Polvora y Seda CAPÍTULO 4 La apuesta en el Hipódromo #2
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CAPÍTULO 4 La apuesta en el Hipódromo #2

―Si es un animal precioso ―dijo Marta―, creo que la que no está bien aquí soy yo, con estas pintas y tú trajeado.

―Pero eso tiene solución; ven, acompáñame.

Se dirigieron a las cuadras donde Gabriel tenía sus caballos. —Estos son mis caballos; es parte de lo que he vendido, ya no podré seguir haciéndome cargo de ellos.

Marta miraba aquellos hermosos animales y se preguntaba qué pasaría para tener que dejar todo aquello, pero no quería parecer curiosa y no le preguntó. Gabriel entró en una cuadra, llamó a Marta y, mientras acariciaba al caballo, le preguntó.

―¿Has montado alguna vez a caballo?

―Pues no, nunca. —respondió ella.

―¿Te apetecería dar un paseo? ―preguntó― mientras se metía en un pequeño cuarto.

―No me atrevería, me da miedo, pero gracias.

Gabriel pasados un par de minutos, salió del cuartito esta vez enfundado en unos pantalones de doma y un chaleco verde; en sus manos las riendas de dos caballos.

―¿Ves por qué antes no te respondí? Estás perfecta para montar a caballo; vamos, anímate, sube esta es bella y es la yegua más dócil de la cuadra relájate, yo tomaré las riendas; demos un paseo corto hasta el río y regresamos; tampoco tenemos mucho tiempo la subasta está por comenzar.

Marta le miró y extendió su brazo agarrando la montura; Gabriel acercó un pequeño banquito y marta sin esfuerzo pudo subirse

―Agárrate fuerte a la montura —le dijo Gabriel.

Marta se agarró a la montura. Gabriel tomó las riendas y salieron del establo; el viento acariciaba el cabello de Marta. En los primeros momentos se sentía muy temerosa, pero poco a poco se fue relajando.

―¿Qué tal? ―preguntó Gabriel, que montado sobre Rufo, sujetaba y guiaba el caballo de Marta

―Bueno, pues creo que mejor de lo que esperaba.

―¿Ves cómo es fácil? Yo tampoco esperaba menos —dijo Gabriel.

Pasados unos minutos, llegaron a un pequeño riachuelo de aguas frescas y claras, desmontaron y los caballos se acercaron a beber agua.

―¿Te está gustando tu estancia aquí? ―preguntó él.

―Nunca pensé algo así tan hermoso ―respondió Marta mientras acariciaba al caballo―. Son hermosos estos animales tan nobles y tan fuertes ―dijo ella.

―Si son una belleza.

Marta se acercó a Gabriel y le preguntó: ―¿Y por qué debes deshacerte de ellos?

Gabriel se quedó pensativo y al poco le respondió: ―Yo tenía una misión aquí que ya he cumplido.

―¿Y ahora qué vas a hacer? ―preguntó ella mostrando más interés―.

―Aún no lo sé, no tengo las ideas claras ni ninguna propuesta interesante ―hizo una pausa―. La miro a los ojos y, casi susurrando, dijo: ―Aun.

―¿Volvemos? ―dijo Marta―, visiblemente nerviosa.

Gabriel se acercó y le dijo

―No sé cómo te tomarás esto, pero siempre me han gustado los riesgos.

Gabriel sujetó la barbilla de Marta entre sus dedos y se acercó despacio hasta rozar levemente sus labios.

—No te lo tomes a mal, pero no puedo evitarlo.

Y se fundieron en un beso apasionado; Marta se estremeció, su cuerpo temblaba como si fuera su primera vez, sintiendo sensaciones olvidadas y volviendo a sentir reacciones como hacía mucho tiempo no había sentido.

―Perdóname, no he podido evitarlo ―dijo Gabriel― a escasos y mínimos centímetros de su boca, para continuar diciendo

― ¿Volvemos?

―Sí, por favor ―respondió Marta.

Al regresas ya había comenzado la subasta Gabriel le pidió a Marta que se sentara un rato a esperar él tenía que atender los caballos, Gabriel se marchó y Marta se quedó pensando en el beso, le había gustado pero al mismo tiempo sentía que no estaba haciendo bien ella no fue a Buenos Aires a esto,

aunque tampoco lo había buscado, había pasado todo tan rápido que ni tiempo de pensar tuvo; por un lado tenía ganas de irse de allí, pero por otro lado algo la agarraba a la silla; quizás las sensaciones sentidas quizás le gustaba ese hombre más de lo que ella misma pensaba.

Se levantó en varias ocasiones indecisa volviéndose a sentar lo que hizo que en la sala le solicitaran que se decidiera —Señorita la del fondo —dijo una voz ronca—, por favor, quédese o márchese pero si está levantándose a cada instante pensamos que está pujando.

―Perdón… perdón, no me di cuenta —dijo ella con voz avergonzada.

Junto al hombre que la llamó la atención estaba Gabriel, nuevamente enfundado en un bonito traje azul, que la miraba y no podía dejar de reír; ella le hizo un gesto de burla arrugando la nariz.

Este es un gesto característico de Marta que hace a las personas que quiere de su entorno, lo que le dio una pista de que algo estaba pasando.

La subasta continuaba con normalidad; ella no entendía bien qué estaba pasando, porque tampoco llevaba muy bien el tema económico al hablar en pesos argentinos, cuando el hombre que llevaba la subasta.

dijo ―Pasamos a subastar los caballos de las cuadras de Gabriel Herraz, saliendo por una cifra inicial de veinte millones de pesos".

La sala comenzó a subir y subir la subasta, hasta que al final se le adjudicó a una señora de Pamela Rosa.

“¡¡Adjudicado a la señora de Guzmán Robles!

!». Pum, sonó el mazo, que hizo que Marta diera un sobresalto; miró, pero Gabriel ya no estaba en la sala.

En una sala de juntas, Julen, su verdadero nombre, Gabriel para Marta, estaba reunido con varios hombres; el de mayor edad, un hombre de unos 70 años, con un porte sobrio y de carácter, una de esas personas que transmite autoridad y que parecía el jefe del resto, le decía: ―Julen,

debes darnos el resto de documentos; pensamos que ya has jugado bastante con nosotros.