Pole Position: Rivales en la pista Capítulo 20 #3
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Capítulo 20 #3

Nunca he tenido problemas para separar lo que pasa dentro y fuera de la pista.

Nunca he tenido problemas de concentración.

Pero ahora, con la mente inundada de imágenes de Kian colgando inerte del lateral de su monoplaza, cubierto de sangre, jadeando unas últimas palabras, lo tiro todo por la borda.

Mi oportunidad de estar en la cima, de llevarme veinticinco puntos, de ser recordado como una leyenda del deporte…

Todo se va a la mierda cuando intento aprovechar al máximo la oportunidad de adelantar a un coche más y ganar.

Estoy cerca, muy pero que muy cerca, pero no puedo hacerlo.

Veo que se abre un hueco, aunque tardo unos instantes en atacar y pierdo la oportunidad.

Oigo a Ash gruñirme en el oído y sé que la estoy cagando.

Mi gran oportunidad, la oportunidad de mi vida, se me escapa…

He trabajado mucho, pero también fue necesaria la desafortunada fractura de pierna de Elijah para ponerme en este asiento, en este coche, en esta pista, y puede que no tenga otra oportunidad igual. Puede que no sea lo bastante bueno…

De golpe, caigo en la cuenta. Kian no se desmoronaría así.

Kian no querría que me derrumbara por su accidente.

No querría que me distrajera y desaprovechara la situación para hacerme con el primer puesto.

De modo que me inspiro en el gran Kian Walker y respiro hondo.

Me mantengo a la espera, a menos de medio segundo del líder durante una vuelta hasta que entramos a toda velocidad en la recta.

Entonces sucede. El que va primero es uno de los suecos, que la caga al intentar bloquearme el paso.

Se abre demasiado en la curva y, como un depredador en la jungla, puedo oler su miedo.

Está pensando en lo que tiene detrás y no en lo que tiene delante.

Sé que no voy a tener otra oportunidad, así que piso el acelerador.

Ha llegado mi ocasión, y pienso aprovecharla, joder.

La victoria es un borrón. Mi primera vez en lo más alto del podio en el campeonato no es más que una neblina en mi mente.

Es probable que ni siquiera me acuerde; ya no recuerdo que me rociaran con champán ni ninguna de las entrevistas.

No tengo ni idea de lo que he dicho, y espero que no haya sido alguna chorrada.

Porque solo puedo pensar en Kian.

—¿Dónde está? —pregunto tan pronto como veo a Ash .

—Se lo han llevado al hospital local para hacerle radiografías y determinar si tiene una conmoción cerebral.

—¿Está bien? ¡Me cago en la puta, tío! En la pista no he visto nada. —En el fondo, sé que no es culpa de Ash y que tiene órdenes que cumplir en el box, pero estoy desesperado.

—Nunca avisamos de un accidente a menos que haya riesgo para vuestro monoplaza. Ya lo sabes —replica con calma.

La verdad es que me impresiona lo bien que gestiona mi reacción.

—¡Es Kian, coño! No es un desconocido. Merecía saberlo.

—Estoy alzando la voz, y todos me miran fijamente.

Mi paranoia me grita que ya lo han descubierto, que todos saben lo que hay entre nosotros, que nos han pillado y que todo es culpa mía, como siempre, pero ahora mismo me da igual—. ¿Alguien puede llevarme al hospital?

—Primero tienes que terminar aquí, hijo —tercia Anders.

Que se vayan a la mierda él y su «hijo». Nunca me ha llamado así y no tiene por qué hacerlo ahora solo porque estoy en un evidente ataque de nervios.

—Me da igual. Solo quiero ir a verlo.

—Yo lo acompaño —interviene Cole. Kian y él han sido muy amigos durante años, así que me sorprende que no se haya mostrado tan dispuesto a ir como yo—. Voy a buscar un coche ahora mismo.

—Vale, vale —cede Anders al final—. Le pediremos a Anna que dé una declaración para explicar por qué has desaparecido. Lo disfrazará de buen ambiente de equipo: querías ir al hospital para asegurarte de que Kian está bien.

Me la pela lo que vayan a decir o cómo vaya a quedar el equipo. Necesito ver a Kian. Necesito ver con mis propios ojos que está bien.

En el asiento trasero del coche, con la mampara del conductor cerrada, Cole me cuenta todo lo que sabe.

Me dice que Kian estaba respirando y consciente cuando lo han sacado.

Las primeras evaluaciones en pista no han mostrado signos de fracturas ni conmoción cerebral.

Esto último siempre es importante; significa que el casco y el halo han cumplido con su función.

Tengo la respiración entrecortada y procuro calmar el ritmo cardiaco. Está lo bien que podría estar después del accidente, pero no lo creeré hasta que lo vea por mí mismo.

—Tenía muy mal aspecto, con mucha sangre, pero han dicho que no eran más que cortes y moratones. Pero ya sabes que el protocolo exige que lo examinen bien y que le hagan pruebas para descartar hemorragias internas.

Llevo años sabiéndolo, todos los pilotos lo saben, pero oír a Cole decirlo en voz alta me tranquiliza y me da tiempo para ordenar las ideas.

—Debo admitir que me sorprende —añade después de que hayamos estado sentados en silencio durante un par de minutos.

—¿El qué? —le pregunto.

—Que estés tan preocupado. Sé que Kian y tú dejasteis de lado vuestras diferencias durante la etapa europea, pero no sabía que os llevarais… tan bien. No sabía que en realidad fuerais amigos o algo así.

O algo así, en efecto.