Capítulo 13 #2
Qué cruel. Finjo arcadas, pero Jackson no me deja en paz. Supongo que años de entrevistas le han dado un buen radar para detectar mentiras.
—Eres la única persona que conozco que no quiere ocupar un asiento en primera fila para presenciar el espectáculo que es Harper James —comenta.
—He venido al gimnasio para alejarme de él. ¿Podemos hablar de otra cosa? —Estoy harto de oír su nombre .
—Vale, vale —accede Jackson—. ¿Tienes ganas de volver a casa un par de semanas después de esta carrera? Silverstone siempre es un circuito muy bueno para ti.
—Y que lo digas. —En Silverstone nunca he quedado por debajo del tercer puesto, ni siquiera en el año en el que debuté.
Es mi tierra y tal. Pero, sobre todo, tengo muchas ganas de ver a Elise y a los niños; a mi madre también, por supuesto.
Es lo más importante de regresar al Reino Unido—.
Me encanta Silverstone, sí. Un primer puesto delante de mi público sería genial.
Además, necesito ver a mi familia. Me da la impresión de que he estado fuera demasiado tiempo.
—Sí, la familia es importante —prosigue Jackson—. Nunca lo oirás de él, pero creo que mi padre nunca superó la muerte de mi madre. Está emocionado de que vaya a pasar unas semanas de gira con él.
Hace cinco años, en plena temporada, Brita, la esposa de Anders, falleció de pronto, y le afectó mucho.
De hecho, se cogió un día libre durante la temporada y todo, algo que nunca había hecho.
Durante meses anduvo como una nube negra, dando órdenes a gritos y saliendo furioso de las reuniones.
Llegó un punto en el que la gente tenía miedo de acercarse a él; al final uno de los peces gordos, un viejo amigo de Anders, lo llevó aparte y habló con él.
No sé si fue a terapia o no, pero para cuando empezó la siguiente temporada ya casi había recuperado su estado normal, al menos en público.
—Debe de ser duro —digo—. ¿Y tú?
—Ah, pues ya te imaginas. Me sentí muy perdido durante una época, pero… —Jackson traga saliva y parpadea varias veces—. La echo muchísimo de menos, claro, pero para mi padre es diferente. No se le da muy bien estar solo.
—Está contento de tenerte aquí —opino—. Parece un poco más relajado.
La cara que pone Jackson me indica que quiere añadir algo más, pero al final cambia de opinión.
Mi presentimiento me dice que algo se está gestando entre la alta dirección, algún gran secreto que se supone que yo no debo saber.
Sin embargo, Jackson enseguida recupera la expresión abierta, amigable y accesible que suele poner, y la tensión desaparece.
He estado a punto de preguntarle qué sucede, aunque si quisiera contármelo lo haría. Somos amigos, ¿no? Debería preguntárselo.
Sin embargo, una parte de mí tiene un poco de miedo.
Me preocupa que se trate del futuro, del año que viene, y no sé qué pensar al respecto.
En todas las entrevistas me siguen preguntando si me voy a retirar al final de la temporada.
Pese a que siempre lo esquivo y doy una respuesta llena de frases hechas que no significan absolutamente nada, la verdad es que no lo sé.
Este año está siendo mucho más difícil, más duro para mi cuerpo y más complicado aguantar el caos que Harper ha traído al equipo, y me está costando mucho más mantener la concentración.
Y, a pesar de todo el caos que ha provocado Harper, sus resultados han sido increíbles. Aunque Elijah se recupere antes del final de la temporada, podrían decidir quedarse con Harper de todos modos. Incluso podrían elegirlo a él en lugar de Elijah para la próxima temporada. Es impensable.
La única persona con la que quiero hablar de este tema es Elise, y no está aquí.
Además, ya tiene demasiados problemas, así que no quiero añadirle más.
Creo que Jackson y yo estamos forjando una verdadera amistad; aun así, sigue siendo el hijo de mi jefe, y es evidente que tengo problemas de confianza.
—¿Listo para el press de banca? —le pregunto.
Quiero terminar el entrenamiento para poder afrontar con algo de ganas el desastre que Harper me tendrá preparado en la autocaravana.
Pero, cuando Jackson y yo terminamos y vuelvo a la autocaravana, Johannes está en la sala de estar y los recipientes de cáterin de Hendersohm están esparcidos por el suelo. Los dos han puesto los pies encima de la mesa de centro y están jugando a videojuegos a todo volumen.
—¿En serio? —pregunto, limpiándome los pies en el felpudo con el logo del equipo.
Sé que parezco un pesado, pero no puedo disimular la molestia de mi tono. Una cosa es salir con Johannes y otra muy distinta, traer a un rival a nuestra casa, donde podría ver documentos confidenciales del equipo o escuchar alguna conversación.
—Yo también me alegro de verte, Kian —responde Johannes, como si tal cosa.
—No tengo nada en tu contra, Johannes, pero me pregunto si podrías llevarlo a clases de adiestramiento canino, porque estoy hasta las pelotas de vivir con alguien que no está educado.
—Estoy aquí —tercia Harper, como si pudiera ignorarlo.
—Voy a echarme una siesta antes de la reunión de estrategia. ¿Hay alguna posibilidad de que bajéis el volumen durante la próxima hora? —Es poco probable, pero, como estoy siendo lo bastante amable como para pedirlo, él a lo mejor es lo bastante educado como para acceder.
—Sí, claro —contesta Harper, aunque ninguno de los dos me mira mientras siguen con el puto juego de disparos al que están jugando.
El volumen se queda como estaba.
Me cago en la leche.
Estoy a punto de perder los estribos con él.