necesito recordar cómo era ser feliz. Y a su lado siempre lo fui.
Él es lo mejor que me ha pasado en la vida.
—¿Listo para darlo todo en tu nuevo equipo? —me pregunta Steven.
—Sí, el entrenamiento ha ido bien.
—Yo me voy a hacer un pase de temporada para apoyarte —añade Steven y mira a Kelvin—. Con él.
—Ah, gracias por preguntarme si quiero ir a ver cómo se come el hielo —mi amigo me pica—. ¿No vi ya suficientes partidos tuyos en la universidad?
—No, tienes que estar ahí cada partido, como si fueras mi amuleto de la suerte.
—Qué condena —bromea Kelvin y luego me guiña un ojo, que hace burbujear algo en mi pecho.
Aparto la mirada y me centro en la cena. Nova nos invita a Alicia y a mí al evento del fin de semana para ver a Kelvin desfilar, y les digo que estaré ahí el primero. Estoy deseando ver a mi amigo desfilar.
Se marchan tras el postre y Geno me da un abrazo fuerte. Me dice que le gusta tenerme por aquí.
Es raro todo esto. Me siento ese niño perdido de hace años. Incómodo, aparto esos pensamientos de mi mente.
Kelvin me mira divertido.
—A mí también me adoptaron —me dice y luego se ofrece a tomar algo.
Elegimos una infusión, que nos encantaba en la universidad. Cuando nos quedábamos por la noche, sin poder dormir por los exámenes. Nos sentamos cerca de la cristalera para ver la ciudad en calma.
Tomo aire. Joder, cómo echaba de menos esto.
Tenerlo cerca de nuevo.
Estoy temblando, como si llevara años corriendo sin parar a ninguna parte. Y, cuando lo miro, no sé cómo decirle lo que me pasa.
—Debí hacer por verte más —añado.
—O yo. He sido un amigo de mierda.
—Nunca más —le prometo.
—Nunca más. —Choca su taza con la mía y bebemos juntos mientras hablamos entre susurros de cómo han sido estos años.
Y estar aquí es como un bálsamo para mis heridas.
No hago por irme, ni él tampoco. Me cuenta cómo empezó en la moda, que fue casi por casualidad, porque le dijeron de hacerle unas fotos.
Que no quieren que se sepa que es gay. Esto le duele; lo veo en sus ojos.
A mí me molesta que la gente sea así: da igual a quién ames, porque no dejas de ser tú mismo.
Deberíamos valorar quién eres tú como persona, por encima de quién te gusta.
Le hablo de cómo me gusta jugar, pero cómo me cuesta abrirme con los compañeros.
Nos pilla el amanecer. Lo vemos juntos, como tantas veces años atrás, y lo miro a él.
Joder, ¿siempre fue tan guapo? Me encanta su boca.
Tiene una boca jugosa y llena. ¿Será suave?
Aparto la mirada, confundido. El sueño me está afectando.
—Me voy a la cama a dormir algo.
Se ríe, porque sabe que no voy a dormir una mierda. Nos despedimos y, cuando entro a mi cuarto, Alicia se levanta de la cama y me mira con mala leche.
—A mí me daría vergüenza que me dejaras sola en esta cama por ellos.
No respondo. No quiero que me joda esta noche.
Entro en la cama para dormir un par de horas y, mientras le doy la espalda a mi mujer, me pregunto una vez más por qué sigo intentando salvar lo insalvable.
Y Alicia, para demostrar su enfado, me golpea en la espalda con el codo. Me trago el dolor como si estuviera en la pista de hielo y un adversario me noqueara. Pero ella es mi esposa y, por eso, su golpe duele más.