Capítulo 1
Kelvin
Entro al hostal de mi mejor amiga Nova.
Es una casa vieja de las afueras de Boston reformada, con unos jardines preciosos. Lo han dejado todo muy acogedor y tiene ese aire familiar y hogareño que busca la gente cuando va a un hostal.
Su madre, al verme, me da dos sonoros besos y me dice dónde puedo encontrar a Nova.
A mi mejor amiga la conocí cuando se vino a vivir a Boston y buscaba trabajo como una loca.
Cualquier cosa buscaba; así es como acabó trabajando en un sex shop , porque nuestra vecina Geno es una lianta de cuidado.
Aunque eso le hizo salir de su cueva y admitir que tenía un problema real con el sexo por no hablar con nadie de cómo se sintió tras su horrible primera vez.
Y, bueno, así conoció al amor de su vida, que ahora es su marido, Kalen, y otro de mis mejores amigos.
Luego le escribiré para darle la noticia de que Reid viene a jugar a nuestra ciudad.
«Va a flipar, al igual que Nova. Y la hermana de esta, Maeve», pienso al verlas a las dos en el despacho de Nova.
—Traes cara de que te pasa algo malo —añade Maeve.
—Ha pasado algo —afirmo y me siento en uno de los sofás. Nova deja de escribir y se pone a mi lado.
—¿Voy a por algo de comer? —pregunta Maeve, que es un poco mayor que Nova.
—No, quédate —le digo y se sienta cerca—. Reid me ha escrito. Fichaje de última hora, al parecer. Está de camino a Boston. Van a instalarse aquí. Llegará en unas horas con su mujer.
Las dos se quedan calladas; saben la historia y que he intentado olvidarlo.
No es que tenga muchas relaciones, sobre todo porque nadie puede saber que me gustan los hombres.
Eso limita mucho las cosas, porque no quiero esconder a nadie por mi culpa.
He tenido sexo sin compromiso, pero desde hace años nada, porque no sé en quién puedo confiar y en quién no.
Eso me agobia y hace que no disfrute del momento.
Tampoco es que en el sexo me fuera bien, porque nadie ha hecho que me olvide por unas horas de Reid.
Lo cual es una mierda. Entre que me agobia que me pillen y que no me sacan de la cabeza a Reid, hace tiempo que dejé de perseguir quimeras sexuales.
Una mierda, y ahora la llegada de Reid no mejora las cosas.
Voy a decir algo, pero justo suena mi móvil. Es Reid.
—Hola, tío —me dice al descolgar—. Necesito tu ayuda. —Escucho a alguien llorar.
—¿Todo bien?
—Bueno, sí, pero Alicia odia el piso donde nos han instalado hasta que encuentre algo mejor.
—¡Huele a muerte! —escucho que dice Alicia.
Su voz sigue siendo igual de irritante. Odio sentirme así ante ella.
Siempre he sentido que esta mujer escondía cosas.
Tal vez por cosas que me dijo o porque, cuando la veía con Reid, me dolía a morir.
Y eso hacía que tuviera que mirar hacia otro lado para no ahogarme.
Como estos años, en los que casi no hemos hablado, salvo por mensajes, porque, cuando me cuenta cosas de ella, no sé cómo procesar su feliz vida.
—No conozco esta ciudad, no sé dónde moverme y mañana tengo que estar con el equipo. No quiero dejarla sola con esta casa.
Reid parece nervioso, tenso y agitado. Hace tiempo que no hablamos por teléfono y percibo que algo no va bien.
—Vale, te mando una dirección de una buena inmobiliaria. Te veo en la puerta.
—Gracias, tío. Te debo una gorda. Te la pagaré. Ahora no te vas a librar de mí. ¿Entendido?
—Entendido, pesado. —Se ríe y su risa se cuela en mi pecho. La echaba mucho de menos y a él, joder, a él más.
Cuelgo y mis amigas lo han escuchado todo.
—Bueno, no podemos negar que va a ser una putada tenerlo tan cerca si tu meta siempre fue olvidarlo. —Nova me mira fijamente—. Creo que ahora sí deberíamos comer algo para animarte.
Maeve no necesita más para ir a buscar comida.
—Todo irá bien —me dice Nova.
—Claro.
Eso le digo, pero, por dentro, no sé cómo afrontar todo esto. Ni tenerlo delante y no mirarlo como si fuera mi todo.
Una mierda, vamos.