Polvora y Seda CAPÍTULO 7 #2
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CAPÍTULO 7 #2

―Ricardo le miró y le dijo― No es mal destino México.

Se levantó de la mesa se acercó a la ventana y le pidió algo al hombre que estaba con ellos, el cual sin mediar palabra, sacó un sobre de su bolsillo interior Ricardo lo cogió y se lo entregó a Gabriel ―Toma alégrate el día son noticias de tus padres.

―Gabriel lo agarró y se lo guardó. ―¿No vas a leerlo? ―preguntó.

―No, prefiero hacerlo luego cuando esté solo ―respondió Gabriel― Ricardo se acercó extendió su mano y le dijo

―Bueno el próximo día yo ya no vendré será él quien te entregue el resto de la documentación. Que tengas suerte, y salieron de la habitación.

Gabriel se quedó sentado mirando el sobre que le habían entregado; lo abrió saco una carta que comenzó a leer:

―Querido hijo, te enviamos noticias nuestras por este medio que es el más seguro; como sabes nosotros también estamos bajo la lupa. Aunque tu madre y yo ya poco tenemos que perder, nosotros seguimos como siempre algo más viejos y con más dolencias; cumplir años tiene ese inconveniente.

Sé que no puedes ponerte en contacto con nosotros, pero me consta que siempre piensas en tus padres, estoy seguro de ello.

Julen tu madre y yo siempre estaremos a tu lado; además, sabemos perfectamente que todo lo ocurrido fueron circunstancias en parte ajenas a ti.

Sé que eres buena persona Julen; ten tu conciencia tranquila en cuanto a nosotros, porque nunca hemos dudado de ti, aunque fue horrible lo sucedido, y esa carga la llevarás siempre contigo.

Bueno Hijo no sé si algún día podremos abrazarnos.

Esperando ese momento se despiden tus padres que no te olvidan.

Mientras tanto Marta acababa de subir al autobús se había comprado unos pasatiempos y comprado provisiones para el viaje, unos bocadillos, unos refrescos y algunas chocolatinas. El viaje es largo le habían advertido. Cuando se disponía a subir le preguntó al chofer.

―¿En cuánto salimos?

―En quince minutos señora ―le respondió el hombre― Marta decidió avisar a Gabriel estaba llena de dudas y se iría más tranquila no dando una escapada sin más.

Compró unas fichas de teléfono en un kiosco, buscó un teléfono público y marcó el número que tenía de Gabriel; al otro lado de la línea le respondió una mujer.

― ¡Hola, Dígame¡

―Sí, hola, soy Marta López quisiera hablar con el señor Gabriel por favor

―Pues en este momento no se encuentra acá ―le respondió la mujer.

―¿No sabe si tardará mucho?

―La verdad no sabría decirle, señora; él cuando sale nunca sabemos si va a regresar, ni cuándo; trate usted de llamar de nuevo en un rato.

―No voy a poder el autobús sale ya y no sé cuándo parará ―le contesto.

―¿Quiere que le deje alguna nota en su escritorio le pregunto?

―Sí, por favor póngale una nota diciéndole que voy de camino a Iguazú, que le llamaré al llegar y que lo siento.

―¿Así tal cual? ―le preguntó aquella voz femenina

―Sí, por favor literalmente.

―Ok señora no se preocupe ahora mismo se lo dejo sobre su mesa ¿alguna otra cosa?

―No gracias eso es todo.

―Ok buen viaje señora, déjeme decirle que son hermosas las cataratas, verá que le van a encantar chao ―y colgó el teléfono.

―Adiós ―dijo ella.

Marta se quedó pensando si había hecho bien o mal, regresó al bus y se subió, buscó su asiento fila 7 asiento 24.

―¡Ventanilla! ―Estupendo, pensó mientras dejaba su mochila en el compartimento.

De igual modo, tenía para escoger pues el autobús llevaba muy pocos pasajeros algo que le agradó profundamente; no tendría que ir con alguien sentado a su lado todo el viaje.

Sacó una revista de pasatiempos se sentó y comenzó a rellenar un crucigrama.

―Señores pasajeros con destino Iguazú por favor suban al Autobús en 5 minutos efectuara la salida, dársena 5, se escuchó por megafonía, Marta comenzó a pensar en todo lo acontecido en tan poco tiempo, y se asombraba de ella misma,

de ver que de algún modo aquel hombre había calado más hondo de lo que ella suponía, ya que no podía dejar de pensar en él, en su olor, su voz, sus besos, y sus caricias, no creo que me esté enamorando se decía para sí misma, y trataba de centrarse en el crucigrama,

pero no era capaz de abstraerse de sus pensamientos y desistió, cerro la revista, y se dispuso a tratar de dormir un rato.

Gabriel llegó al hotel, entró y se acercó a recepción ―buenas tardes quisiera que avisaran a la señorita Marta López de que Gabriel la está esperando.

―El recepcionista miró en el mueble de llaves y le respondió

―La señora Marta aún no ha regresado, señor, no está en el hotel,

―¿Está seguro? Habíamos quedado aquí ―le increpó algo molesto al recepcionista

―Seguro señor no está en el hotel,

―Y no sabría decirme si ella les comentó algo, dónde iría, ¿o que me dijeran algo a mí?

―No señor nada, siento no poder ayudarle; con permiso tengo otros clientes esperando señor

―Gabriel volvió al coche y se subió

―¿Dónde vamos, a casa o a la fábrica? ―le preguntó Óscar. Gabriel quedó dudando unos segundos y a continuación le dijo

―Vamos a la fábrica a terminar de recoger mis cosas.

―Ok ―respondió Óscar, arrancando el coche y emprendiendo la marcha.

―Les recordamos a los señores viajeros que este trayecto consta de 3 paradas; la primera se realizará al salir de Buenos Aires, y en las restantes iremos haciendo paradas cada 300 kilómetros haciendo noche en la ciudad de Reconquista ―comentó el chofer al tiempo que cerraba las puertas y se ponía

en marcha.

Marta observaba por la ventana las calles y el bullicio de la ciudad que seguía provocándole asombro: las inmensas avenidas los edificios coloniales; era una ciudad hermosa, bañada por un sol candescente, pero que no se dejaba sentir por el aire acondicionado, una ciudad llena de vida,

gente yendo y viniendo y carteles lo que le llamaba mucho la atención era la cantidad de letreros y luminosos que hay en las calles.