Capítulo 26
Harper
M is primeros entrenamientos sin Kian son muy duros.
Ocupa mi mente en todo momento. Me preocupa que esté sufriendo y llorando, y que yo no tenga forma de comprobar si está bien.
Seguro que Anders, que lo quiere como si fuera su propio hijo, ha estado en contacto con él, y Cole también, pero no sé cómo preguntárselo a ninguno de los dos.
Si se enteran de que no he estado en contacto con Kian, querrán saber por qué, y entonces cabe la posibilidad de que surjan preguntas muy difíciles con respuestas complicadas.
Por suerte, sigo teniendo a Johannes.
Ganemos o perdamos, siempre estamos ahí para el otro.
De ahí que estemos ahora mismo sentados en el suelo de mi habitación de hotel con un montón de los aperitivos más estrafalarios que hemos encontrado en la tienda local. Ninguno de los dos sabe qué es cada cosa, pero la mayoría sabe bien, y eso es lo importante.
—¿Lo echas de menos? —me pregunta a bote pronto.
—Mmm. —Si empiezo a decirle hasta qué punto, no podré dejar de hablar.
Creo que nunca me he sentido tan solo, ni siquiera cuando era un niño pequeño cuyos padres lo habían abandonado.
Lo echo de menos todo. Los arrumacos, el sexo, las historias interminables que me contaba sobre su infancia, su hermana y sus riñas. Incluso echo de menos que me reprenda por hacer alguna tontería. Preferiría que estuviera cabreado y aquí que desaparecido e ignorándome del todo.
—¿Sigues bloqueado?
No respondo a esa pregunta más que con el gruñido que se me escapa de la garganta.
—Joder, el amor te ha convertido en un cabrón insufrible. Estoy intentando hablar contigo, conseguir que te abras para que el día de mañana sea mejor para ti.
Esta vez, no lo interrumpo. No intento negar que estoy enamorado porque Kian no se merece esa injusticia.
—Madre mía, Harper James sin habla y enamorado. Es un mal día para todos los tíos que siguen pensando que tienen la posibilidad de pasar una noche contigo.
La idea de imaginarme con otro casi me provoca ganas de vomitar. En un aterrador giro de los acontecimientos, no quiero imaginarme acostándome con otra persona.
—A ver, Kian no está precisamente aquí dándome amor, ¿a que no? La he cagado… Los dos lo sabemos.
No puedo ocultar siquiera la pena que me doy y la amargura que me inunda. Es culpa mía de principio a fin, aunque sigo sintiendo cierta lástima por mí.
—Dale tiempo, ¿vale? Primero va a tener que ocuparse de todo lo demás, sobre todo porque el funeral es dentro de un par de días. Seguro que vuelve antes de que te enteres y podéis hablar.
Tengo suerte, una suerte espectacular, por contar con un mejor amigo que no me abandonó cuando nos convertimos en rivales acérrimos en la pista. En este deporte, es infrecuente que los pilotos de otros equipos se lleven así de bien, pero nosotros lo disfrutamos mucho.
Es tan bueno que incluso cambia de tema. No podemos quedarnos hasta tarde, ya que mañana tenemos carrera, así que decidimos irnos a dormir temprano. Cuando se dispone a marcharse, se vuelve hacia mí y me dice:
—Mira, mañana da lo mejor de ti por Kian. Se enfadará muchísimo si echas a perder todo su esfuerzo en el Campeonato de Constructores. No querría que no dieras lo mejor de ti en la pista. Tienes que hacerlo por los dos.
Lo tengo muy presente, claro.
No es fácil salir octavo en la parrilla e intentar remontar desde ahí, pero es mi intención.
Subido al monoplaza, soy la personificación de la determinación.
Ash me susurra al oído y todos los tíos que me rodean se aseguran de que el coche esté listo.
Nunca he tenido problemas con pensar demasiado, y hoy no es la excepción.
Es como si Kian estuviera conmigo en el monoplaza, y no intento ignorarlo.
Lo recibo con los brazos abiertos y lo llevo en el corazón. Lo canalizo, lo uso como inspiración.
Las cinco luces rojas se apagan, y arranco.
Es un inicio perfecto. Cuando noto que los neumáticos empiezan a desgastarse, mi determinación no disminuye.
Hacemos la parada en boxes más rápida del año hasta ahora, todo va sobre ruedas y según lo planeado, y pongo en práctica todo lo que he aprendido en la pista.
Recuerdo todos los consejos y trucos de mis inicios en los karts, lo que me encantaba de las carreras y lo que he aprendido viendo a Kian durante la última década y media.
Adopto su técnica y la combino con mi audacia total. Me dejo llevar por el juego mental que él procura mantener practicando con mucho ahínco y lo sumo a mi ligera imprudencia en el circuito.
En un momento de absoluta genialidad, da sus frutos.
Tardo las primeras veinte vueltas en encontrar el ritmo que busco y sentirme cómodo. Después, otras diez para que mi velocidad en la hermosa recta alcance su máximo potencial .
En la cuadragésima vuelta, me concentro de verdad. Estoy atento a los pilotos que me rodean, y Ash hace un trabajo perfecto manteniéndome al tanto de todo.
Sobre todo cuando subo a la tercera posición.
—Buen trabajo, Harper. Yorris y Johannes están delante de ti. Demuéstrales de qué pasta estás hecho.
—¿A cuánto estoy? —le pregunto.
—Johannes a uno punto cuatro, Yorris a uno punto nueve. Después de esta curva llegará tu mejor oportunidad.
Lo siento, Jojo. Esta carrera es mía. Y entonces me arriesgo; algunos podrían considerarlo temerario, pero hoy siento magia. No puedo equivocarme, y acelero y adelanto a Johannes.
Si todavía estuviéramos en nuestros tiempos de karts, con catorce y quince años respectivamente, y comportándonos mal en la pista, le habría hecho una peineta al pasar.
Kian se habría cabreado ante este pensamiento que me cruza la mente, así que lo dejo pasar y clavo la mirada en Yorris.
Este año, ha sido una amenaza en la pista.
Es su tercera temporada en la categoría reina, y creo que se ha cansado de terminar entre el quinto y el cuarto puesto los dos últimos años.
Ansía una victoria y, sin Kian aquí, esta es su mejor oportunidad.
Yorris es rápido y astuto, y coge cada curva cerrada como un profesional.
Equilibra las vueltas rápidas con las vueltas lentas para no agotarse, una habilidad muy difícil de aprender cuando lo único que quieres es pisar el acelerador a fondo cada vez que sales a la pista.
Pero ansiarlo no significa conseguirlo. Yo también lo ansío, igual que todos, pero hoy estoy canalizando a Kian, de modo que no voy a cometer ningún error.
De pronto, Yorris derrapa delante de mí.
Tengo suerte de que sea en una parte lo bastante ancha de la pista como para que no me golpee, pero aún más suerte de poder adelantarlo.
—¡Primero, tío, vas primero! —me grita Ash al oído, pero no pienso relajarme. Todavía me quedan veinte vueltas, y tengo que seguir concentrado .
Veinte putas vueltas. Johannes me da algunos problemas cuando Ash anuncia que me ha alcanzado y está a uno punto ocho de mí, pero sigo presionando, sigo canalizando a Kian, e insisto peleando hasta que veo la bandera a cuadros.
Bajo el cálido cielo nocturno, a mi alrededor estallan fuegos artificiales, y entonces me subo encima del monoplaza, saltando de alegría porque lo he conseguido.
Lo he conseguido, joder. De pronto, recuerdo que las dos victorias que he tenido esta temporada han sido los dos únicos abandonos de Kian: uno por su accidente y otro porque ni siquiera está compitiendo.
Pero no voy a dejar que eso me quite lo que he logrado.
Miro a la multitud que me anima y espero sentirme de putísima madre, querido y exitoso.
Sin embargo, me doy cuenta de que allí no hay nadie que sea mío.
Hay aficionados, claro, y es evidente que muchos me animan, pero no hay ninguna persona especial con la que quiera celebrarlo. Ni familia ni pareja.
Durante un segundo, esa certeza me golpea tan fuerte que la decepción ahoga los gritos de los aficionados y del equipo en torno a mí. Hay silencio y estoy solo. Incluso cuando estoy en la cima del mundo, sigo estando solo.
Sé que no es lo que quiero. Sé que es una victoria vacía sin nadie con quien compartirla. Sé que no significa nada sin Kian.
El pensamiento no es fugaz, aunque no tengo tiempo de asimilarlo mientras me bajan del coche y me llevan a prepararme para subir al podio.
Se me escapan algunas lágrimas al estar en lo alto, con el nombre de Hendersohm en la pantalla detrás de mí y el himno nacional británico resonando a mi alrededor.
Es un momento único en la vida. Muchos pensamientos mezquinos me invaden cuando bajo con mi medalla y me entregan una botella de champán con el logotipo de Hendersohm.
Disfruto enormemente rociándolo por todas partes, empapando a todos los que no creyeron en mí, a los padres y a las familias de acogida que me abandonaron, a todos los que no me quisieron lo suficiente.
En el lateral, me acosan los medios de comunicación. Todas las emisoras de radio, los profesionales de la televisión y los periodistas gritan para llamar mi atención.
¿Ser deseado es esto? Es más vacío de lo que me pensaba.
—Harper James, ¿qué significa esta victoria para ti? —me grita una señora bajita con un micrófono de peluche extendido por encima de la barrera de prensa.
Solo hay una cosa que quiero decir y solo una persona a la que quiero decírsela.
—Antes que nada —replico, y veo otras grabadoras pegadas a mi cara para captar mis palabras—, solo quiero decir que ahora mismo yo y todo el resto del equipo de Hendersohm estamos pensando en la familia Walker.
Chastity era una mujer increíble que abrió camino en la música pop para mucha gente, además de ser una madre fantástica para sus dos hijos, y Kian siempre hablaba de ella con mucho cariño.
—Me aclaro la garganta—. No hace falta que le diga a nadie que haya visto una sola carrera en la última década y media lo bueno que es Kian en la pista.
Pero entre bambalinas es una inspiración.
Me ha enseñado mucho sobre determinación y motivación en este deporte.
Lo importante que es cuidarme tanto dentro como fuera de la pista.
Me ha retado a ser mejor piloto. Esta victoria de hoy…
, en fin, no es mía. Es para Kian. Mi compañero habría arrasado hoy en el circuito, no me cabe ninguna duda, así que mi victoria es suya, y estoy deseando volver a pilotar pronto a su lado.
No sé si ha sido apropiado decir todo esto, aunque me da igual. Nunca sabré si habría ganado hoy si Kian hubiera corrido, pero dedicárselo es lo mínimo que puedo hacer .
—Has estado muy bien —me felicita Anna desde donde está sentada demasiado cómodamente, al lado de Cole—. Supongo que la formación de los medios por fin ha dado frutos, tontolaba. Casi haces llorar a medio equipo.
Vaya, eso es nuevo. El equipo está orgulloso de mí. Ostras.
Anders me estrecha la mano como un loco.
Seguro que le acabo de conseguir una cantidad descomunal de dinero extra —y a mí también, que ayudará a pagar a los cabrones chantajistas a los que mi mánager tuvo que sobornar—, pero de verdad que lo veo orgulloso de mí.
También parece un buen hombre. No hay mucha gente de la que me fíe.
Nunca he tenido motivos para fiarme de nadie.
Pero la terapia está empezando a ayudar, lo noto.
Quizá me esté funcionando porque ahora soy mayor o quizá porque tengo un motivo para querer ser mejor.
Quizá va siendo hora de arriesgarse también fuera de la pista y confiar en algunas personas.
—Señor, me gustaría pedirle permiso para hacer algo que a lo mejor no le gusta.
—Ya que me lo vas a pedir, en lugar de hacerlo sin más y que me entere mañana por la prensa, casi estoy obligado a decir que sí. Si es razonable. ¿De qué se trata, hijo?
—Me gustaría volar de vuelta al Reino Unido esta misma noche. Me gustaría acompañar a Kian en el funeral. Necesita a alguien y…
—¿Y esa persona deberías ser tú? —Me mira con escepticismo, con una ceja arqueada.
—Sí, señor.
—Pues cuenta con ello, hombre. Te subiremos al próximo avión que salga de aquí.