CAPÍTULO 8
Encrucijada en Iguazú
Mientras tanto Gabriel llego a la fábrica entro en su despacho y fue a la caja fuerte abrió y saco toda la documentación de su interior metiéndola en una cartera de piel negra, al ponerla sobre la mesa tapo la nota que la secretaria le había dejado, Gabriel recogió todas sus pertenencias,
lo más importante algunos trofeos que metió en una caja, fotos, y documentos, se sirvió una copa y se sentó junto la ventana desde donde se veían las cuadras,
estuvo observando cómo los nuevo propietarios comenzaban a descargar camiones de materiales y le daba instrucciones a Alina la que hasta ese momento era secretaria de Gabriel, termino su copa cogió la caja metió dentro la cartera con los documentos y salió cerrando tras de sí la puerta,
Óscar le abrió el maletero, dejo allí sus cosas, se subió al coche y le dijo.
―Llévame al centro quiero ir a tomar un café a Recoleta. ―Óscar, como siempre sin más vacilación se subió al coche y emprendió la marcha. Por el espejo hubieran podido ver a la secretaria que salía tras de ellos con la nota en la mano, pero salieron del recinto y los perdió de vista.
Óscar miraba por el espejo y le dijo
―¿Puedo preguntarle algo?
―Claro dime
―¿Qué sabe de la señorita Marta? ―Gabriel se quedó pensativo y al momento le respondió―: Nada, Óscar, la verdad que no sé dónde está. Es posible que no quiera nada más conmigo que fuera una aventura de un día no lo sé.
―Pues yo creo que no fíjese que tengo la sensación de que a ella usted le gustaba, puede que le haya ocurrido algo
―Puede ―respondió él con tono cansado―. Ahora solo quiero tomarme un buen café ya luego pensaré en algo
―Como quieras pero a mí me parece una mujer muy interesante y hermosa si me lo permites
―A mí también Óscar.
Por un momento a Marta le dio la sensación de haberse cruzado con el coche de Gabriel y efectivamente sus caminos se volvieron a cruzar ella saliendo de Buenos Aires y él entrando.
―Me estoy obsesionando con lo grande que es esta ciudad pensó Marta y voy a cruzarme con él. En ese momento el autobús comenzó a girar entrando en una estación la única parada en la ciudad.
―Señores viajeros hacemos una parada de 15 minutos por favor quédense cerca del autobús y no salgan de la terminal.
Marta bajó para ir al aseo, cruzó las dársenas hasta una sala de espera donde había aseos y máquinas expendedoras.
Al salir del aseo delante de la puerta de acceso a las dársenas estaba esperándola Gustavo el agente del CESID.
Marta se quedó helada sintió miedo pero no podía hacer nada aquel hombre le cortaba el paso
―No tema señora solo quiero hablar con usted nada más; ya veo que ha dejado de estar con él, sentémonos por favor ―señalando unos bancos de madera. Marta aceptó y se sentó.
―¿Qué quiere de mí? ―preguntó visiblemente asustada―. ¿Y cómo me ha localizado?
―No esté asustada no tiene nada que temer pero necesitamos de su colaboración para detenerle; tiene que volver a verlo.
―Eso es imposible no sabe dónde estoy ni yo sé dónde está él, olvídese de mí por favor ―le dijo tratando de levantarse. El hombre le tomó de la mano y le dijo
―Escúcheme por favor es un momento, necesitamos que usted quede con él y le ponga unas gotas en una bebida de este frasco ―Gustavo sacó de su bolsillo un pequeño frasco similar a un frasquito de perfume y trató de dárselo
―¿Está loco? ¿Cómo voy a hacer algo así? no para nada déjeme tranquila por favor o gritaré.
―Por favor ―insistió Gustavo agarrando la mano de marta dejándole el frasco en ella y apretándosela le dijo
―Solo tienes que ponerle las gotas él se dormirá y nosotros entraremos nos lo llevamos y nunca más sabrás de nosotros ni de él; todo quedará en el olvido.
―¡Señores pasajeros, destino Iguazú regresen a sus asientos! ―Marta se levantó y se encaminó hacia la puerta.
El agente le dijo.
―Nos volveremos a ver cuando regrese entonces será el momento perfecto. Buen viaje.
―Marta no respondió acelero el paso y cruzó las dársenas subiéndose de nuevo al autobús; al sentarse se dio cuenta de que aún tenía el frasco en su mano, miró por la ventana y vio a Gustavo que permanecía en la puerta mirándola;
Marta corrió La cortina de la ventanilla para que no pudiera verla y guardó el frasco en su mochila.
Sobre las nueve de la noche aunque aún de día la tarde ya comenzaba a perder fuerza Marta se despertó descorrió las cortinas y un campo multicolor se extendía a todo lo que su vista podía alcanzar, y ganado una gran cantidad de cabezas de ganado pastando.
Marta buscó el frasco para asegurarse de que lo tenía por un momento pensó que todo fue un mal sueño, pero allí estaba no lo había soñado ―tengo que distraer la mente ―y de nuevo abrió el crucigrama.
Gabriel ya en casa terminaba de ordenar sus cosas y se disponía a darse una ducha cuando el timbre del teléfono sonó. Pensó que podría ser Marta y se apresuró a cogerlo
― ¡Dígame¡
―Señor soy Alina perdone que le moleste a esta hora pero creo que es importante ―le dijo la inconfundible voz de su secretaria
―Dime Ali ―que es como él siempre la llamaba―. ¿Qué ocurre?
―Esta tarde llamó una señorita y dejó un mensaje para usted; se lo dejé sobre su escritorio y no sé si lo habrá visto. Me extrañó al entrar a limpiar verlo en el mismo lugar donde lo dejé.
―¿Por qué no me lo dio en persona? ―le pregunto el
―Lo intenté, pero cuando fui a su despacho vi que se alejaban le hice gestos con las manos pero no me vieron; luego he llamado varias veces pero no pude localizarle.
―Está bien Ali, pues yo no vi ninguna nota ¿quien la dejo?
―La señorita Marta López señor
―Dime qué dice la nota
―Espere la tengo aquí en mi bolso un momento, a ver dice “voy Camino a Iguazú, le llamaré al llegar y lo siento”
―¿Nada más? ―preguntó Gabriel
―Nada más ―respondió Alina
―¿Ni datos del hotel donde se hospedará ni nada?
―No señor lo único que recuerdo es que me dijo que el autobús estaba por salir y se escuchaba ruido de fondo de una terminal de ómnibus; no recuerdo nada mas.
―Está bien Ali siempre tan eficaz la voy a extrañar
―Y yo a usted señor ―le respondí Ali con la voz rota
―¿Puedo pedirte un último favor? ―le preguntó Gabriel
―Por supuesto claro que sí señor dígame
―Llama al aeropuerto y resérvame un vuelo para el primer avión que salga para Iguazú
―Cómo no, ahora mismo señor en cuanto lo tenga le llamo para darle los datos
―Gracias Ali
―Es un placer señor
―Gabriel colgó el teléfono y fue a darse la ducha, se sentía emocionado, confuso pero emocionado.
Al menos tenía noticias suyas, sabía que algo no estaba totalmente correcto, pero no pensaba tirar la toalla.
Recordó las palabras de su chofer y amigo Óscar, que le había dicho que era una mujer muy interesante y hermosa.
―Lo es, pensó mientras abría los grifos de la bañera.
A la mañana siguiente Gabriel estaba aterrizando en el Aeropuerto de Foz de Iguazú, en el mismo momento en que Marta terminaba de desayunar y se disponía a realizar los últimos kilómetros que separaban el hotel donde pasó la noche del nuevo hotel donde pasaría la noche siguiente.
Antes de salir del hotel pidió a la recepcionista que le habilitaran una línea de teléfono; entró en la cabina y se quedó unos segundos estática.
―Dios mío voy a llamar a Gabriel y de mi hija ni me he acordado, y rápidamente marco el teléfono de María, pero nadie respondió del otro lado, colgó y volvió a marcar pero esta vez el de Gabriel, y de nuevo nadie respondió el teléfono.
Quedó esperando hasta la última señal de llamada, sin obtener respuesta.
―Bueno ya está Marta, ahora toca disfrutar de este viaje pensó, salió y subió al autobús que ya estaba esperando.