Pole Position: Rivales en la pista Capítulo 17
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Capítulo 17

Kian

N unca he deseado con tantas ganas que termine un vuelo. Solo son dos horas de trayecto, pero parecen veinte, ya que no he dejado de contar los minutos.

La tripulación incluso nos sirve la cena, lo que no hace más que incrementar la sensación de que el vuelo dura diez veces más.

Los chicos que han volado con nosotros están todos durmiendo la siesta, preparándose para lo que va a ser una época muy ajetreada de vuelta en el Reino Unido, donde todos querrán un pedazo de nosotros, pero Anna está bien despierta.

Bien despierta y caminando por el pasillo hacia donde estamos Harper y yo, él con la cabeza apoyada en mi hombro y una mano sobre mi muslo, debajo de la manta que convenientemente he extendido sobre mi regazo.

Le doy un codazo para que no nos delate, aunque él se limita a sonreír al abrir un ojo y ver a Anna acercándose. Incluso me roza la polla al retirar la mano, y sé que me está provocando.

Cabronazo.

—Vaya, qué imagen tan bonita. ¿Por fin jugamos en el mismo equipo?

Casi me ahogo con el aire reciclado del avión. Anna no tiene ni idea de lo que pasa, pero su comentario está a punto de hacerme perder los estribos. A mi lado, Harper se parte de risa. Su carcajada suena como el aullido de un lobo y despierta a medio avión .

—Qué raros sois, pero ahora mismo no tenemos tiempo para analizarlo.

Nos entrega unas tarjetas plastificadas que se parecen demasiado a unos horarios de lo más apretados, y suelto un gemido.

Me encanta la atención que recibo en el Reino Unido; además, como durante la última década y media Hendersohm solo ha contratado a pilotos británicos, al equipo se nos trata como si fuéramos héroes locales, pero me vendría bien un descanso. Sobre todo ahora.

—A ver, esta noche grabaréis para el pódcast de Need for Speed y mañana a primera hora tendréis una sesión de fotos de cuatro horas para el nuevo merchandising del equipo. Por la noche saldréis en el programa deportivo de la BBC.

Mientras Anna habla, repaso los detalles de las próximas dos semanas.

La agenda es una locura. Sigue explicándonos cómo cada minuto se invertirá en sesiones de fotos o en grabaciones; pese a que me encanta esta faceta de ser piloto profesional, no puedo evitar preguntarme cuándo tendremos tiempo Harper y yo para estar juntos.

O cuándo podré volver a Norfolk para visitar a mi madre, a Elise y a los niños.

En resumidas cuentas, es mucho jaleo.

—Por lo que comentas, Anna, voy a dormir unas tres horas cada noche, hacer ejercicio y comer a las tres de la mañana. —Es broma, pero también tengo un sistema de preparación que debo seguir para cada carrera. Son cosas importantes que influyen en mi rendimiento.

—Como te vaya bien, Kian. Tan solo asegúrate de llegar puntual y de arrastrar a Harper.

—¡Eh! Cada vez soy más puntual —interviene Harper.

Anna se ríe en su cara. Me encanta que ella no se deje pisotear. Es la persona ideal para ser jefa de relaciones públicas de Hendersohm.

—Si tú lo dices, novato …

Después de acariciarle la parte superior de los rizos rebeldes, regresa corriendo por el avión hacia su asiento.

La semana se convierte en un caos. En la vida había estado tan ocupado.

Más aún cuando mi mánager, en una conversación informal, anuncia que mi marca favorita de ropa deportiva quiere que sea una de sus nuevas caras, pero necesitan que haga algunas pruebas de modelo, aprovechando que estoy en el Reino Unido, para terminar de decidirse.

Por culpa de la apretada agenda de Anna, no hay manera de que pueda volver a Norfolk a ver a mi familia.

Qué putada. Estoy muy cerca; sin embargo, es como si estuviera al otro lado del mundo.

Entonces, dos noches antes de las clasificatorias, me llega el mejor mensaje de texto de mi vida.

He encontrado a gente que cuidará de mamá, así que Grant, los niños y yo pasaremos el finde en Silverston. Llegaremos a tiempo para cenar contigo después de los entrenos ¡y nos quedaremos hasta el lunes!

Cuando lo recibo, estoy acurrucado junto a Harper en la cama. Estamos desnudos, jadeantes después de otro orgasmo espectacular, así que ve cómo se me ilumina la cara al leer el mensaje.

—¿Debería preocuparme que alguien más te haga sonreír así cuando estoy tumbado a tu lado? —pregunta, incorporándose sobre los codos. Su barbilla descansa sobre mi pecho desnudo, y me mira con ojos burlones que brillan bajo la luz de mi teléfono.

¿De verdad le preocuparía que otro chico o chica me estuviera escribiendo ahora mismo? ¿Le molestaría? ¿Se pondría celoso? No estoy seguro, porque no es muy abierto con sus sentimientos. Y lo que es más importante: ¿quiero que se preocupe ?

—Es que Elise pasará unos días aquí porque su marido tiene vacaciones y cree que Cassie disfrutará de la carrera, aunque no termine de verla. Iré a cenar con ellos y puede que me quede en su hotel la noche anterior a las clasificatorias para acostar a los niños.

No sé por qué me pongo tan nervioso al decírselo.

Es bastante normal que la familia vaya a ver el gran premio que se celebra en casa, pero este hecho no hace más que resaltar la terrible verdad de que Harper no tiene familia.

No soporto que vaya a estar solo. No solo del todo, porque su mejor amigo también está aquí, y yo también, sino solo en el sentido de que este fin de semana no habrá nadie a su lado apoyándolo.

—Me alegro muchísimo por ti. ¡Seguro que te mueres de ganas de verlos! —Por la sonrisa que esboza, sé que lo dice en serio. Tiene una cara tan tonta y bonita…

—Ojalá pudiera ir a casa a ver a mi madre.

Me resulta extraño saber que los próximos días estará con cuidadores temporales.

Dos desconocidos de los que no sé nada… Pero, bueno, tampoco es que esté allí con ella casi todo el año, así que me siento culpable de todas formas.

No sé. Me estresa un poco; además, creo que Elise está…

No consigo decir ni una palabra más porque me da un beso para que deje de hablar.

Mi mente se desconecta y me concede unos minutos para olvidarme de mis preocupaciones de fuera de las cuatro paredes de esta autocaravana.

Me empuja de nuevo sobre la cama, a horcajadas sobre mis caderas, y persigue mis labios cuando me dejo caer sobre el colchón.

Es delicioso en todos los sentidos. Sus labios saben a refresco de cereza dulce con un toque de pasión pura.

Suspira cuando abro los labios y lo dejo entrar, como si en este momento no anhelara nada más.

El deseo me recorre el cuerpo, pero Harper no la tiene dura cuando me restriego contra él.

A lo mejor necesita un poco más de tiempo para recuperarse, aunque prefiero interpretarlo como una señal de que ahora mismo no quiere nada más.

No busca perderse en el contacto físico, sino conexión.

Es cariñoso y, me atrevo a decir, amoroso.

Me besa para que me calle; también sabe que así me distraerá de mis preocupaciones.

Siento que lo hace por mí, no por su propio placer.

Tal vez sea lo más desinteresado que ha hecho en toda la temporada.

Hundo las manos en su pelo y le sujeto la nuca para acercármelo más, si es que es posible. Puedo sentir los latidos de su corazón y la forma en la que me devuelve el beso me confirma que se aferraría a mí si pudiera. No sé qué es este sentimiento, sólo sé que quiero más.

Esta noche he dormido de maravilla, como no suele pasarme cuando estoy de viaje, y lo mejor es despertar sabiendo que voy a ver a mi familia por primera vez en cuatro meses.

Primero tengo que cumplir con todos los compromisos de Anna con los medios de comunicación. Pasan volando entre bromas con Harper, luego Sky Sports hace un reportaje sobre mis mejores momentos de mis quince años en el deporte y finalmente juego a un simulador de la BBC contra otros cuatro pilotos.

Después vienen las clasificatorias, y doy un espectáculo increíble para el público y, sobre todo, para mi familia. No solo arraso y quedo primero, sino que consigo mi mejor tiempo de vuelta en Silverstone. Al poco, llego al restaurante y busco a mi familia con la mirada en cada mesa, histérico.

Como gemelos que somos, Elise y yo nos vemos al mismo tiempo; entonces, echo a correr hacia ella antes de abrazarnos como si fuera la última vez.

—¡Ay, dios, creo que nunca me había alegrado tanto de verte!

Prácticamente salta a mis brazos y la hago girar como si volviéramos a ser pequeños. Se acurruca en mi hombro, y casi al mismo tiempo siento que se me llenan los ojos de lágrimas .

Siempre ha sido difícil estar lejos de mi familia durante nueve meses al año, pero esta temporada ha sido la peor. Nos estamos haciendo mayores, mis sobrinos están creciendo sin su tío y nuestra madre no va a mejorar. Me estoy perdiendo muchas primeras veces y muchas últimas veces.

Esta situación hace que mi posible retirada no deje de darme vueltas por la cabeza, aún más en este momento.

—No llores, El, por favor. Disfrutemos de la cena y del día de mañana.

—¡Hemos visto que has quedado primero! Lo estás petando, hermanito. —Me da un puñetazo en el hombro y se seca las lágrimas que le caen por la cara.

Grant se acerca con Jesse en un portabebés y la manita de Cassie firmemente agarrada a la suya. Me alegro de cenar a las cinco si así puedo ver a estos dos. Mi cuñado me da un semiabrazo y me arrodillo enseguida delante de Cassie.

Mi sobrina tiene su propio coche de carreras de juguete, que me muestra para que lo examine.

Levanto la vista hacia mi hermana, y ella niega con la cabeza.

—No empieces. Estábamos en la tienda de regalos del Museo de Silverstone mientras tú estabas con tus cosas de prensa y los entrenamientos libres, y ella lo ha elegido solita. Ni se te ocurra sugerirle que conduzca un kart. No está permitido.

Habla muy seria, pero sé que nunca impediría que su hija persiguiera sus sueños, aunque eso signifique seguir los pasos de su tío.

—No prometo nada —le contesto—. Hola, cariño. —Le doy una palmadita al coche—. ¿Te ha gustado el museo?

Ella asiente.

—Tu foto estaba en el mural.