Ponme a prueba Capítulo 5
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Capítulo 5

Kelvin

No están bien; como pareja son un puto desastre.

No salgo de mi cuarto hasta que dejo de escuchar sus gritos.

Al parecer, Reid tiene que ir al entrenamiento y ella quiere que la lleve a un sitio abierto, a su gusto.

Nada le gusta. Nada, y Reid va tarde. Lo peor es que es su primer vistazo al equipo.

Noto en su voz que se está poniendo nervioso.

Al final se marchan y me pregunto si siempre ha sido así o si esto se rompió en algún momento.

Que Alicia no me cae bien ya no es un secreto.

Siempre me pareció egoísta y una niña mimada por sus padres en exceso, que siempre le han dado lo que quería.

Sobre todo, desde que me dijo que yo lo miraba con ojos de enamorado, pero nunca podría saber lo que sentía al follar con él.

Que él siempre sería de ella o de nadie.

En las novelas románticas, así dark , tiene su pronto, pero en la vida real acojona. Luego se rio y dijo que era broma. Yo no la creí y me sentí mal por no hacerlo. Por ver ese lado suyo.

Tocan a mi timbre y salgo sabiendo que es Geno. Y así es. Va en pijama, uno con ositos en posturas del Kamasutra.

—¿Sabías qué era antes de pedirlo?

—No veo una mierda sin gafas. Pensaba que eran ositos cariñosos. Luego me gustó más al ver el tipo de cariño que se dan. Ellos sí saben vivir la vida.

—Cómo no.

Geno antes tenía un sex shop . Tras vivir con una familia que la reprimía y la obligaba a esconder su fuego, rompió con todo y montó un sex shop que ahora regenta su sobrina.

Y es muy feliz allí con su novia. Yo voy más de una vez para ver cómo va, con Geno.

Y en algunas charlas digo que voy para hacerles promoción en redes.

Mucha gente, por verme, se acerca. Me hago fotos y firmo cosas.

Cualquier cosa por apoyar a mis amigos. Ellos son mi familia. Porque la mía no quiere saber mucho de mí, a menos que les presente a una novia, y eso no va a pasar.

Lo peor es que, cuando me sentía solo, me preguntaba si podía hacer algo así: guardar mis deseos para que ellos fueran felices y recuperarlos.

Estaba planteándome eso, cuando empecé a hacerme más amigo de Nova y Geno, mis vecinas en mi otra casa.

Ellas, sin saberlo, llenaron el vacío en mi pecho o tal vez sí lo saben y por eso Geno se vino conmigo al mismo edificio.

—Cambiando de tema y dejando a mis osos felices con sus orgasmos, ¿los has escuchado discutir?

—Sí, al parecer su matrimonio no es muy feliz ahora.

—Y no te alegra.

—Mi amigo me importa. Quiero que sea feliz.

—Nunca lo será con esa bruja. Solo le falta la escoba. Yo soy un hada de cuento y ella la bruja que se come a los niños por la noche.

—Joder, qué sádica te has levantado. —Se ríe—. ¿Has desayunado?

—No. Ven a mi casa, que tengo más cosas.

Voy a su casa y Nova me llama para preguntarme por Reid, y por todo. Geno la pone al día mientras desayunamos.

—Tenemos una bruja en la ciudad. Con cara de acelga. Ayer casi vomitó sobre mi comida. Sus caras de asco eran para enmarcarlas.

—Madre mía —añade mi amiga.

—¿Y qué dice Reid? —Esto lo dice la hermana de Nova.

Supongo que el equipo cotilla está reunido en el despacho de Nova. El equipo cotilla son sus padres. La parte de arriba del hostal es su casa. La mitad de Maeve y la otra de sus padres.

—Nada. Parece agotado —admito—. No me gustó cómo lo vi. Y siento que debí estar para él hace años.

—Cariño, no podías —añade Geno y me aprieta la mano—. Pero ahora estás aquí y llegas tarde a tu sesión de fotos.

—¡Joder!

Geno se sabe toda mi agenda; por eso no me sorprende que me meta prisa. Voy a mi casa y me preparo para irme. Al salir, tengo varios mensajes de Reid.

Reid: He tenido que irme al entrenamiento.

He cogido el coche de alquiler.

Espero que esta mañana no te hayamos despertado. Alicia está algo nerviosa con tantos cambios. Se le pasará. Esta tarde iré a ver el piso. Cuanto antes nos vayamos, mejor para ti. No te mereces todo esto.

Kelvin: Solo me duele no haber estado antes para ti. Lo siento, tío… No sabía cómo estar, y luego el tiempo pasó.

Lo sé, Kelvin. Sé por qué te alejaste y por eso te dejé ir. Tal vez también fue egoísta.

No digo nada. No puedo. Entro a mi coche y leo varias veces el mensaje. No, imposible. No puede ser lo que creo. Le doy un «ok» con el emoji, y no dejo de rayarme por su mensaje toda la sesión de fotos.

***

—Yo creo que puede ser porque creía que estabas enfadado por casarse con alguien que no te cae bien. —Nova lee el mensaje a su madre Susan y a su padre Steven.

Su hermana entra a la carrera y lo lee.

—Sabe que le ponías ojitos. Está claro —añade Maeve—. Me apuesto cincuenta dólares.

—Nada de apostar —alega Nova. Pero los otros tres dicen «yo voy con cincuenta más». Nova pone los ojos en blanco—. Mira, os doy por imposibles. —Los mira con cara de enfado y luego pone cara de tontita.

Todos miramos a la puerta y ahí está su marido, Kalen. Nova va hacia él y se besan como si no hubieran follado en la vida.

—Joder, me han puesto caliente solo con un beso —apunta Maeve—. Creo que llevo demasiado tiempo a dos velas. ¿Nos vamos en un rato de cervezas? —me pregunta.

—He quedado con Reid para ir a ver su piso.

—Podemos ir todos —pide Susan poniendo ojitos.

—No, que lo asustáis, y ya demasiado tiene con Geno.

—Ella no puede ser más vip que yo —matiza Susan—. Yo soy tu madre adoptiva. Esta noche cenamos en tu casa. ¿Cojo carne en salsa del restaurante? Es lo que mejor le sale al chef de pacotilla que tenemos ahora.

Les está costando un poco encontrar un buen chef para el hostal.

—No —les digo en un intento desesperado de salirme con la mía.

—A las siete estamos allí. Puedes ver el piso con él solo y luego nos vemos en tu casa. —Susan me da un beso y se lleva a su marido.

—Vamos, que cerveza y sexo mejor lo dejamos para nunca —apunta Maeve.

—Siempre puedes usar la app de citas —la pica su cuñado.

—Ninguno me gusta. Todos me aburren. —Maeve me mira—. Me apunto a ver el piso contigo y con Reid. Luego nos tomamos una cerveza en tu casa mientras llegan el resto de las personas. Escribo a tu hermana. —Kalen asiente divertido por mi cara.

—¿Es que no los conoces ya? Van a hacer lo que quieran. —Mi amigo da un beso a su mujer.

—Siempre. Y ahora déjame trabajar. Todos fuera, menos Kalen.

—Claro, que con él vas a trabajar mucho —apunta su hermana—. A menos que queráis sexo guarro en la oficina. ¡Qué asco dais!

Nos despedimos de ellos y sigo a Maeve a su casa para que se cambie. Mientras la espero, releo el mensaje de Reid y pienso si de verdad sabía qué ocultaba mi mirada y me dejó ir para no hacerme daño.

Tenemos una conversación pendiente, una que dudo que pueda darse esta noche con toda la tropa de cotillas.