Capítulo 22 #2
Le doy una canción más para que no pueda acusarme de ser un calientapollas, pero, cuando termina la canción e intento apartarlo, me sujeta la camisa con fuerza y me acerca como si fuera parte de un juego.
—Perdona, tengo que ir a mear —digo demasiado rápido, pero sigue aferrándome, y siento que a mi pecho le cuesta expandirse contra la tela ajustada.
Cualquiera le daría un rodillazo en los huevos y saldría corriendo, pero no puedo. Alguien sacará el teléfono, lo grabará y mañana la noticia ocupará la primera página de los periódicos.
De ahí que me retuerza, con la esperanza de escaparme lentamente de su agarre.
Cuando la música cambia, consigo zafarme de sus brazos y correr hacia la parte trasera del bar.
Me encierro en el baño y me dejo caer contra la pared para intentar recomponerme.
Antes lo hacía a menudo —lo de salir de bares y ligar con tíos—, pero ya no me parece bien.
Ni siquiera sé por qué estoy aquí. Nadie de aquí es Kian, y por lo visto ahora es lo único que quiero.
Nadie se compara con él, nadie me mira como él, como si pudiera colgar la luna y las estrellas, y luego tener tiempo todavía para correr en todos los grandes premios del año.
Me tiene en muy alta estima, lo sé. Me tiene en demasiada alta estima, de hecho, pero ha sido agradable estar una temporada con alguien que se preocupa tanto.
La familiaridad que me une a Kian es tan grande que me enamora…
¿Que me enamora?
¿Qué tiene que ver el amor con ser compatibles en la cama? ¿Cuándo ha importado eso?
Mi mente empieza a divagar por un camino que jamás he querido recorrer.
Porque sé lo que me espera al final: un futuro con Kian.
Podríamos competir juntos como compañeros de equipo y volver a casa juntos de la mano por la noche.
Podríamos pasar el tiempo libre entre temporadas juntos.
Podríamos cocinar juntos, comer en una mesa como es debido, salir a correr juntos, despertarnos cada mañana y dormirnos cada noche… juntos.
Cuando por fin me permito imaginarlo, me resulta emocionante. El futuro sería muy brillante, muy prometedor, capaz de traerme un montón de alegría.
Pero ese es el problema, porque ahora lo deseo. Y desear cosas como estas, cosas que dependen de otras personas, es peligroso.
Y lo he echado todo a perder.
Quizá el problema sea yo. No necesitaba terapia para deducirlo.
Sé que alejo a la gente antes de que puedan rechazarme, sé que es lo que he hecho esta noche con Kian. No solo lo que he hecho con él, sino lo que le he hecho a él .
¿Cuánto daño le he hecho al restar importancia a lo que tenemos? He visto su rostro y sé lo que quiere de mí. Me duele tanto ser rechazado que evito cualquier situación en la que pueda suceder, así que ¿por qué no le iba a hacer daño también a Kian?
Me pregunta si aceptamos exclusividad. Intenta invitarme a salir. Me pregunta si hay un futuro para nosotros. Quiere que lo nuestro sea algo más, y yo lo único que he hecho es tratarlo como si no me importara, como si él me diera igual.
Me dejo caer al suelo del mugriento baño, saco el móvil y marco el único número que tengo en marcación rápida. Con la esperanza de que conteste.
—¿Harper? —dice Johannes adormilado, como si lo hubiera despertado.
Miro la hora y veo que no es tan tarde, pero mañana tenemos entrenamientos libres, así que es lógico que ya esté sobando. No debería haber salido. Anders se va a cabrear muchísimo conmigo.
—Hey, Harper, ¿estás ahí? ¿Me has llamado sin querer?
Intento articular las palabras, pero solo me sale un jadeo en el que susurro su nombre.
—Harp, ¿estás bien? ¿Qué pasa?
—Es demasiado… —Me falta el aire al decirlo—. Esta sensación es abrumadora… Se me cierran los pulmones…
—Hey, hey, Harp, creo que estás teniendo un ataque de pánico —replica Johannes en voz baja por teléfono—.
Respira hondo y concéntrate solo en tu respiración.
Vamos, sígueme. Coge aire durante uno, dos, tres, y aguanta el aire uno, dos, tres.
Suelta el aire en uno, dos, tres, y aguanta uno, dos, tres.
Intento respirar, intento seguir el ritmo que me marca Johannes, pero el aire se me queda atascado en la garganta y no baja por mucho que procure tragarlo. Es como si solo usara el diez por ciento de los pulmones y no pudiera respirar más hondo.
—No funciona —jadeo a medida que me crece la opresión en el pecho .
Es muy humillante. Estoy en el baño de un bar de mala muerte, perdiendo el control porque un tío me ha dicho que le gusto.
Que le gusto. Que le gusto de verdad. Que quiere hablar de un futuro juntos. Y, por lo visto, es demasiado para mí.
—¡Es un puto idiota, Johannes! —gruño, con la garganta seca mientras se me acelera el ritmo cardiaco—. Imagina que le gusto. ¿Por qué? ¿Por qué iba a gustarle a alguien?
—Harper, no entiendo lo que estás diciendo —responde Johannes.
Puedo oír la paciencia que intenta mostrar. Es porque lo he mantenido al margen. No le he dicho ni mu sobre Kian. Apenas he visto a Johannes, si te digo la verdad.
—Me preguntó… —jadeo entre palabras. Cojo aire y siento que los pulmones no se me volverán a hinchar—. Me preguntó… si veo… un futuro… con él. Jo, no… no sé cómo… imaginarme… un futuro con alguien.
Siento una fuerte punzada en el corazón. Quizá sea la confirmación de que tal vez no sea tan cierto como siempre lo he creído. Pero en este momento la sensación es tan aguda y desgarradora que me deja sin aliento.
—Harper, tío, tienes que calmarte. Dime dónde estás y voy a buscarte para que podamos hablarlo. Todo saldrá bien.
—No saldrá bien porque… porque… —Hay un millón de razones dando vueltas en mi cabeza, tantas que no puedo expresarlas con palabras.
¿Cómo le digo a Johannes que esta situación no saldrá bien porque siempre querré estar con Kian, pero pronto se dará cuenta de que puede encontrar a alguien mejor, que lo estoy frenando, que hay cosas más emocionantes en el mundo que Harper James?
Y al final me abandonará. La gente siempre me abandona.
Es un hecho. Así que no puedo decirle a Kian que también quiero algo más con él, porque querer más tan solo me destruirá .
—¿Porque qué? Harper, me estás asustando, tío. Ni siquiera sabía que salías con alguien. ¿Por qué no me has comentado nada?
—Porque era algo íntimo. Se suponía que solo sería sexo.
—Tú siempre me cuentas todas tus conquistas sexuales. —Tiene razón; tiene muchísima razón.
Quizá se lo he ocultado porque en mi subconsciente ya es algo más. Porque se trata de Kian. Siempre iba a significar algo más, y debería haber sido lo bastante inteligente como para darme cuenta antes.
—Él no quería ser una conquista sin más. No es lo mismo.
—¿El qué no es lo mismo?
Mierda. Ahora es probable que me odie aún más.
—Él. Él no es lo mismo. Las cosas son diferentes, y me estoy volviendo loco. No puedo con esto, Jo. Necesito hacer algo. Necesito deshacerme de él.
—No hagas nada…
Cuelgo antes de que termine la frase. Puede decirme tantas veces como quiera que no cometa ninguna estupidez, pero los dos sabemos que lo haré de todos modos.
Necesito hacerlo por Kian. Para salvarlo de todo el dolor y todo el sufrimiento que tarde o temprano le provocaré. O que él me provocará a mí.