Pole Position: Rivales en la pista Capítulo 16 #3
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Capítulo 16 #3

—Pero tú no tuviste una vida normal. No debió de ser una infancia fácil, y pagaste el precio de que ella alcanzara sus sueños. Eso demuestra que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por su carrera. ¿En qué se diferencia de lo que estás haciendo tú?

Se queda perplejo, casi como si se estuviera devanando los sesos para demostrarme que me equivoco. Aunque no puede, y debería ser positivo, pero está claro que no lo es. Lo veo tan destrozado como me siento yo por dentro.

Los dos seguimos oliendo a circuito, y por desgracia no a pilotos rociados con el champán de la victoria, algo que debería haber ocurrido en Austria. Éramos los favoritos para ocupar el primer y segundo puesto, y lo hemos mandado todo a la mierda. Bueno, como mínimo yo.

Puede que seamos un equipo, pero ahora mismo no siento que haya nada que podamos hacer para arreglar las cosas. Entonces me doy cuenta de que quiero arreglar las cosas por Kian. No porque su padre sea Tyler Heath ni porque fuera mi ídolo, sino porque esta noche ha intentado animarme.

Así que hago lo único que se me da bien fuera de las carreras. Me inclino hacia él, buscando con la mirada cualquier señal de que él no lo desea. Como no veo ninguna, planto los labios en los suyos y le suplico en silencio que se abra más a mí de esta manera.

Cuando los separa, lo noto al instante y no dudo.

En cuestión de segundos, me siento encima de él, con las lenguas entrelazadas, acariciándonos la cara con las manos en un momento que resulta dulce y sensual.

No es la explosión de pasión que he imaginado mil veces con Kian mientras estaba solo en la cama, preguntándome si él también pensaba en mí.

En cierto modo, sé que esta vez no se apartará, así que voy más despacio y me tomo mi tiempo.

Ya no tengo prisa por entrar y salir antes de que me rechace.

Como resultado, todo es completamente diferente. Desde la lentitud con la que nos movemos juntos hasta el hecho de que los dos la tenemos dura como una roca, pero ninguno tiene prisa por desnudarse o pasar a la siguiente fase.

Incluso el beso no parece una simple antesala del sexo, aunque espero que tarde o temprano lleguemos a ese punto. Es casi como si por fin estuviéramos obteniendo lo que queremos del otro, lo que he necesitado de él desde el segundo en el que me puso en mi lugar en el avión a Baréin.

Es como si estuviera consumiéndolo, saboreando todo lo que puede ofrecerme y disfrutándolo plenamente como si bastara con esto.

Pero de pronto, al explorarlo con las manos, encuentro el dobladillo de su camiseta.

Jugueteo con la tela hasta que él capta el mensaje e interrumpe el beso para quitársela.

Kian es un espécimen precioso. Tiene un pecho ancho y tonificado, con algunos vellos oscuros y un surco en forma de V que sé que es el resultado de un entrenamiento espectacular en el gimnasio y del yoga.

Necesita depilarse todo el cuerpo pronto para que el traje no irrite sus perfectos pezones rosados, con los que me muero por jugar.

Quiero venerarlos y dedicarles la adoración que sin duda merecen.

Pero él toma el control. No sé por qué me sorprende, ya que rinde mejor cuando está al cargo, y sinceramente me alegra relajarme y dejarme llevar. Lo bueno de ir despacio es que parece que habrá tiempo para todo. Es una experiencia nueva para mí.

Me mordisquea y me succiona el pecho desnudo, mientras con la otra mano desata los cordones de mi pantalón de chándal para poder bajármelo sobre la curva de las nalgas y deslizarlo por los muslos.

Su pantalón de chándal enseguida sigue el mismo camino, hasta que nos quedamos en calzoncillos.

Los míos no están consiguiendo retener el bulto que se me marca, y espero que sepa que se debe exclusivamente a él.

Mete la mano y enrosca los dedos alrededor de mi polla para frotármela arriba y abajo hasta llegar al glande.

Suelto un gemido; no sé por qué estoy tan hipersensible, pero me encanta.

Empieza a meneármela, y yo también se la sujeto antes de perder completamente la cabeza.

Está tan empalmado como yo; además me encanta notarlo con la mano.

A estas alturas, toda la paciencia se esfuma, de repente somos un desastre sudoroso y frenético, frotándonos el uno contra el otro.

Nos quitamos los calzoncillos para poder restregarnos la erección, creando la deliciosa fricción que los dos ansiamos.

Le cojo el culo, el culo con el que he estado fantaseando durante semanas —no, meses—, y lo atraigo con fuerza hacia mí.

Él me acaricia la cara de nuevo mientras me besa, y creo que me envuelve una dulzura que nunca había experimentado.

Hay suficiente espacio entre nosotros para sentir, y descubro que no me asusta.

No tardamos demasiado en ponernos a jadear y gemir como locos. Cuando Kian baja la mano de mi cara para tirarme de los huevos, ya no puedo contenerme.

—Me voy a correr —jadeo .

Él va unos segundos detrás de mí, y dos últimas embestidas hacen que me siga el ritmo.

No hay palabras.

No son necesarias.

La euforia que siento no va a desaparecer enseguida, y en el estado de alegría que le sigue no hay nada más que pueda hacer que quedarme dormido, acurrucado sobre su costado.