Capítulo 25
Kian
C onsigo por los pelos cruzar el camino de entrada sin atropellar a los putos periodistas que abarrotan la gravilla que lleva a la granja.
Tomo nota mental de hablar con alguien acerca de la seguridad.
No sé si es algo que pueda organizar mi mánager o Kelsey, pero quizá sepan recomendarme a alguien. Me alivia volver a entrar en casa.
—Ahí fuera es una pesadilla. —Me quito la chaqueta y bajo las persianas de la cocina, donde Grant está preparando la comida para los peques.
—¿Peor que ayer? —pregunta, mientras sigue cortando el pepino en bastoncillos, cada corte con el cuchillo un poco más agresivo que el anterior.
—Mucho. No sé quién les ha dado derecho a hacer preguntas tan invasivas, pero sí, mucho peor. Hoy me han preguntado sobre todo si me preocupaba perderme la carrera de Singapur.
—O no tienen familia o son unos auténticos monstruos. ¿Quién no se perdería una carrera para volver a casa y llorar la pérdida de una madre?
Es una buena pregunta, pero no puedo responderla.
—Voy a hablar con el jefe de seguridad del equipo a ver si pueden recomendarnos a alguien que nos ayude a tener un poco más de intimidad hasta que la situación se calme .
La verdad es que no se me ocurre nada peor que el que Elise deba enfrentarse a esos buitres. Aunque ella y yo crecimos siendo objetivo de los medios debido a la fama de nuestros padres, mi hermana ha hecho todo lo posible por mantenerse lo más alejada posible de la atención pública.
Nunca ha recibido formación mediática sobre cómo manejar preguntas indiscretas sin perder los estribos, especialmente cuando está bajo presión emocional, como ahora.
Será un auténtico desastre que se aleje de la propiedad.
—A lo mejor podríamos poner una cerca electrificada o algo así, para que si se acercan demasiado reciban una descarga. —Contesto con una risotada, pero no es mala idea.
Estoy abriendo un par de cervezas cuando oigo movimiento en la planta de arriba. Parece que Elise va al baño, pero como mínimo sé que se ha levantado de la cama.
—¿Qué tal va la lista de tareas pendientes? —me pregunta Grant cuando le tiendo una botella de cerveza.
—Fatal, Grant. No sé cómo hacerlo. —No lo digo para darle lástima ni para que me ayude más, de verdad que no. Se me da muy bien organizarme en mi carrera, pero fuera de ella la mayor parte del tiempo tengo la sensación de que no puedo controlar nada—. He elegido las flores.
No tenía ni idea de lo que estaba haciendo, pero recuerdo unas flores que a mi madre le encantaba poner en el alféizar de la ventana y me decidí por un montón de esas. Son rosas y blancas, pero no recuerdo cómo las llamó la florista ni qué significan.
Últimamente me he sentido así muchas veces.
Con Elise sin levantarse de la cama y Grant cuidando a los niños, todas las decisiones recaen sobre mí.
Y no pasa nada. Me alegra hacerlo. Es hora de que asuma la responsabilidad por una vez en mi vida.
Pero ojalá no tuviera que hacerlo solo. Quiero que sea perfecto para mi madre, y creo que solo Elise es capaz de conseguirlo .
—Espero que hayas comprado astrantias. —Oír la voz de Elise en la puerta me pone la piel de gallina y me llena los ojos de lágrimas—.
Mamá las plantaba en el jardín y las recogía muy a menudo.
Mientras pudo, las dejaba en el baño que compartíamos.
Simbolizan fuerza, la fuerza que quería que tuviéramos.
Abro los brazos y Elise se aferra a mí, y finalmente me permito echarme a llorar. La cocina se llena de sollozos y de disculpas por parte de los dos, aunque no es necesario verbalizarlos. Necesitamos llorar la pérdida a nuestra manera, procesar el duelo y recordar a nuestra madre juntos.
El jet lag es terrible, y me he pasado las últimas dos noches en vela, repasando recuerdos de mi madre de las últimas tres décadas. Hay muchos muy buenos, y eso es lo que me ha ayudado a superar la pérdida.
No puedo imaginar siquiera cómo lo ha pasado Elise, porque, aunque los dos sabíamos que nuestra madre llevaba años enferma, ha sido mi hermana quien ha tenido que convivir con ello todas las horas del día desde entonces.
Solo espero que todos sus buenos recuerdos no hayan quedado eclipsados por los de cuando nuestra madre comenzó a perder las funciones motoras y la capacidad de reconocer a la gente.
Nos abrazamos durante lo que parecen horas, mientras Grant se ocupa de todo a nuestro alrededor, dando de comer a los niños, recogiendo y preparando la cena para que Elise y yo podamos estar juntos.
Tendré que darle las gracias enormemente cuando las cosas empiecen a recuperar la normalidad.
Elise ha elegido a un buen hombre. Casi estoy celoso. No, no son celos: es envidia.
Envidia de que Elise tenga a alguien que la cuide mientras pasa el duelo. Envidia de que tenga a alguien que la abrace cuando llora. Envidia de que tenga a alguien que escuche sus historias y recuerdos de una persona que ya ha oído cientos de veces.
¿Harper podría haber sido esa persona para mí? Casi me río entre dientes sobre el pelo de mi hermana. Es poco probable. Ya debe de saber que mi madre ha muerto; la noticia ha salido en todos los medios de comunicación y no he asistido a las clasificatorias, pero no me ha llamado.
Claro que no te ha llamado, idiota. ¡Lo has bloqueado!
No puede.
Casi me había olvidado de la captura de pantalla y de que lo había bloqueado de todas partes.
Ni siquiera sé cómo han quedado las clasificatorias.
Elise se aparta de mi abrazo, y las lágrimas me inundan las mejillas cuando saca una foto del móvil de las flores en cuestión.
—Sí, esas son las que he elegido, entre muchas otras. Podía verlas en mi mente, y, cuando la florista las señaló, supe que eran esas.
—Has hecho bien, hermanito. No necesito saber qué más has elegido para saberlo.
A mamá le encantará de todas formas. —Me rompe de nuevo la forma en la que habla en presente, como si nuestra madre aún estuviera aquí, vigilando nuestras buenas y malas decisiones, y esta vez es ella quien me sostiene mientras sollozo.
Mi hermana es muy fuerte, lo absorbe todo y me da mi momento para llorar. Como la conozco, estoy seguro de que me dará todos los momentos que necesite. Nos los daremos el uno al otro.
Grant está jugando con los niños, así que los dos disponemos de unos instantes de intimidad.
—Joder —digo, cogiendo un pañuelo de la encimera para sonarme la nariz—. Creo que hacía mucho tiempo que mis lagrimales no tenían tanta actividad. —Ni siquiera recuerdo la última vez que lloré tanto.
—A veces es lo que necesitamos y ya. Me alegro de que te hayas desahogado. Me preocupé cuando Grant me dijo que todavía no habías llorado. Ahora cuéntame más cosas sobre el funeral. —Algo ha cambiado en Elise, que ha vuelto a su modo organizado y de supermujer, lista para comerse el mundo .
—Todavía tengo todo esto por hacer. —Menos mal que llevo la lista de tareas pendientes en el móvil, porque así le resulta fácil consultarla y entender por dónde voy de la organización del funeral.
—Lo haremos juntos. —Me aprieta la mano y, por primera vez desde que he vuelto a casa, estoy de acuerdo.
Las cosas empiezan a ser más fáciles cuando no te sientes tan solo haciéndolas.
Mi hermana, mi cuñado y yo comemos juntos, hablando de las decisiones por tomar y repartiéndonos las tareas entre los tres.
En cuanto todo está metido en el lavavajillas, veo un mensaje de Anders preguntándome si puedo hacer una videollamada. Subo a la habitación de invitados donde me alojo, apoyo el teléfono en la almohada y acepto la llamada.
—Hola, Anders. —Cuando digo su nombre, Jackson aparece en la pantalla—. Y Anders Júnior.
Ambos se ríen, y así se rompe el hielo. Es imposible que no se den cuenta de las pintas que tengo, así que por lo menos la conversación será algo más fácil.
—¿Cómo estás, hijo? —me pregunta Anders. Y así, de repente, vuelvo a estar al borde de las lágrimas. Crecí sin padre y, ahora que mamá ya no está, es probable que nunca más oiga a nadie dirigirse así a mí.
—Papá —le advierte Jackson, y se lo agradezco, pero no tiene por qué protegerme. Anders es uno de los mejores hombres que he conocido y le estoy inmensamente agradecido por que haya aparecido en mi vida para guiarme en mi carrera y alimentar mis ambiciones.
—Estoy bien. Hemos decidido organizar el funeral deprisa, así que tenemos mucho que planificar, pero todo va lo mejor posible. ¿Cómo van las cosas por ahí?
Quiero disculparme por no estar allí, pero no me arrepiento de ausentarme por un motivo tan importante. Sería una gran falta de respeto hacia mi madre .
—Ah, pues hacemos lo que podemos. London está intentando no emocionarse demasiado con su primer gran premio, ya que no quiere parecer insensible. —Anders se encoge de hombros como si no supiera qué más decir.
—Debería disfrutarlo. Es un rito de iniciación.
No le pregunto cómo ha quedado en las clasificatorias porque entonces también tendría que preguntarle cómo le ha ido a Harper, y no soporto pronunciar su nombre en voz alta.
—Sí que lo es. Pero ahora mismo no tienes que preocuparte por nosotros. Solo queríamos saber cómo estabas. Nos enteramos de que no quieres coronas de flores para el funeral, así que el equipo hará una donación a la fundación Parkinson’s UK. Espero que te parezca bien.
Me parece mejor de lo que él jamás comprenderá. Significa muchísimo para mí.
—Muchísimas gracias. Es perfecto.
—Si nos necesitas a cualquiera de nosotros, Kian, envíanos un mensaje o llámanos. Sé que Cole ya te echa de menos, pero no quiere molestarte. Ninguno de nosotros quiere molestarte, pero siempre estás presente en nuestros pensamientos.
Es más que evidente que no menciona a Harper y que yo no pregunto por él.
—Dígale a Cole que me escriba, qué tonto. Y gracias, de verdad que agradezco todo lo que ha hecho para que pudiera estar aquí con mi familia.
—Tú también formas parte de nuestra familia, Kian. Y por la familia se hacen esas cosas —tercia Jackson.
Asiento con la cabeza. Sé que, si digo algo más ahora, me derrumbaré.
Se despiden y cuelgo el móvil. Estampo la cara contra una almohada y grito de dolor al tiempo que golpeo la otra almohada.
No es justo.
No es justo .
Es muy injusto.
Mi madre era muy joven, y la forma en la que fue perdiendo poco a poco las facultades ha sido muy cruel. A pesar de que sabía que iba a suceder, no estaba preparado. Quizá nunca lo habría estado.
Ni todas las lágrimas del mundo ayudan, como tampoco los gritos ahogados. Me siento agotado. Extenuado.
Lo único bueno es que el cansancio me vence enseguida y el sueño me libera de mi sufrimiento.