Capítulo 24
Harper
Pero aquí estoy de nuevo, con otro tío bailando detrás de mí como si hubiera ganado el premio gordo. Aunque no va a obtener nada de nada de mí.
Ni siquiera sé qué pretendo conseguir. ¿Alejar a Kian? Estoy seguro de que ya lo hice cuando me asusté —otra vez— al preguntarme si teníamos futuro juntos. Sería un santo si sopesara darme una nueva oportunidad después de eso. Y luego está lo que sea que estoy haciendo aquí.
Reprimo mi ansiedad bajo el ritmo palpitante de la música electrónica que suena a todo volumen en el bar. El estruendo ensordecedor me ayuda a ignorar cualquier pensamiento sobre Kian, pero incluso pegado a este desconocido solo hay una persona con la que quiero estar de verdad .
Ni siquiera quiero estar aquí. No me ayudará en nada. Lo sé, pero me da demasiado miedo volver y enfrentarme a las consecuencias de mis actos. Seguro que mi terapeuta tendrá algo que decir al respecto, pero esta noche no voy a abrir la tapa de esa caja de Pandora.
Por suerte, no tengo que preocuparme por eso, ya que de reojo veo a Johannes abriéndose paso entre la multitud y dirigiéndose directamente hacia mí, con una mirada que acabaría con cualquier mortal.
—Eres un gilipollas integral —gruñe cuando llega a mi lado.
Enseguida me aparta del desconocido con el que estoy bailando. No sé cómo se llama, pero le molesta la interrupción, pero basta con ver la cara de mala hostia de Johannes para que se escabulla a buscar a otra persona.
—Estaba muy bueno —murmuro con total desgana.
Ni siquiera estoy seguro de haberlo visto bien para saberlo, pero se ha mostrado interesado al darse cuenta de quién era yo.
—No, no lo está. Es un dos como mucho, y estabas haciendo el ridículo. —Sigue arrastrándome de la mano y, antes de que me entere, hemos salido del local.
—¿Cómo has sabido dónde estaba? —le pregunto. Estoy completamente sobrio, pero el ataque de pánico me ha trastornado.
—En cuanto me has colgado, he visto que habías publicado tu lamentable exhibición de baile en una historia de Instagram.
Has sido tan tonto como para incluir el nombre del bar, que se ve al fondo.
Cualquiera podría haberlo visto. Tienes suerte de que no te esté esperando una estampida de seguidores aquí fuera.
—Has venido a salvarme. Mi héroe —digo con sarcasmo.
—¿Qué coño te pasa? Pensaba que te estabas portando bien. Te han dado una última advertencia, ¿recuerdas? ¿No quieres esto? ¿No quieres estar en la Fórmula 1?
Me encojo de hombros, porque ¿desde cuándo Johannes es tan listo o se ha convertido en mi jefe ?
Me lleva hacia la parte trasera de un taxi y da la ubicación de su hotel en lugar de la mía. Es probable que sea lo mejor, teniendo en cuenta cómo he dejado las cosas con Kian.
No vuelve a gritarme durante el resto del trayecto a casa; el taxi no cuenta con una mampara entre nosotros y el conductor para aislarlo de nuestra vida privada. Pero, en cuanto la puerta de su habitación se cierra tras de nosotros, estalla.
—No me lo puedo creer. ¡En serio, Harper! Si hasta yo estoy hasta los cojones de este comportamiento ridículo, imagínate los demás.
Johannes nunca me había chillado, pero me saca unos diez centímetros de altura y su voz retumba cuando se enfada. Da un poco de miedo.
—¡Le dijo la sartén al cazo! ¿Te acuerdas de Bélgica? ¿Los gemelos buenorros a los que te tiraste y el litro de tequila? No me vengas con tus aires de superioridad moral porque no me lo trago. Olvidas que te conozco demasiado bien, Johannes.
—¿Qué te pasa, tío? No hay ningún motivo para que estemos discutiendo. Es una chorrada, Harper. Nosotros no somos así. Tú y yo no somos así. Nos hablamos con sinceridad, así que dime qué coño te pasa.
¿Qué le digo? No puedo creer que viva en un mundo en el que todavía no le he contado lo de Kian; sin embargo, también me gustaba que fuera algo privado que solo compartimos él y yo. Pero, ahora que se ha acabado, ¿qué más da?
—Pues que Kian y yo nos… nos hemos acostado.
Se ríe. Se ríe a carcajadas.
—¿Estás borracho? Porque si lo estás acabas de tocar fondo, incluso para ti. Mañana tenemos entrenamiento en el circuito.
Niego con la cabeza, y Johannes abre los ojos de par en par.
—Vaya, menuda sorpresa. ¿Qué ha pasado? ¿Os habéis peleado o algo?
—Es más complicado. No es solo esta noche… Es que… llevamos ya un par de meses. —Mi mejor amigo no se creerá que esté tan tocado después de una sola noche con Kian. Yo jamás dejaría que una aventura de una noche me hiciera sentir tan mal.
—¿Así que estáis juntos?
Niego con la cabeza. No sé qué hemos sido, pero ya no lo somos.
—No, solo ha sido sexo.
Se le escapa una risita, y lo fulmino con la mirada. ¿Desde cuándo mi vida es tan ridícula?
—¿Qué?
—Llevas meses siendo otra persona, llevas meses acostándote con el mismo tío, y cuando termina te da un ataque de pánico en un bar, ¿y ha sido solo sexo? No lo creo. —Me da un golpe en el brazo—. Eres imbécil.
Odio que tenga razón. Odio que sea tan obvio cuando lo resume así.
—Deberías verte la cara ahora mismo —dice, y espero que se ría, pero me mira con ojos preocupados—. Pareces destrozado, tío. Me cuesta creer que Kian Walker te tenga tan hecho un lío.
—Kian es… —Dejo que los pensamientos sobre Kian vuelvan a invadirme la mente, y no hay palabras suficientes para describir lo que ha llegado a significar para mí, aunque haya sido demasiado cobarde como para darme cuenta.
No puedo describir su belleza con palabras ni hacerle justicia a su carácter ni siquiera en un libro entero. Necesitaría una saga épica para capturar su corazón y explicar lo grande que es.
—Kian Walker, la leyenda de la Fórmula 1, tu héroe y el amor de tu vida.
—No. —Esa palabra no. Ahora no. Quizá nunca. Tiene demasiado poder sobre mí y me da miedo lo que me hará esta vez.
—Harper, tío, tranqui. Kian es buena persona, y no puedes alejarte de él solo porque tienes un poco de miedo.
¿Un poco? Se queda corto no, lo siguiente. La mera idea de abrirle mi corazón a Kian, aunque sea una pizca, me da escalofríos .
Pero, si lo analizo con atención, me doy cuenta de que ya está ahí. Se ha colado en cada rinconcito de mi corazón. Es demasiado tarde, y lo sé.
—Ay, so idiota.
Agradezco que Johannes no diga nada más sobre el tema y opte por darme un abrazo de oso.
Su aroma no ha cambiado en los muchos años que llevo siendo su amigo.
Su ropa siempre huele a recién lavada, un auténtico aroma a lino limpio que se mezcla a la perfección con los suaves matices de vainilla y sándalo de su colonia.
Es casi reconfortante cuando lo aspiro profundamente, apretando con fuerza la espalda de su chaleco.
Necesito esto. A mi mejor amigo y sus maravillosos abrazos asfixiantes. Acurrucado en el arco de su hombro, veo su chupetón.
Le doy un puñetazo en el brazo, y mi voz sale un poco chillona.
—¿Quién es el idiota ahora? ¿Eso es lo que creo que es?
Se ríe antes de rodar al otro lado de la cama y meterse de nuevo bajo las sábanas. Si cree que se va a salir con la suya, lo tiene muy crudo.
Me quito los tejanos y me meto en la cama con él.
—¿Por lo menos estaba bueno? ¿O es el chico que ha estado robando tu atención?
Intenta no reaccionar por todos los medios, pero su rostro se ilumina con una sonrisa que no puede contener. Madre mía, debe de haber sido espectacular.
—No pienso hacer ningún comentario.
Su respuesta incrementa mis sospechas, y me muero de ganas de presionarlo, pero me he guardado durante meses el secreto de lo de Kian. Si necesita guardar un secretillo propio, lo dejaré. Por ahora.
Estamos los dos acurrucados debajo del edredón, mirando hacia la oscuridad. Diría que hay silencio, pero puedo oír nuestras mentes girando a toda marcha .
—Kian Walker —murmura antes de que los dos empecemos a reír como unos locos.
Supongo que es un poco descabellado. Kian siempre me ha dicho que no le importa que la gente sepa que es bisexual, pero nunca lo ha dicho abiertamente, y nunca ha tenido novio en público. Que no es que yo sea su novio.
—¿Te acuerdas cuando fuimos a Silverstone hace ocho años? ¿O fue hace nueve? Cuando intentaste llamar su atención entre la multitud mientras firmaba autógrafos después de la carrera.
Claro que me acuerdo, pero Kian no se va a enterar en la vida. Y menos ahora.
—No, eso nunca pasó.
—Uy, y tanto que pasó, y, cuando lo aclaréis y nos hagamos amigos, tengo muchas ganas de contarle hasta el último detalle de cómo gritaste su nombre y lloraste cuando ganó. —Porque mi mejor amigo está dispuesto a torturarme, cómo no.
—Si es que lo aclaramos… Ni siquiera sé qué hay que aclarar ahora mismo. He sido un poco imbécil.
—No me digas. Para sorpresa de nadie. —dice. Le doy un golpe en la pantorrilla con el pie frío, y se estremece—. Pues sí, muy imbécil.
—¿No se supone que debes consolarme durante esta fase de desamor o lo que sea?
Ni siquiera sé si es desamor. Lo único que sé es que nunca había sentido esta desesperación por nadie, y, cuando pienso demasiado en la posibilidad de que Kian haya terminado conmigo, me resulta imposible respirar.
—Prefiero ayudarte a encontrar una manera de arreglarlo que sentir lástima infinita por ti.
Es tarde y es probable que tenga razón, pero eso no impide que nos quedemos despiertos dos horas hablando del gran plan que arreglará nuestra relación. Ya está casi perfilado cuando nos dormimos, y me emociona muchísimo ver la cara que pondrá Kian cuando todo se solucione .
Por primera vez en mucho tiempo, siento esperanza, muchísima esperanza, al sumirme en un sueño profundo y tranquilo.
Aunque Johannes me despierta sin miramientos al cabo de menos de cinco minutos.
Apenas tengo tiempo de abrir un ojo cuando agita la brillante pantalla de su móvil.
—¡Mierda, mierda, mierda! Tienes que ver esto.
Es difícil no verlo cuando Johannes me pone el teléfono delante de la cara. El hecho de que haya amanecido me pilla desprevenido, pero no tanto como la noticia de última hora en blanco y negro en su pantalla.
«Chastity Walker, la leyenda del pop, ha fallecido a los 59 años tras una batalla de cuatro años contra el párkinson».
—Joder, joder, joder. —Cojo mi teléfono y voy directo a su nombre en mis contactos.
Pulso el botón de llamada, pero ni siquiera suena. Ni siquiera tengo tono de llamada. Solo puede significar una cosa.
—¿A lo mejor lo tiene apagado? —sugiere Johannes, y quiero creerle, pero él no vio cuánto se cabreó Kian cuando le dije que no podía gustarle.
—Me ha bloqueado. Tengo que volver al hotel y asegurarme de que está bien. ¡Joder, joder, JODER! No puedo creer que lo haya abandon…
—No sabías que su madre se iba a morir, Harper. No podías saberlo. Pero has sido gilipollas al salir de fiesta cuando deberías haber estado hablando con él y siendo sincero contigo mismo.
Quiero taladrarlo con la mirada y decirle que está equivocado, pero no puedo.
Tiene tanta razón que me duele. La he cagado, y ahora Kian está pasando por esto solo.
No hay manera de que pueda arreglar las cosas ahora mismo sin empeorar su dolor.
Tiene que hacer lo que sea mejor para él y para su familia, y eso no me incluye a mí.
No creo que vaya a correr este fin de semana, así que supongo que London será mi compañero.
Apenas le he dirigido la palabra en toda la temporada.
Los entrenamientos libres de hoy van a ser interesantes.
—Debería…, debería volver a mi hotel. Creo. No, seguro. Iré a ver cómo está. ¿Crees que es lo correcto?
—Puede, no lo sé. Quizá deberías ir a darle el pésame y dejarlo ahí por ahora.
—Sí, tienes razón.
—Pues como siempre, tío. Todo saldrá bien, Harp. Te lo prometo, todo saldrá bien.
Decido volver andando al hotel en lugar de coger el coche. Necesito aire fresco para despejarme, y la caminata me dará la oportunidad de pensar en cómo voy a hablar con él y qué le voy a decir. A lo mejor me cierra la puerta en las narices, pero tengo que intentarlo.
Apenas he empezado a pensar cuando me suena el móvil. Se me acelera el corazón al pensar que podría ser Kian, pero es Anders, por supuesto. Ya he borrado las historias de Instagram que publiqué anoche, pero supongo que es demasiado tarde y seguro que me despiden para la próxima temporada.
—Buenos días —balbuceo, con la garganta de repente más seca que el desierto del Sáhara.
—Harper, hola, disculpa que sea tan temprano. Sé que esta tarde tienes entrenamientos libres, pero quería avisarte de que London correrá este fin de semana. Como seguro ya sabes, Kian ha vuelto al Reino Unido para estar con su familia y no disputará el gran premio.
¿Kian se ha ido?
—Ah, sí, gracias por avisarme, señor.
La llamada es breve y concisa, y me alegra no recibir la reprimenda que me merezco. Sin embargo, en cierto modo me siento peor aún.
Kian se ha ido.
Y me ha bloqueado .
Ni siquiera puedo intentar estar ahí para él.
Anoche me porté como el culo. ¿Cómo pude hacerle esto? ¿Cómo pude hacerle tanto daño? ¿Cómo pude hacer daño a alguien a quien quiero?
¿Por qué solo ahora me doy cuenta de que estoy enamorado de él?
¿Por qué solo ahora me doy cuenta de que no tengo que repetir los patrones de mi pasado, los patrones que me rompieron, ni hacerle daño a nadie? Podría haber dejado que me quiera sin devolvérselo. Y yo también podría quererlo, ¿verdad?
Se me revuelven las tripas.
¿Es por el miedo? ¿Por la adrenalina? ¿Por la esperanza?
Sinceramente, no lo sé.
Subo hasta su habitación. Sé que es inútil, pero quiero estar entre sus cosas. Al ir a abrir la puerta, casi me echo a llorar al verla abierta.
Todo se ha esfumado, pero se nota que se ha ido con prisas porque la cama está sin hacer, y el baño, hecho un desastre.
Aunque ahora mismo me da igual, porque lo único que quiero es sentirme cerca de él.
Me siento en su cama. Ay, Dios, todavía huele a él, y me permito inhalar su aroma, con el edredón metido hasta la barbilla.
Me incorporo y veo la bolsa de plástico junto a la puerta, con mi sudadera asomando por arriba.
Mierda, lo nuestro ha terminado de verdad.
Saco el móvil para mandarle un mensaje. Necesito decirle algo para expresarle cuánto lo siento, para darle el pésame, para decirle que estoy aquí para él si me necesita.
Escribo algo que no llega a decir todo lo que quiero decir, pero de pronto lo recuerdo. Me ha bloqueado.
Lo peor es que me lo merezco. Tiene todo el derecho a dejar de hablarme. Yo también estoy harto de mí mismo.