Capítulo 30
Harper
–M ierda —se me escapa al cotillear mi perfil de Instagram.
Kian estaba durmiendo como un tronco detrás de mí, justo donde tanto le gusta estar, pero debo de haberlo sobresaltado, y se tensa.
—¿Quiero saberlo? —masculla, con la voz nasal y adormilada.
No, no quiere. De verdad que no. Ojalá pudiera protegerlo de lo que se avecina, pero no puedo hacer nada al respecto.
Es la primera foto íntima que veo de nosotros. No es que no nos hayamos tomado selfis ni hayamos hecho chorradas en una cita. Sobre todo porque nunca hemos tenido una, y la culpa es enteramente mía.
Algún cabronazo debió de usar un dron por encima del jardín durante el velatorio o de hacer fotografías por encima de los muros, ya que hay una selección de distintas imágenes de Kian y de mí fuera de la carpa. Cogidos de la mano, abrazados y, para que no haya malinterpretación posible, besándonos.
Es una falta de respeto total y ni siquiera puedo imaginar lo que el periódico en cuestión le habrá pagado al monstruo sin alma que hizo esas fotos.
Es agridulce, porque salimos muy bien juntos, pero era un momento tan íntimo que es como una verdadera violación .
Ya lo sé, es irónico que lo diga yo.
—¿Qué pasa? —Se incorpora y parpadea para aclararse la vista. Había olvidado lo adorable que está cuando se despierta.
Inclino la pantalla del teléfono para que no la vea de inmediato, pero le prometí que no volvería a esconderme ni a huir.
Me giro para mirarlo a los ojos y veo que está jugueteando con la costura de su edredón.
—En fin, ya ha saltado la liebre.
—¿Lo nuestro?
Está claro que todavía está medio dormido mientras intenta entender lo que quiero decir.
Inclino la pantalla hacia él.
—Lo siento mucho, Kian.
—¿Por qué te disculpas? Por Dios, Harper, me da igual. Los dos sabíamos que iba a pasar. ¿Te molesta que estén especulando sobre lo que significa?
Señala el beso que nos estamos dando.
—¿Si me molesta? No. En los últimos años han publicado fotos mías mucho peores. Pero estas nos delatan. No se puede negar nada, ¿sabes? Es obvio que somos… —No quiero que me cueste tanto decir que estamos juntos, pero no es algo que me salga con facilidad.
—¿Pareja?
Se ríe, y le pellizco el costado de la barriga.
—O sea, somos pareja, ¿no? —continúa—. Eres mi novio, ¿correcto?
—Correcto —le confirmo. Ya está, ya lo he dicho. Más o menos.
—Perfecto, me alegro de haberlo resuelto. Es más fácil que si uno de nosotros tuviera que preguntárselo al otro. Creo que soy demasiado mayor para ese jueguecito.
Me atrae hacia él hasta que volvemos a estar tumbados juntos, con el brazo extendido para que pueda acurrucarme. Yo. Acurrucándome. Y es increíble. Nunca me había sentido tan seguro. Quiero quedarme aquí para siempre.
Pero no podemos.
La temporada aún no ha terminado y más pronto que tarde tenemos que reunirnos con el equipo. Hay que coger un vuelo a Japón y volver a la rutina.
—¿Quieres llamar a Anders o lo hago yo? —me pregunta.
—Hazlo tú. Le caes mejor.
—Ah, ya veo. Las cosas difíciles me las dejas a mí, ¿eh?
—Las parejas se apoyan mutuamente, ¿no? —Mi comentario lo hace reír, tal como quería.
—¿Quién te ha convertido en un experto en comportamiento de pareja?
Le pego con su almohada y él me devuelve el golpe antes de sumirnos en una pelea de almohadas de lo más infantil, que termina en besos y, finalmente, en un polvo en el suelo, encima de una pila de mullidas almohadas.
Al final, sin embargo, tenemos que dejar atrás la acogedora casita para volar a Japón. Sé que es una despedida difícil para Kian, ya que preferiría estar aquí con su familia.
Los dos somos muy conscientes de que, una vez que cojamos nuestras maletas y crucemos esa puerta, todo cambiará.
La burbuja en la que hemos vivido estos últimos días estallará y regresaremos a la realidad.
Las promesas que nos hemos hecho no significan nada hasta que se pongan a prueba en la práctica.
—Me encanta esta casa —comento, echando un último vistazo a mi alrededor. Es tan propia de Kian que no me puedo creer que no pase más tiempo aquí—. No sé cómo es tu casa de Norwich, pero dudo de que sea tan bonita como esta.
—No sabía que iban a juzgar mis habilidades de decoración de interiores mientras hacíamos el amor —se ríe.
—No tiene nada que ver con eso. Es que te pega mucho .
Me lo imagino cocinando tan tranquilo, preparando sus platos favoritos, relajándose en la salita de estar con la estufa encendida y un libro en la mano, ya que no hay televisión.
El cuarto de baño es perfecto, con una gran ducha con efecto lluvia y paredes revestidas de madera, y en la esquina está la bañera con patas.
Y su dormitorio… Nunca me había sentido tan a gusto en una habitación.
Aquí hay una tranquilidad que no sabía que se podía crear en un cuarto.
Los colores neutros, junto con la pared oscura de detrás de la cama, crean un ambiente de lo más acogedor.
Es masculino, pero no en plan agresivo. Yo también me siento como en casa, lo que es raro porque nunca me he sentido como en casa en ningún sitio.
Quizá sea que me siento como en casa dondequiera que esté Kian.
Ahora toca volver a las habitaciones de hotel para las últimas ciudades del campeonato.
—A ver, no se irá a ninguna parte. —«Y yo tampoco».
Las palabras se quedan sin pronunciarse, pero es como si las hubiera verbalizado, ya que su significado es claro y contundente. Remata la afirmación con un beso en los labios. Sabe a la promesa de que esta no será la última vez que estemos aquí juntos.
Pienso en sus palabras durante el vuelo a Japón y no dejo de analizar su significado mientras él duerme plácidamente a mi lado. ¿Querrá pasar todas las vacaciones allí? ¿Me pedirá que me mude con él? ¿Es demasiado pronto para pensar en eso?
Sigo dando vueltas a todas las posibilidades cuando aterrizamos.
Supongo que deberíamos haber anticipado el caos de aterrizar en Japón, porque en el aeropuerto nos acosan sin piedad. Todavía veo puntitos por la avalancha de fotografías y periodistas gritándonos preguntas, algunas curiosas y especulativas, otras groseras e inapropiadas.
—Por Dios —susurra cuando nos metemos en el asiento trasero del coche.
—Sí. Ha sido…
Deslizo una mano hacia el centro del asiento y cojo la suya mientras el coche sale del aparcamiento de corta estancia, rumbo al hotel.
Aunque Anna no ha podido recibirnos en el aeropuerto, nos ha mandado un montón de mensajes recordándonos que ignoráramos todo lo que nos decían y que contestáramos: «No haremos ningún comentario» hasta la saciedad. Las sesiones sobre los medios nos vendrían de perlas ahora mismo.
Me da que a los dos nos sentaría genial echar una siesta en la habitación del hotel o quizá hacer un poco de ejercicio para volver a la normalidad, pero no podemos.
En cuanto llegamos al hotel, nos meten en una «reunión estratégica sobre la relación».
Porque tiene que haber una reunión estratégica sobre nuestra relación, claro.
«Nuestra relación».
Apenas llevo cuarenta y ocho horas en una y ya estoy teniendo reuniones sobre ella con mi jefe.
Lo más normal del mundo.
La madre que me parió.
—Durante unos instantes, he pensado que la multitud nos iba a arrollar. Supongo que deberíamos hablar con nuestro mánager sobre la posibilidad de contratar seguridad adicional hasta que la euforia disminuya —propone Kian.
Asiento con la cabeza. No quiero que tengamos que escondernos, pero todavía necesitamos concentrarnos para las próximas carreras, y Kian necesita intimidad para procesar el duelo y lidiar con todo lo que está sucediendo a su alrededor.
Que esté más protegido me dará mayor tranquilidad .
Nos resguardan bajo grandes sombrillas de golf al salir del coche del aeropuerto y nos llevan directamente a la sala de conferencias del hotel en el que nos alojaremos las próximas dos semanas.
Anders se levanta al instante y le da un abrazo a Kian.
Lo observo unos segundos desde el pasillo.
Este equipo es el proyecto personal de Anders.
Puede que no le pertenezca como tal, pero él es quien lo construyó desde cero.
Es un equipo relativamente nuevo en la Fórmula 1, y Kian ha formado parte de él casi todo ese tiempo.
De ahí que la escena que presencio sea lógica.
Me alegro de que Kian tenga a Anders. Me di cuenta de que no se mencionó a su padre biológico durante el funeral de su madre.
Me alegra que hiciera lo que le dije y se mantuviera alejado.
Es curioso cómo antes idolatraba a Tyler Heath.
Desde que conozco a Kian, sé que no podrían ser más diferentes.
Si me hubieran preguntado al principio de la temporada, habría dicho que admiraba el estilo intrépido de Tyler y su deseo de exprimir la vida al máximo.
También habría dicho —y creo que de hecho lo dije— que Kian es un pelmazo.
Pero la verdad es que poco a poco he llegado a admirar mucho más lo que Kian aporta al deporte.
Es dedicado, paciente, fiable, y nunca he conocido a nadie que trabaje con más ahínco.
Obtiene grandes resultados porque es brillante y se merece cada victoria.
Tyler obtuvo grandes resultados porque tenía talento y porque tuvo suerte…
y luego lo echó todo a perder, como casi me pasó a mí, porque no entendió que para competir se necesita fortaleza de carácter, no solo personalidad.
Les doy a Anders y a Kian un minuto para que se abracen antes de aclararme la garganta con arrogancia.
—Yo también he vuelto, ¿eh?
Se echan a reír, pero Anders me da una palmada en los hombros en una versión de la misma bienvenida.
—Has vuelto para seguir tocándome los cojones .
Hay un segundo de silencio incómodo. Seguro que Anders desearía haber elegido otra expresión, pero todos se ríen, y no puedo evitar sumarme.
—En realidad, los cojones solo se los toco a…
Kian me tapa la boca con la mano antes de que pueda añadir algo que me meta en problemas. Aunque así puedo lamerle la palma antes de que nos sentemos en nuestros asientos.
—Vamos a llamar a vuestros mánagers para que asistan a esta reunión.
Mientras tanto, solo quería hablar con vosotros.
Es evidente que la última semana ha sido muy dura y que debéis de tener la cabeza hecha un lío.
La agenda en Japón se puede reducir tanto como lo necesitéis, pero me encantaría teneros a los dos en el circuito durante este fin de semana.
Es más de lo que esperaba, y no puedo explicar por qué me entran ganas de llorar como un bebé ahora mismo. Casi me incomoda la sensación, y Kian debe de haberlo notado, ya que me remuevo en el asiento a su lado y él me coge la mano y la apoya sobre mi muslo.
—Estoy listo para correr. Agradecería que limitáramos algunas de las ruedas de prensa previas a la carrera para que podamos concentrarnos en la carrera —replica Kian.
—Por supuesto. ¿Estás seguro del todo? Podemos sacar a London de nuevo si hace falta.
No sé por qué me sorprende que Anders esté intentando darle tanto espacio a Kian. Cualquier otro jefe de equipo lo estaría presionando para que volviera al circuito y ganara. Si queremos seguir optando al Campeonato Mundial de Constructores, Hendersohm nos necesita a los dos para conseguirlo.
—Mucho. Mi madre no querría que tirara la temporada por la borda. Querría que la terminara por todo lo alto. Ya no hay ninguna posibilidad de batir el récord de puntos del campeonato, pero sigo estando en lo alto de la tabla y quiero mantenerme ahí, y eso no pasará si no salgo .
—Bueno, pues me alegro de oírlo. Mantennos informados si cambia algo —responde Anders—. Ahora pasemos al otro tema…
—¿Que estemos… juntos? —le pregunto. Estoy intentando demostrarle a Kian que hablaba en serio y que no lo volveré a decepcionar.
—Exacto. Ni que decir tiene que contáis con todo mi apoyo y con el de Hendersohm, y, si alguien en el box o en el resto del equipo tiene algún problema, que venga a hablar conmigo.
Anders habla con gran rotundidad, y agradezco su enfoque claro y directo. Quizá sea porque tiene un hijo gay o porque de verdad le importa, quién sabe. En realidad, no importa, puesto que crea un buen ambiente para nosotros en el equipo.
—Solo hay que hablar de cómo vamos a gestionarlo para que Anna deje de ponerse histérica sobre una estrategia de relaciones públicas ahora que las fotos están por todas las redes sociales.
También tenemos que trabajar con los patrocinadores, pero esa no es vuestra responsabilidad, así que no os preocupéis.
—No queremos escondernos —me apresuro a confirmarle—. No es lo que queremos, pero también entendemos que hay presiones externas. Después iremos a Catar y a Abu Dabi al final de la temporada, y supongo que ahí habrá alguna cuestión peliaguda.
—Muy bien. —Anders da una palmada—. Pongamos a Hendersohm en el mapa como se merece. ¿Qué os parece obtener el doblete y conseguir el campeonato de pilotos y el de constructores? Anna, ¿quieres empezar con un resumen de nuestros puntos clave?
Y así es como Kian y yo nos formalizamos como pareja. Y todo el mundo se entera de ello.