Capítulo 19
Kian
S ubir a lo más alto del podio en Hungría, Bélgica y los Países Bajos me ha dado un chute de adrenalina que no veas.
Es emocionante estar teniendo la mejor temporada de mi carrera.
Incluso es posible que pueda romper el récord de puntos del campeonato, pero no quiero adelantarme a los acontecimientos.
Supongo que también ayuda que por las tardes y en los días de descanso paso tiempo de calidad con Harper. No estoy dispuesto a atribuirle mi buena suerte, pero no niego que con él me siento de maravilla.
Sin embargo, no puedo mentir y decir que no me ayuda.
Nunca me ha importado demasiado tener a alguien con quien «volver a casa», aunque ahora mismo le veo el atractivo.
Incluso cuando no estamos juntos, siento que apenas nos separamos.
Es más fácil en la autocaravana que en los hoteles, cocinamos juntos y no dependemos de las comidas preparadas de Hendersohm.
Podemos acurrucarnos en el sofá hasta tarde y ver la tele como una pareja normal —me atrevo a decir—.
No lo somos. ¿O sí? ¿No lo sé? No tengo ni idea de en qué punto estamos.
Desde Bélgica, cuando intenté proponerle que tuviéramos una relación de exclusividad, no he vuelto a mencionarlo.
No salió del todo bien, y, aunque Harper volvió y dijo todo lo correcto, todavía no hemos definido claramente qué somos el uno para el otro.
Intento mantener la calma y la compostura para no abrumarlo ni asustarlo.
El mundo de las relaciones es nuevo para él.
No lo ha dicho con esas palabras, pero creo que soy la única persona, aparte de Johannes, con la que ha estado más de una vez.
Intento no presionarlo. Creo que por ahora necesitamos ir día a día; aun así, preveo que, en un futuro no muy lejano, tendremos que hablar del tema.
Seguro que será muy difícil, pero no quiero ser eternamente su pareja ocasional.
Si decido retirarme al final de la temporada, no quiero que me descarte sin más porque estar conmigo ya no sea conveniente ni fácil.
Si esta es mi última temporada, ya no seré su compañero de equipo, no viajaré por el mundo con él ni le calentaré la cama.
Al bajar del podio en los Países Bajos, miro a mi izquierda y veo a Harper haciendo lo mismo desde el tercer puesto, del que parece haberse adueñado.
Me lanza la mirada más escandalosa que jamás haya visto.
Sus ojos están llenos de fuego, como si quisiera arrodillarse ahora mismo y recompensarme por otra victoria.
Me alegra que mi mono de carreras y las capas de protección ignífuga que llevo puestas disimulen mi creciente erección.
Sigo mirando a mi alrededor, escudriñando la hilera de cámaras que nos sacan fotos, y espero que ninguna haya captado esa mirada dirigida hacia mí ni haya interpretado su significado.
Hasta el momento, se nos ha dado genial mantener lo nuestro en secreto, y no quiero estropearlo ahora. No quiero asustarlo. No quiero crear problemas en Hendersohm. Y no quiero distracciones de los medios que interfieran con nuestro rendimiento en las carreras.
Estoy convencido de que los comentarios serían muy homófobos o nos acusarían de hacer trampa empleando tácticas de equipo que han perjudicado a otros pilotos.
En cualquier caso, serían una completa tontería, pero nos pasaríamos horas negándolo, y a los patrocinadores no les haría ninguna gracia.
Lo que no saben es que nuestra química sexual se nutre de la competitividad.
No existe un mundo en el que yo vaya a renunciar a un puesto en el podio para ayudar a Harper a ganar, y sé que él siente lo mismo.
—Muy bien hecho otra vez, Walker —dice Harper en voz baja.
Es un comentario perfectamente inofensivo que no necesita ser susurrado. Para todos los que escriben sobre nosotros, parecerá que somos dos compañeros de equipo que se felicitan sin más, pero yo sé que detrás de esas palabras hay otro tipo de elogio. Un elogio y una promesa.
Volveremos a la autocaravana y bajaremos las persianas de todas las habitaciones. Antes incluso de ducharnos, se pondrá de rodillas y me demostrará lo orgulloso que está de mi victoria.
«Genial». Ahora sí que estoy luchando contra una erección.
Necesito distraerme, o no habrá forma de ocultarla y entonces sí que tendremos un auténtico escándalo sexual. Los periodistas no son tontos, y les encanta sacar conclusiones precipitadas, pero nos tocaría mentir y negarlo o hacer pública nuestra rela…
Lo que sea que seamos.
—Tú tampoco lo has hecho mal, James. ¿Hay alguna posibilidad de que quedes segundo pronto?
—¿Y quitarle el brillo a una leyenda como tú? Qué va. Pero no te preocupes, ya llegará. No se puede estar siempre «encima».
Si su tono no lo delata, lo delatará su sonrisa traviesa.
Empiezo a planear lo que le voy a hacer cuando estemos de vuelta en la autocaravana, sin ojos ni micrófonos ante nosotros.
Aunque antes que nada tenemos que dar la rueda de prensa. Respiro hondo. El sonido de unas uñas contra una pizarra. Vómito a raudales. Ratas en una bolsa. Accidentes de coche y asesinos en serie. ¡ARGH!
No es perfecto, pero esas imágenes me ayudan.
—Kian, ¿qué se siente al conseguir tres primeros puestos seguidos? —me pregunta la primera periodista. Tiene un micrófono extendido en un palo largo y un cámara se mueve detrás de ella para conseguir la mejor toma. Ni siquiera sé para quién trabaja.
—Es increíble, totalmente increíble. Es el sueño de todo piloto, estar en lo más alto del podio y defender mi título, claro, pero abordo cada circuito como un nuevo comienzo y nunca doy ninguna victoria por sentada.
—Seguro, sobre todo siendo tu última temporada, ¿no?
Me obligo a sonreír al contestar.
—Ya os avisaré cuando llegue mi última temporada. —Es una respuesta diplomática.
Ella se echa a reír. Eso me basta para pasar al siguiente reportero.
—Estás teniendo una temporada espectacular, Kian —comenta el siguiente. Tiene una grabadora de mano extendida por encima de la barrera para capturar mi respuesta a lo que esté a punto de preguntarme—. Algunos dirían que es la mejor hasta la fecha. ¿Qué dirías que ha contribuido a eso?
«Harper».
Casi se me escapa su nombre, y tengo que esforzarme mucho para mantener la compostura.
El periodista se aclara la garganta para insistir en que le conteste, con una ceja arqueada como si intentara averiguar por qué tardo tanto en responder.
Aparte de un puñado de malas entrevistas al principio de la temporada, tengo un buen historial y soy bastante hábil con los medios.
Supongo que se debe a que llevo toda la vida acostumbrado.
Cuando mi madre estaba en la cima de la fama, no podíamos salir de casa solos.
Nos acompañaban al colegio, a las fiestas de cumpleaños de los amigos, a bares y actividades; a cualquier sitio, en realidad.
Había reporteros delante de la entrada, fuera de la puerta, acosándonos desde muy pequeños, desesperados por que los hijos de Chastity Walker dijeran o hicieran alguna tontería.
Estoy tan absorto en mis pensamientos que el periodista repite la pregunta; entonces por fin recupero la voz .
—Perdona, parece que la euforia de la victoria se me ha subido a la cabeza. Debe de ser algo así por lo alto que está el podio, ¿no?
Seguro que dirá que estoy en la cima del mundo o incluso que me estoy regodeando por haber vuelto a ganar. Me da igual.
—Diría que es cuestión de experiencia. Llevo más de una década en este deporte, y en Hendersohm trabajamos como una familia.
Somos una máquina bien engrasada y tenemos a unos chicos increíbles en el box que se aseguran de que los monoplazas sean perfectos para nosotros.
Esta temporada, el equipo lo ha bordado.
Sumado a una buena conducción y a buenas condiciones meteorológicas…
, tengo la esperanza de que pueda seguir así el resto de la temporada.
—Aunque esta temporada ha habido muchos cambios en Hendersohm.
Al principio parecías algo afectado, tanto dentro como fuera de la pista, por la lesión de Elijah Gutaga y la posterior llegada de Harper James.
—Y dale con eso—. ¿Cómo crees que le está yendo a Harper?
Es su debut y está causando sensación. ¿Su presencia ha influido en tu rendimiento?
—Creo que las clasificaciones, tanto las de hoy como de lo que va de campeonato, hablan por sí solas. Harper está teniendo una gran primera temporada después de petarlo el año pasado en la categoría inferior. Se esfuerza una barbaridad y se merece todo su éxito.
—¿Y qué pasará cuando Elijah esté completamente recuperado? ¿A quién preferirías tener como compañero de equipo?
Menudo descarado, el tío. No pienso opinar sobre eso ni en sueños; encima me metería en un buen lío si lo hiciera. Tampoco sé qué responder.
—Sabes que no puedo opinar sobre eso. Estoy seguro de que los jefes tomarán la mejor decisión para el equipo, y tienen la suerte de contar con dos pilotos fantásticos entre los que elegir. —Me alejo rápidamente para evitar decir alguna tontería.
No tengo ni idea de cómo será la alineación cuando Elijah esté mejor o el año que viene por estas fechas. Ni siquiera he decidido si seguiré aquí .
Obviamente, Elijah y yo hemos estado en contacto durante toda su recuperación, sé que tuvo un contratiempo cuando se le infectó una de las incisiones. Todavía le queda un largo camino que recorrer antes de estar de vuelta.
El resto de las entrevistas transcurren de la misma manera.
Hay muchas preguntas sobre lo que va bien; por suerte, no muchas preguntas quisquillosas sobre lo que se puede mejorar.
Aunque estoy en muy buena posición como para empezar a pensar en batir el récord de puntos del campeonato en una sola temporada, ni yo soy inmune a la idea de que siempre se puede hacer más.
Anders me da una palmada en el hombro cuando me dirijo a los boxes. No se me ocurren muchos equipos donde el jefe esté siempre esperándonos cuando salimos de la pista.