Ponme a prueba Capítulo 3
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Capítulo 3

Kelvin

Llegamos a Back Bay y la casa por fuera es antigua, pero, por dentro, está completamente reformada. Dejamos el coche en el garaje de la vivienda y entramos a esta por la puerta del garaje, que comunica con el sótano de la vivienda.

Tiene tres plantas. Techos altos y suelos de madera oscura. Lo que más le ha gustado a Reid es el gimnasio del sótano y una zona para guardar el equipo. Por cómo lo mira todo, sé que le gusta mucho. El cuarto principal es amplio y con vestidor; además, tiene dos cuartos más.

Manda fotos de todo a Alicia y esta le dice que le gusta.

Hablan de las condiciones de venta y vamos de vuelta al despacho para cerrarlo todo.

Al final, no pueden irse tan rápido como esperaban, porque tardarán unos cinco días en tenerlo todo resuelto.

Reid me mira agobiado. Y más cuando Petra le dice que pueden ser más para firmar la venta, pero que, por esa zona, salen más casas de ese estilo cada poco.

Si esa le gusta, pueden enseñarle más así.

—No pasa nada, mi casa es amplia. Quedaos ahí el tiempo que necesitéis.

—Gracias. —Me da un apretón en la pierna que, para mi desgracia, me hace temblar.

Vaya suerte la mía. Los voy a tener en mi casa.

Yo me alejé de ellos por una razón y ahora los voy a tener en mi casa mínimo cinco días.

Al salir, vamos a un concesionario porque Reid necesita un coche.

Le gusta uno de alta gama deportivo que tendrán en dos días.

Le dejan uno de alquiler para este tiempo y vamos con este a la vivienda que alquilaron a toda prisa para recoger las cosas y llevarlas a mi piso.

No es el mejor lugar del mundo, pero no huele a muerto. Huele a casa antigua, pero sin más. Y está todo muy limpio y cuidado. No es un lugar de mala muerte.

—¿Tú hueles a muerto?

—No.

—Vale, joder, ya creía que me estaba volviendo loco.

—El lugar tiene su encanto. Yo vivía en un edificio antiguo antes y me gustaba. Ahora es más moderno, pero esta casa no está mal.

—Alicia no se ha tomado muy bien el traslado. Sabíamos que podía pasar, pero esperaba que no. Ella era feliz allí con sus amigos y conocidos.

—No tiene que ser fácil. ¿Y para ti cómo ha sido?

—¿Con sinceridad? Me da igual. No terminaba de encajar en el equipo. Jugaba bien y quedaba con ellos…, pero no hice lazos fuertes.

Siento que hay algo más tras esa afirmación; de nuevo noto que Reid me oculta cosas. Antes me era más fácil leerlo. Tal vez porque antes pasábamos tanto tiempo juntos que sabía qué pensaba con solo una mirada.

—Vaya, lo siento.

—Sabes que soy un poco complicado para las amistades.

Sonríe con tristeza y me siento un poco mierda por haberle dejado de lado estos años, porque quería olvidarlo sabiendo que Reid es muy solitario y le cuesta abrirse.

Y, cuando algo le preocupa, se suele llevar los problemas al hielo.

En los partidos lo da todo. Se centra y tiene mucha visión de juego, pero luego se cierra en banda.

Le pasó antes de la boda. En los entrenamientos no daba una.

Luego, era el mejor en el partido, pero la presión por una boda perfecta para Alicia le pasó factura en el equipo.

—Bueno, te presentaré a mis conocidos. Así tendrás más de uno.

—Como si me importara no tener más que un amigo de verdad.

—Nueva meta, Reid: no cerrarte a la gente. Conmigo no lo hiciste y eres un tío increíble.

—Vale, pero no prometo nada. —Asiento y, tras recoger todo, vamos a su coche y le digo la dirección de mi casa.

***

Entramos en mi casa y Reid se queda encantado con los ventanales altos y las vistas al Boston Harbor, el puerto de Boston.

Le digo dónde está su cuarto. El salón es grande y comunica con la cocina. Los suelos brillan tanto que parecen de cristal y la decoración ya estaba así cuando lo alquilé. Todo en colores gris y blanco.

—Me encanta.

Mira la pared de las fotos que me hizo Nova. Con fotos mías de modelo y una de los dos juntos. También tengo otra con su marido Kalen y con Geno; en algunas ella hace de modelo.

—¿Y esta mujer?

—Mi vecina, amiga y como una abuela adorable para mí. Dice que me ha adoptado como su nieto.

—Intuyo que tu familia sigue distante.

—No hablamos mucho desde hace años. Solo esperan que les llame para decirles que me caso con una mujer. Eso me dijeron la última vez, que les felicité las Navidades: que solo les escribiera si era para hablarles de mi vida con una mujer, que me hiciera sentar la cabeza.

—Vaya putada.

—Pues sí.

Tocan a la puerta y solo puede ser Geno. Mucho ha tardado en venir; vive enfrente y seguro que se ha asomado cuando ha escuchado voces. Abro la puerta y Geno entra vestida de naranja de pies a cabeza.

—¿Ahora eres la calabaza de Halloween? —la pico y me da en el brazo.

—No, idiota. Voy a una fiesta cromática en el hostal de Nova. ¿No te lo ha dicho?

—No me apunto a todas sus fiestas. —Gruñe.

—Anda, Reid. ¿Qué hace aquí tu mejor amigo, Kelvin, y por qué no sabía nada de esto? —Me mira—. ¿Se ha divorciado al fin?

—¡Geno! No, y lo han trasladado.

—Ah.

Miramos a Reid, que más que ofendido parece divertido. Saluda a Geno y esta le da un abrazo. Le cuento todo a Geno y está encantada de tener más vecinos, aunque sea por unos días. Reid no sabe dónde se está metiendo.

Lo miro y parece tranquilo.

Como si estar aquí le calmara y lo cierto es que, a pesar de todo, a mí también me calma tenerlo de nuevo en mi vida.