Pole Position: Rivales en la pista Capítulo 31
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Capítulo 31

Kian

E stá decidido.

A excepción de Elise, nadie sabe que este será el último gran premio de mi carrera.

La clasificación está tan ajustada que, si no gano hoy, no gano el campeonato.

Perderme el gran premio de Singapur redujo drásticamente mi ventaja, y mis principales rivales ahora están muy juntos.

Quiero conservar mi título. Quiero ser campeón del mundo por última vez.

Quiero el trofeo que le prometí a Cassie.

También quiero que Harper me vea ganar. Sé que es una tontería, pero quiero darlo todo por él.

Quiero que esté orgulloso de mí. Desde el funeral de mi madre, hemos sido inseparables.

El equipo ha seguido reservándonos habitaciones de hotel separadas, y las usamos bastante.

Nos alojamos separados en Catar y Abu Dabi por razones obvias, pero en todos los demás lugares ha sido prácticamente como si viviéramos juntos.

Somos muy profesionales cuando estamos en el box, entrenando o en una reunión.

—Como Guillermo y Kate —bromeó Harper cuando le dije que debíamos ponernos de acuerdo sobre los límites de nuestras muestras de afecto en público.

No sé si es lo mismo, aunque no me molesta que compare nuestra relación con la de los príncipes.

Somos pareja, pero también pasamos mucho tiempo trabajando; el equipo Hendersohm es más que sus dos pilotos, y tenemos que respetarlo.

Además, seguimos compitiendo entre nosotros, y es más fácil si separamos el trabajo y la vida personal.

Me doy cuenta de que es en parte irónico que sea así como terminamos la temporada: recordando que tenemos metas personales más allá de nuestro funcionamiento como equipo.

Le estoy inmensamente agradecido porque, aunque es innegable que me pone histérico mi posición en el podio, su presencia me tranquiliza. Harper nunca les da demasiadas vueltas a las cosas, y hoy me vendría bien un poco de esa actitud.

Si no me hubiera perdido Singapur ni hubiera tenido un accidente en Italia, ya tendría la victoria matemáticamente asegurada, pero las cosas no salieron así, y es lo que hay.

Yorris tiene opciones, al igual que el mayor de los suecos, y, si todo se complica, hay otros que podrían disputar el primer puesto.

Sin presión, ¿eh?

Creo que me sentiré mejor si hablo con Harper. Ello me ayudará a no darle tantas vueltas. No puedo permitirme cometer ni un solo error.

Sé que he elegido un pésimo momento para hablar del tema —justo una hora antes de subirnos a nuestros monoplazas—, pero parece prácticamente invulnerable a la hora de concentrarse durante una carrera.

—Es la última —digo, con palabras pesadas y densas en la lengua al asimilar mi decisión.

—Lo sé, nene. La última carrera. No me puedo creer que sea el final de mi primera temporada.

—No, me refiero a mi última de verdad. Esta es mi última carrera —digo, esperando que por fin lo entienda.

—¿Cómo? —Abre los ojos de par en par.

No pensaba que fuera a sorprenderle tanto, teniendo en cuenta lo mucho que se ha especulado al respecto, pero lo he pillado totalmente desprevenido .

—Mi última carrera. Estoy listo para retirarme.

Durante un segundo, se queda en silencio, y luego me da el abrazo más grande y fuerte que haya recibido jamás. Casi me deja sin aire, pero me aferra la espalda de la camiseta con las manos, y en ese momento no sé quién necesita más este abrazo.

Las lágrimas me llenan los ojos, pero no pasa nada, porque estamos juntos, y en este momento eso es lo importante.

—No me lo puedo creer —dice sorbiendo por la nariz—.

No sé por qué me afecta tanto, pero has sido mi héroe en la pista durante muchos años, y luego terminamos en el mismo equipo, y ahora eres mi novio, y no esperaba que terminara tan rápido.

—Le cuesta pronunciar las últimas palabras y se aparta para mirarme bien, casi como si quisiera asegurarse de que hablo en serio.

—Te das cuenta de que no estoy rompiendo contigo, ¿verdad? —Se ríe entre dientes. Tiene una sonrisa preciosa—. No me necesitas aquí para ser genial, ¿eh?

—Es que pensaba…, no sé, que pasaríamos otra temporada juntos. Habría sido bonito. No sé qué pasa con Elijah, pero pensaba…

—Sí, habría sido bonito, pero ya no puedo más. Estoy cansado, y no sé cuánto más aguantará mi cuerpo. Quiero volver a casa. Quiero estar cerca de mi hermana y de los niños. Quiero vivir en la casita de campo de mi madre y quizá criar algunas gallinas o unas cuantas cabras. Necesito un poco de paz.

—No creo que criar animales de granja te vaya a traer mucha paz —dice entre risas, pero también se le escapa un sollozo ahogado.

No sé si las arrugas de preocupación que le surcan la frente se deben a que no sabe dónde encaja en todo esto o a que no entiende por qué lo hago, pero quiero tranquilizarlo de todos modos.

—No sé cuáles son tus planes para los próximos tres meses, pero ¿te gustaría venir a vivir a la casita unos meses? Pronto será Navidad, y podremos decorarla, encender la chimenea y envolver regalos juntos …

Se tensa, y le aprieto la mano.

—¿Estás seguro?

—Más que nada. ¿Qué te parece? ¿Quieres mudarte conmigo?

—Sí, me encantaría. Mudarme, quiero decir. Lo de las cabras y las gallinas no lo tengo tan claro, pero paso a paso, ¿no?

—Supongo que debería enviarle un mensaje a mi mánager y decirle a Anders que me voy.

—Es probable que debiera haberlo hecho cuando lo decidí, pero de verdad que quiero terminar la carrera de hoy sin que nadie lo sepa para que no le den importancia.

Ya me presiono bastante yo solito al tratarse de mi última carrera.

—¿No lo saben?

—No. —Niego con la cabeza—. Solo se lo he dicho a Elise, y tuvo mucho que ver con que quería volver a la casita. Comparte terreno con la casa de mi madre y la de Elise, aunque mi hermana todavía no se ha mudado allí, y tengo la sensación de que no lo hará.

Pensé que, después de que falleciera nuestra madre, querría volver a la casa que Grant y ella habían empezado a construir, porque la de nuestra madre podría traerle demasiados malos recuerdos.

Pero parece muy contenta allí, como si estuviera cerca de nuestra madre, a pesar de que ya no está con nosotros.

—Joder, el mundo de la Fórmula 1 está a punto de cambiar muchísimo —dice antes de apoyar la cabeza en mi hombro.

No creo que sea así. Solo soy una pequeña pieza del engranaje. Pero es agradable ser por lo menos una leyenda ante los ojos de mi novio. Eso es lo que me importa.

Harper espera fuera del despacho de Anders cuando entro, con mi mánager puesto en altavoz para informarlos.

Creo que he elegido el mejor momento para hacerlo, porque estamos tan cerca de la carrera que ninguno tiene la oportunidad de preguntarme si es la decisión correcta ni de convencerme para que me quede .

De hecho, parece que los dos lo sospechaban de todos modos, así que salir ileso del despacho lo interpreto como una victoria.

—Paso a paso. Bueno, supongo que deberíamos salir y ganar la carrera, ¿no?

—Claro que sí —me contesta Harper cuando nos ponemos el mono, y luego nos dirigimos a nuestros respectivos monoplazas.

Por una vez, Elise, Grant y los niños están aquí.

Quería que vinieran a verme. He tenido que decirle a Elise que sería mi última carrera para convencerla, y sé que estará nerviosa por mí, pero no sería lo mismo sin ella.

Cassie ha hecho un cartel y lo agita sin parar, gritando y vitoreando en la sección de amigos y familiares.

Le mando un beso a mi sobrina y saludo a Elise con una mano.

Es lo único que necesito para salir al circuito por última vez.

Durante gran parte de la carrera, la sensación era que podía pasar cualquier cosa.

Me pongo líder, luego me pasa Yorris y después me vuelvo a poner el primero.

Yorris ha decidido ir a por todas y, cuando Cole me confirma que quedan diez vueltas, sigo sin encontrar la manera de adelantarlo.

Está aprovechando al máximo la velocidad en cada recta y, en cuanto llegamos a una curva, se mete tanto en el centro de la pista que no puedo superarlo.

Es una conducción agresiva, y noto cuánto desea mi título.

Hasta que llegamos a la penúltima vuelta.

Se me están acabando las oportunidades, y los dos lo sabemos.

Y entonces, quizá sea por la magnitud de la ocasión o porque se desconcentra un segundo, en una curva cerrada se acerca tanto al bordillo que a su lado se abre un hueco. Es el momento que estaba esperando.

Hora de arriesgarse. Por última vez. Hora de arriesgarlo todo.

—Cole, voy a intentarlo. Si no sale bien, pues…

—Venga, Kian. ¡Dale! ¡Dale ya !

En una decisión precipitada, giro detrás de Yorris y lo adelanto con una maniobra impecable que me hace olvidar todo lo demás. Es un riesgo enorme porque podría golpearme al virar, pero no.

—¡Sí, Kian, sí! ¡Eso es! —me grita Cole al oído.

Lo he conseguido. Voy primero. Solo tengo que mantener el puesto otra vuelta y lo habré logrado.

«Mantén la calma, Walker. Mantén la calma, hombre».

Pienso en toda la gente que me anima y que desea que consiga esta victoria. Mi madre, Elise, Cassie. Harper. Tengo mucha suerte. ¿Cómo he llegado a tener tanta suerte?

El tiempo empieza a ralentizarse, y me imagino una chimenea crepitante, y a Harper a mi lado en el sofá, con la casita decorada para Navidad. A lo mejor con un gato.

No es momento para darles vueltas a las cosas. Un último esfuerzo, y luego ya podré fantasear tanto como quiera.

—¡Va, va, va! —me chilla Cole al oído—. ¡Joder! ¡Vamos!

Ya visualizo la línea de meta, la suma de todas mis ambiciones.

—¡Harper te está pisando los talones!

«¡¿Cómo?!».

—Harper está segundo. ¡Venga, venga!

Cole se está volviendo loco porque Harper está justo detrás de mí, y creo que sería muy descarado que me adelantara en la línea de meta.

Pero no le pienso dar esa satisfacción. Quiero una victoria clara para que nunca pueda decir que me la regaló, y al cruzar la línea de meta en el primer puesto sé que lo he conseguido.

Lo he conseguido.

Mi último campeonato mundial.

Mi última carrera.

Grito al micrófono porque sé que Harper ha cumplido, así que también hemos ganado el Campeonato Mundial de Constructores. Es la euforia más increíble que jamás haya sentido. Una alegría inmensa me envuelve al llegar a mi sitio y dejar que los técnicos me ayuden a salir del monoplaza .

En cuanto bajamos de nuestros coches, Harper y yo corremos el uno hacia el otro. Salta encima de mí, así que lo abrazo con tanta fuerza que lo levanto del suelo.

—Lo hemos hecho —me susurra al oído. Tiene lágrimas en los ojos.

—Lo hemos hecho —repito antes de bajarlo al suelo para que todos y cada uno de los miembros del equipo Hendersohm nos abracen para celebrarlo.

Les acabamos de dar el mejor resultado de la historia del equipo, así que, cómo no, todos gritan, lloran, se abrazan, eufóricos. Están a punto de recibir el mayor bonus de su carrera.

En un abrir y cerrar de ojos, estamos en el podio, y sé que nada se comparará nunca con esta sensación. Con Harper a mi lado, siempre me siento en la cima del mundo, y este podio es la prueba.

No se me ocurre una mejor manera de retirarme.