Pole Position: Rivales en la pista Capítulo 23
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Capítulo 23

Kian

¿C uántas veces voy a terminar en el mismo punto? Es como presenciar en repetidas ocasiones cómo se da cuenta de que está demasiado implicado emocionalmente en lo nuestro y después se cierra en banda por completo. Y me echa de su lado.

¿En qué momento voy a aceptar que lo hace adrede? ¿Cuántas veces me tiene que echar de su lado para decidir poner fin a esta dinámica? Si es incapaz de admitir que lo nuestro va más allá del sexo, que somos más de dos personas que se meten la polla, ¿a dónde va esto?

A ninguna parte, de hecho.

Y, a estas alturas, yo ya debería saberlo.

Ha llegado la hora.

La hora de pasar página.

Empiezo borrando todas nuestras conversaciones. Todos los recuerdos que hemos compartido en los últimos meses, a la basura. Todas las pullas, todos los mensajes de ligoteo, todos los memes terminan yendo a un sitio del que no podrán volver.

Algunas de sus cosas se mezclaron con las mías porque tuve que hacer las maletas cuando me encontraba fatal y no tenía energía para separarlas: una gorra, su crema Deep Heat y un par de camisetas.

Busco una bolsa y meto las cosas dentro, y la dejo junto a la puerta para llevarlas mañana a su habitación .

Quería incluir una sudadera suya que prácticamente he adoptado y a la que le tengo mucho cariño, pero al final me la quedo. Al poco, cambio de opinión y la meto en la bolsa.

Vuelvo a cambiar de opinión y la saco. Me la acerco a la nariz como un adolescente patético que llora por su primer amor.

No sé qué espero conseguir. La sudadera no hará que Harper aparezca por arte de magia ni que cambie de parecer. No va a decidir que quiere estar conmigo solo porque me aferre a un objeto inanimado suyo. De modo que la arrugo y la meto otra vez en la bolsa.

Sin embargo, desprenderme de ella no logra aflojar el control que ejerce Harper sobre mi corazón.

Hasta el punto de que mi pulgar se cierne sobre su nombre de la agenda del teléfono. Me muero por llamarlo y pedirle que venga para que podamos hablar.

Pero ¿para qué? Ese es el pensamiento al que regreso una y otra vez. No tiene sentido estar con Harper. No quiere comprometerse conmigo, y no me queda otra que aceptarlo.

Meto las maletas debajo de la cama a patadas y odio no haberlas deshecho bien, como suelo hacer. La energía que por lo general tengo para convertir un lugar en mi pequeño hogar durante las dos semanas que estaremos aquí se ha esfumado por culpa de un doloroso sentimiento en el pecho.

No lo llamaré desamor. No dejaré que Harper me rompa. No puede. No tiene ese poder.

Es una mentira que seguiré repitiéndome hasta que me la crea.

Elijah me ha estado escribiendo y me ha dicho que está mucho mejor y que ya ha vuelto al gimnasio.

Necesita que su fisioterapeuta le dé el alta para regresar al simulador.

A lo mejor Anders lo reincorpora para el resto de la temporada y Harper queda fuera.

A lo mejor ocupa el puesto de piloto suplente de London o lo relegan a una categoría inferior. Esa sería la mejor opción.

Así no tendría que lidiar con él y habría mucha menos tentación. No más errores, como en Italia .

Me cuesta volver a la cama.

Cuando esta tarde lo he visto dando vueltas delante de mi puerta, todo arreglado y jadeando como un perro, pensaba que los pocos días de distancia que habíamos tenido en Singapur debido al cambio de alojamiento habían surtido efecto y venía a decirme que me echaba de menos, que quería estar conmigo y que me amab…

Obviamente, eran imaginaciones mías. Durante unos segundos, me ha parecido decidido y valiente, lleno de una luz y una calidez que no suelo ver en él, pero todo se ha desvanecido en un abrir y cerrar de ojos.

Ha sido tan rápido que he dudado y todo de su existencia.

Debo de haberlo imaginado porque lo deseaba con todas mis fuerzas.

Cómo no, esta noche ha salido con Johannes. Y sé que no es para hablar de lo que sea que le preocupaba a Johannes la última vez que Harper se fue con él. Harper iba vestido para salir de fiesta. Puede que ahora mismo se esté morreando con otro. Puede que se esté tirando a otro.

Debería intentar dormir. Los entrenamientos libres son a primera hora, y estoy agotado.

Todavía me estoy recuperando del accidente y necesito toda la ayuda posible, tanto física como mental.

Pienso en la preocupación de Elise y en cómo he aumentado su carga.

No puedo permitir que Harper me siga afectando.

Aunque cerrar los ojos no ayuda. Ni siquiera apretándolos con fuerza se borra el recuerdo de la escena del pasillo. Se repite una y otra vez en mi cabeza, y no puedo impedirlo.

Me cuesta encontrar una postura cómoda. La cama me parece demasiado grande, y el otro lado está demasiado frío. Doy vueltas y más vueltas hasta que el puro agotamiento al final me vence y el mundo a mi alrededor se difumina.

Hasta que me suena el teléfono a todo volumen y lo busco a tientas debajo de la almohada. La esperanza brota en mi interior por si veo el nombre de Harper en la pantalla. Ha cambiado de opinión y me necesita …

No podría estar más equivocado.

Todo mi cuerpo se queda congelado. Elise nunca se equivoca con el cambio de hora, así que si me llama en mitad de la noche…

—¿Elise? —digo con voz ronca. Ya sé lo que me va a anunciar. El miedo me paraliza y la angustia me recorre la columna vertebral.

—Lo siento mucho, Ki —susurra con la voz quebrada.

Siento que todo mi cuerpo se encoge mientras aprieto con fuerza la sábana retorcida.

No hace falta que añada nada más.

Mi madre se ha ido.

Lo sé por los sollozos de mi hermana al teléfono, y la pérdida y la necesidad de estar con ella me consumen.

El vacío de mi corazón crece más de lo que jamás pensé que podría crecer después de lo de esta noche.

Sin embargo, no me echo a llorar. El comienzo del duelo adormece todas mis emociones hasta que ya no siento nada.

—Voy para casa, Elise. Cogeré el próximo avión que salga de aquí. —No suelo alardear de mi riqueza ni abusar de mi poder dentro de Hendersohm, pero ahora mismo haría cualquier cosa para abordar un jet privado en una pista de aterrizaje si eso me lleva más rápido a casa con mi hermana.

—Pero ¿y este fin de semana? —intenta protestar.

—No me importa este fin de semana. —Me sorprende lo cierto que es.

Nunca me he saltado una carrera. Me perdí los nacimientos de Cassie y Jesse, la fiesta de compromiso de mi hermana y el bautizo de Jesse, pero nada me alejará de ella ahora—.

Vuelvo a casa. Lo antes posible. Ya buscaré la manera. Voy a ir, Elise, te lo prometo.

Mi hermana solloza en voz baja por teléfono, y me quedo sin aliento.

—Te quiero, Ki. ¿Nos vemos pronto? —pregunta entre llantos.

—Pronto. Te quiero .

La llamada se corta, y siento que voy a vomitar.

Me levanto de la cama y empiezo a meter cosas en una bolsa.

Mientras tanto, llamo a Kelsey, la organizadora del equipo, y, cuando le cuento lo sucedido, obra un milagro y me consigue un avión que me lleva a una pista privada de Norfolk.

También me ha organizado un coche para que me recoja, y ya estoy a medio camino del aeropuerto antes de poder detenerme a pensar.

Y es entonces cuando valoro avisar a Harper. Pase lo que pase o no pase entre nosotros, se merece saber que no voy a correr este fin de semana.

Me dispongo a escribirle cuando me llega la notificación de que ha publicado una historia en Instagram. Es un vídeo tembloroso grabado desde el brazo extendido de Harper. A su alrededor parpadean varias luces de neón, que iluminan cómo otro tío y él se mueven al ritmo de la música.

Me deja completamente destrozado.

Si mi corazón y mi alma no estuvieran ya hechos pedazos, ahora lo estarían. Es el último clavo en el ataúd de la saga protagonizada por Harper James y por mí.

Nunca estará emocionalmente preparado para tener una relación. Debería haberlo sabido desde nuestra primera conversación seria en Austria. Joder, debería haberlo sabido en el segundo en el que llegó y solo causó caos para mí y en Hendersohm.

Debería haberme alejado por completo después del primer beso.

Debería haber guardado ese recuerdo en el rincón más recóndito de mi mente y haberlo dejado allí.

Debería haber empleado por lo menos una pizca de mi famosa autodisciplina y haber mantenido una distancia educada y profesional entre nosotros.

Debería haberlo dejado enredarse en nudos autodestructivos y esperar el regreso de Elijah.

Seguir adelante única y exclusivamente como compañeros de equipo.

Pero no he podido evitarlo. Harper es un enigma al que no pude resistirme, y ahora su fuego me ha abrasado .

Pues que se vaya a tomar por el culo.

Pulso los dos botones laterales del teléfono, hago una captura de pantalla y se la envío a Harper. Espero a que le llegue el mensaje y luego lo bloqueo del todo. De mis contactos, de WhatsApp y de todas las redes sociales en las que, imbécil de mí, lo seguí.

Y así desaparece de mi vida. Ojalá pudiera empezar a sentirme mejor de inmediato, pero con todo lo que está pasando es imposible.

Cabronazo de mierda.

Evidentemente, no puede saber que mi madre acaba de fallecer, pero, si no se estuviera liando con otro, habría estado conmigo y se habría enterado al mismo tiempo que yo. Podría haberme abrazado como cuando tuve esa pesadilla, y me habría sentido mejor.

Necesito a alguien a quien culpar y Harper es una diana perfecta.

Seguro que hay muchísimas personas a las que debería contactar ahora mismo.

Las clasificatorias son dentro de menos de treinta y seis horas, y no voy a participar ni en broma.

Anders tiene que llamar a nuestro suplente para que me reemplace o a Elijah, si ya está listo, y mi mánager, Will, debe saber que estoy a punto de regresar a Inglaterra.

Anna también debería saberlo para publicar una declaración explicando por qué no voy a competir.

Pero tan solo puedo concentrarme en llegar al aeropuerto.

Espero que Kelsey se encargue de todo porque yo ahora mismo no puedo.

Quiero y necesito volver a casa.

El avión está esperando en la pista, como me han prometido.

En cuanto subo, cierran las puertas y empezamos a acelerar.

Una vez que el avión se estabiliza en el cielo, reclino el asiento y rezo para poder dormir y no tener que pensar en cómo lo está sobrellevando mi hermana.

Espero que mi madre no estuviera sola, pero tampoco le desearía a mi gemela tener que verla morir delante de sus ojos.

Espero que Cassie y Jesse estén bien; se darán cuenta de que algo anda mal, y son demasiado pequeños para entenderlo.

Espero que Grant ya esté de regreso para que Elise tenga ayuda con los niños.

He olvidado dónde era su conferencia, pero sé que ahora mismo no está en casa.

Yo no estaba allí.

No estaba allí cuando ha sucedido.

Me pongo los auriculares y escucho música relajante. Necesito ahogar mis pensamientos antes de que ya no pueda serle útil a nadie.

Finalmente, el cansancio del día me vence, y me quedo dormido.

Al bajar del avión y subir al coche que me esperaba, enciendo el móvil a regañadientes. Me llegan de inmediato la noticia de la BBC sobre la muerte de mi madre y los primeros artículos que especulan con la posibilidad de que no corra este fin de semana.

El chófer no dice nada. Se limita a quitarse el sombrero a modo de respeto y cierra la puerta tras de mí. Por lo menos ha leído entre líneas y me deja en paz en el corto trayecto en coche por la campiña de Norfolk.

El teléfono me vibra sin parar con mensajes, audios y notificaciones. No lo soporto, no soporto nada de esto, así que decido apagarlo.

Elise debe de oír el coche llegar a la entrada, porque me está esperando en la puerta. Lleva el pelo recogido en un moño y su pijama más cómodo.

Necesito respirar hondo un par de veces para salir del coche, pero en cuanto llego a su lado le doy un abrazo.

—Dios, lo siento mucho —le susurro al oído mientras se acurruca bajo mi barbilla.

En este momento, me alegra que seamos ese tipo de gemelos que se adoran, que discuten y se pelean, pero que siempre se querrán y se apoyarán mutuamente. Sin ella no podría hacer esto. Sin ella no podría hacer nada de esto.

Su sacrificio me ha permitido tener la carrera profesional de mis sueños. Renunció a su título de Enfermería y, de forma desinteresada, se encargó de todo para que yo no tuviera que hacerlo. Lo mínimo que puedo hacer es cuidar de ella ahora para que por fin pueda concentrarse en sí misma.

Empiezo preparándole un baño mientras Grant acuesta a los niños.

Resulta que mi cuñado no estaba lejos, así que ha llegado antes que yo.

Entre los dos cocinamos una cena más o menos comestible y, aunque comemos en silencio, como mínimo mi hermana está bien alimentada cuando la mandamos a la cama bien temprano.

—¿Cómo lo lleva? —le pregunto a Grant.

Estamos sentados en el salón, con la tele puesta de fondo con un programa basura que ninguno de los dos está viendo.

Nos hemos pasado horas limpiando la casa, poniendo varias lavadoras, antes de quitar la ropa de cama en la que ha muerto mi madre.

Los dos hemos dejado que nos cayeran lágrimas en silencio mientras lo hacíamos, pero me alegra haberle ahorrado a Elise la tarea.

También me alegra no haber tenido que hacerlo solo.

—Todavía es incapaz de hablar del tema. No quiere.

Creo que estaba esperando a que volvieras.

Ojalá pudiera quitarle algo del peso de la pérdida, pero ni siquiera puedo llegar a comprenderlo, porque mis dos padres están vivos.

—En su voz percibo una tristeza que nunca había escuchado, y sé que Elise no es la única afectada por haber cuidado de nuestra madre.

—Bueno, pues ya estoy aquí. Quiero hacer todo lo que pueda. No quiero que tenga que hacer nada más que tomarse el tiempo necesario para procesar lo que necesita.

Es lo mínimo que puedo hacer después de haber estado tan ausente en los últimos momentos.

Al cabo de un rato, Grant sube a la cama para estar con su mujer. Sé que la consolará y la abrazará mientras llora. Me alegro.

Pero es otro recordatorio, por si lo necesitaba, de que yo me iré a la cama solo. Lloraré en silencio. Extenderé la mano, sentiré el lado frío de la cama y sabré que no hay nadie a mi lado.

Y ojalá no fuera así, te lo juro.