Pole Position: Rivales en la pista Capítulo 17 #2
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Capítulo 17 #2

—Le decía a todo el mundo que pasaba por delante de tu mural que eras su tío. No sé cuántos se lo han creído, pero estaba encantada de la vida .

Recuerdo haber ido a verlo cuando inauguraron la sección «A través de las décadas» del museo. Me sorprendió y me alegró mucho que me incluyeran en la sección de la década de los 2010, junto a tantas figuras importantes, tanto del pasado como del presente. Ojalá hubiera podido ir hoy con ellos.

—Los llevaré de nuevo cuando sean un poco mayores para que puedan experimentar la verdadera magia.

Sé que hay un par de simuladores a los que Cassie no habrá podido subir por su edad, y me muero de ganas de llevar a los dos niños algún día para que vean a qué se dedicaba su tío.

Nos dirigimos a nuestra mesa del restaurante. Jesse sigue dormido en el portabebés, pero siento a Cassie en la trona, a mi lado. No para de hablar de todo lo que ha visto hoy, y la escucho con total tranquilidad, haciéndole preguntas para saber más.

Se come un poco de pasta y un bol de helado y luego se queda dormida en la trona mientras el resto terminamos de cenar.

—Estás guapísimo, Ki —me dice Elise desde el otro lado de la mesa. Grant la abraza y ella inclina la cabeza hacia su hijo para admirar su carita dormida—. Más que nunca. ¿Nueva rutina de cuidado facial? ¿Bótox?

—Ja, ja —replico con sarcasmo. No puedo contarle que he conocido a alguien, que estoy teniendo el mejor sexo de mi vida, que Harper James me hace feliz y me quita un poco de estrés—.

Es que mi mánager me ha conseguido una colaboración con Clinique Men.

Anna me trajo dos bolsas llenas de productos después de firmar el contrato.

—Qué envidia. ¿Puedes intentar conseguirme un suministro de por vida de su crema hidratante Dramatically Different? Es mi favorita.

—Lo preguntaré, a ver.

En cuanto llegue a casa, le pediré a Anna que se encargue. Seguro que puede mover algunos hilos para conseguirlo .

—No, en serio. ¿Hay algo que debamos saber? —Los dos me sonríen como si ya supieran mi secreto—. ¿Has conocido a alguien? ¿Quién es?

Técnicamente, nunca he salido del armario con Elise, pero siempre lo ha sabido. Seguro que lo supo antes que yo.

Me encojo de hombros. No quiero mentirles. En la vida le he mentido a Elise, pero todavía no estoy listo para decírselo. Harper y yo no hemos hablado de lo que somos el uno para el otro, y no tengo ni idea de si querría que le contara algo a mi familia.

—A un tío. —Noto las palabras secas en la lengua mientras minimizo todas las emociones que han estado revoloteando en mi interior sobre Harper.

Es la primera vez que pronuncio algo en voz alta sobre él, sobre nosotros.

Mi hermana suelta un gritito, sin usar un tono de voz bajo, antes de apretar el brazo de su marido.

—Te lo dije, ¿a que sí? Sabía que últimamente había algo diferente en ti. El brillo de tener una relación.

—No es una relación como tal.

Harper no es el tipo de persona que busca una relación, ¿no?

Que yo sepa, nunca ha tenido pareja. Además, se limita a encuentros casuales, y nosotros no somos así.

Somos compañeros de equipo. Somos… amigos, creo.

Pero no quiero precipitarme y asumir que somos algo más.

Quizá compañeros de equipo… con derecho a roce.

—Vale, hermanito. No quieres hablar del tema. Lo entiendo. No necesitamos que nos cuentes los detalles guarros. —¡Como si alguna vez fuera a contárselos! Ni siquiera pienso decirle su nombre—. Pero te hace feliz, ¿verdad? —Afirmo con la cabeza—. Bueno, pues eso es lo único que necesito saber.

Para mi absoluta sorpresa, no vuelve a mencionarlo durante el resto de la cena .

Harper está ya en la cama cuando regreso. Sabía que esta noche no saldría porque mañana tenemos carrera, pero me alegra muchísimo que esté aquí.

—Hola, guapetón. —Tiene un ojo entreabierto y me observa mientras me quedo en el umbral y lo contemplo con detenimiento.

Tensa los músculos al estirarse, como si intentara espabilarse. El edredón se mueve y deja ver que lleva puestos unos pantalones cortos de gimnasio y nada más.

Casi desearía no estar tan cansado como para hacer algo más que dormir.

Sin embargo, mañana tenemos que correr, y es más importante que nunca que demos una buena actuación para nuestra afición.

También necesitamos volver a lo alto del podio para el Campeonato Mundial de Constructores.

En cuanto a los aficionados y los medios de comunicación, el apoyo de mañana será inmenso, aunque también lo será la presión.

—¿Has pasado una buena noche? —me pregunta mientras empiezo a quitarme los pantalones, doblándolos cuidadosamente sobre la percha, antes de tirar la camisa al cesto de la ropa sucia que ahora compartimos.

Si la amable señora que gestiona nuestro servicio de lavandería se ha dado cuenta, no ha dicho nada. Al menos, que yo sepa.

—Una noche estupenda, gracias. —Me deslizo en la cama a su lado y le doy un beso en el hombro desnudo.

Se acurruca contra mí automáticamente, y le paso un brazo por la cintura para ocupar mi lugar como la cucharita grande, como ha acabado siendo la norma para nosotros—.

Los niños se han quedado dormidos después de media hora en el restaurante, así que Elise, Grant y yo hemos podido ponernos al día.

—Qué guay. ¿Qué habéis cenado?

No sé por qué me encanta que quiera saber detalles de la noche, pero la verdad es que es así .

—Ellos han compartido unos nachos, y luego Elise se ha zampado una hamburguesa enorme con patatas fritas de boniato.

Llevaba una croqueta de patata y piña a la plancha.

Me ha dado mucha envidia. Grant ha pedido un bistec y Cassie, espaguetis a la boloñesa y un helado.

Me lo habría comido todo, pero al final he pedido pescado a la plancha con una guarnición extra de verduras.

A Chris no le habría hecho gracia que me comiera un chuletón con patatas fritas, y mañana tendría problemas con el peso.

Nuestro nutricionista nunca nos regañaría por darnos un capricho, pero en la élite cada gramo cuenta, y nuestro equipo está diseñado específicamente para cumplir con las especificaciones tanto de peso mínimo como de peso óptimo.

La noche anterior a una carrera tan importante no es el momento de la indisciplina.

He hecho muchos sacrificios para llegar hasta aquí, y este no es ni mucho menos el peor.

El momento ideal para una comida especial es justo después de la carrera, para que tengas tiempo de metabolizarla y digerirla antes de que afecte a tu rendimiento en la siguiente prueba.

—Qué buena pinta. Yo he pedido una ensalada turca por Deliveroo y he llamado a Jo por FaceTime.

Aunque no hemos hablado mucho. Creo que tenía la cabeza en otra parte, y ha sido un poco…

raro. Incómodo, de hecho. Es evidente que estaba distraído y parecía estar deseando colgar.

No sé por qué no me ha dicho sin más que estaba ocupado.

—¿Le has contado lo nuestro?

Después de la conversación de esta noche con Elise, de repente tengo muchas ganas de saber la respuesta. Si fuera a contárselo a alguien, sería a Johannes.

—No —me contesta.

Una punzada de decepción me recorre la espalda. No sé por qué me duele. No quiero que lo nuestro se haga público cuando ni siquiera sé qué hay entre nosotros, pero Harper se lo cuenta todo a Johannes. No estoy seguro de querer ser su secretito inconfesable .

—Ah. Pues puede que él esté haciendo lo mismo. —No quiero parecer frío, pero no sé qué más decir.

Sin embargo, cuando me agarra del brazo para acercarme y me aprieta la mano sobre el corazón, olvido por qué estoy molesto.

Debería disfrutar del momento y ya está, disfrutar de tenerlo tan cerca, disfrutar de la conversación que fluye con suma facilidad entre nosotros desde nuestra sesión de sinceridad en Austria.

—Puede. —Se acerca mi mano a los labios y me besa cada nudillo—. Sé que deberíamos dormir, pero mi cerebro está muy despierto ahora mismo.

También ha empezado a sincerarse conmigo. Es como si… desde ese momento clave, desde que me habló de su infancia difícil, se permitiera ser vulnerable conmigo. Confía en mí y me muestra su verdadero yo, y ya no necesita guardarse nada.

—¿Te preocupa algo en particular o son los nervios previos a la carrera? —le pregunto.

—Creo que es por Johannes y el motivo por el que no quiere hablar conmigo sobre lo que le pasa y la persona que ocupa su atención.

—A lo mejor no está preparado. O a lo mejor sabe que no eres precisamente el mayor experto del mundo en relaciones. Sigue intentándolo, y estate ahí cuando esté listo.

—En efecto, oh, gran sabio. —Hace una pausa y luego me pregunta—: ¿Le has hablado a tu hermana de nosotros?

—No. Bueno, más o menos. No les he hablado de ti, pero como me conoce tan bien se ha dado cuenta de que había alguien.

—Ah.

—¿Querías que se lo contara? Tú y yo no hemos hablado de lo nuestro, y no sabía si…

—No, no, lo entiendo. —Me sorprende que suene dolido—. Ni siquiera nos estamos acostando juntos.

Me alegra que esté de espaldas para poder disimular una mueca.

—Ahora estamos literalmente acostados juntos —replico .

Pero sé a qué se refiere. No quiero ser otro chico al que se tira y luego olvida, así que hemos tenido algo, pero nada más por ahora.

—Hablando de eso, ¿podemos dormir ya?

Asiente, pero, cuando lo abrazo contra mi pecho, sus dedos juegan con los míos como si aún estuviera dándoles vueltas a sus pensamientos, y tardamos más de lo que me gustaría en conciliar el sueño.

Sin embargo, lo que sea que estuviera pensando no afecta a su rendimiento del día siguiente, porque arrasamos en primera y tercera posición.

En Hendersohm están contentos, los aficionados están entusiasmados y el Reino Unido está una vez más orgulloso de sus chicos.

Además, Elise y los niños estaban ahí para verme lograrlo.

Ha sido un buen día, un día excelente.