Capítulo 18 #3
Sé que antes he sido un cobarde. Sé que debería disculparme, pero es que no sé cómo. No es algo que haya hecho muchas veces.
—¿Una buena noche? —Jamás había oído tres palabras pronunciadas con tanta cautela. Casi como si temiera la respuesta.
—No. —Niego con la cabeza, y noto cómo Kian la apoya en la almohada—. Lo siento —digo finalmente. ¡Hostia! Debería haber sido lo primero que le hubiera dicho al entrar en la habitación.
—No pasa nada…
—Sí, sí que pasa. He entrado en pánico. No me estabas pidiendo nada descabellado. Es que me he asustado. Es mi problema, no el tuyo, y no debería haberme ido corriendo.
—¿Qué quería Johannes?
—No quería hablar, así que no sé. Ya estaba borracho cuando he llegado. Les había echado el ojo a un par de gemelos.
—¿Gemelos?
—Sí.
—¿Idénticos?
—Sí.
—¿Buenorros?
—Sí.
—Pero estás aquí.
—Sí.
No hace falta ser un genio para leer entre líneas.
—Dos gemelos belgas buenorros son una tentación muy grande —comenta Kian .
—Pero estoy aquí, contigo —contesto. Espero que sepa lo que intento decir sin tener que decirlo directamente.
Sí, ya lo sé, soy un cobarde.
Al final me rodea con los brazos y me acurruco a su lado, con la mejilla apoyada en su hombro. Huele a mi gel de ducha, a pasta de dientes de menta y a una calidez hogareña que es de lo más reconfortante.
—¿Quieres hablar del tema? —susurra en la oscuridad.
En otras circunstancias, le diría que no, pero se lo cuento de todas maneras.
—Esta noche con Johannes ha pasado algo raro.
En los últimos meses, cuando hemos estado juntos, se ha mantenido distante.
Según él, estaba limpiando su imagen, y me dijo que yo también debería hacerlo.
—Incluso en la oscuridad puedo ver la sonrisa cómplice de Kian, que asiente ante las sabias palabras de Johannes—.
Vale, a lo mejor todo el mundo me lo ha estado diciendo y no le he hecho caso a nadie, pero no viene al caso.
La cosa es que últimamente lo he visto muy poco, y pensaba que se había echado pareja.
Además, estaba teniendo una buena temporada hasta el otro día, e incluso yo pensé que quizá estaba tramando algo.
La carcajada de Kian me detiene. Pongo los ojos en blanco y me hace señas para que continúe.
—Pero esta noche estaba borracho y no paraba de mirar hacia la barra. Y es cuando ha visto a los gemelos…
—¿A los gemelos gais idénticos y buenorros?
—El santo grial, ¿verdad? —digo. Kian no responde—.
Antes de que me dé cuenta, Jo se levanta de la mesa y los arrastra hacia mí.
Le he dicho que no me apetecía… —sigo esperando que Kian entienda el mensaje sin tener que verbalizarlo—, pero no había quien lo parara.
Le he dicho que me iba a casa y lo he dejado solo.
—¿Está bien? —me pregunta Kian .
Típico de él preocuparse por si mi mejor amigo está bien, incluso cuando ese mejor amigo esta noche ha actuado en contra de los intereses de Kian. Es tan buena persona… Mucho mejor que yo.
—No lo sé. Estaba bebiendo tequila, así que es probable que no.
—¿Y lo has dejado ahí?
—¡Un momen…! —Mi primer instinto es defenderme, pero sé que no me está atacando ni acusando, porque todavía me rodea con los brazos y tenemos las piernas entrelazadas.
Me tomo unos instantes para respirar y respondo con petulancia—: He pagado la cuenta antes de irme y le he pedido al camarero que dejara de servirle alcohol.
¿Soy un amigo de mierda? Sé que Kian habría hecho algo más. Kian cogió un Uber en Miami en plena noche para ir a buscarme cuando estaba hecho un cuadro. Me cuidó cuando estuve enfermo en Melbourne. Me consuela ahora, aunque sé que antes le he hecho daño al no responder a su pregunta.
—Mándale un mensaje y asegúrate de que esté bien. Pídele un Uber para que vuelva a casa si quiere. No eres un mal amigo —¿acaso Kian también sabe leer la mente?—, pero creo que esta noche los dos teníais muchas cosas en la cabeza y necesitáis mejores mecanismos para afrontarlas.
Me río de su comentario, pero no se equivoca. Necesito mejores mecanismos para afrontar las cosas. Necesito lidiar con todo lo que me hace sentir mal por dentro y me lleva a tomar malas decisiones.
Suspiro y empiezo a escribirle a Johannes. Pase lo que pase con él, quiero asegurarme de que esté bien. Me responde que está en un Uber de camino a casa. No dice si está solo o no, pero el hecho de que conteste a mi mensaje implica que no ha perdido la cabeza del todo.
Quizá la terapia que Anders y mi mánager me sugirieron no sea tan mala idea, después de todo .
—Tienes razón —admito. Me siento muy adulto al pensar con tanta sensatez—. Voy a volver a hablar con Anders sobre la terapia. No me hará ningún daño, ¿a que no?
Me roza la frente con los labios, y mentiría si dijera que no me derrito ante su caricia y su implícita aprobación. Es casi repugnante la alegría que siento ahora mismo. Ha sido un día muy extraño, la verdad.
—Buena idea —replica, y me acurruco más arrimado a él—. Duérmete, anda —susurra.
Mientras me quedo dormido, me doy cuenta de que creo que nunca he sido tan feliz como ahora.