Pole Position: Rivales en la pista Capítulo 13
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Capítulo 13

Kian

N unca había sopesado la posibilidad de ser un pirómano hasta que me he visto obligado a compartir una autocaravana con Harper James. Ahora mismo me parece una buenísima idea prenderle fuego al vehículo para así volver a mi silenciosa habitación de hotel.

Compartir una con Elijah durante las tres últimas temporadas fue chulísimo.

En la primera temporada, nos ayudó a estrechar lazos; en la segunda, nos mantuvo cuerdos cuando hubo muchas situaciones climáticas que amenazaron con cargarse varios grandes premios durante la fase europea; y la temporada pasada fue donde cenamos pizza y bebimos cerveza muchas noches para celebrar cada victoria.

Este año me parece una cárcel. Son las mismas cuatro paredes, pero por algún motivo me resultan más pequeñas y asfixiantes.

Está a punto de hervirme la sangre, y no es más que el quinto día.

—¡Tiene que ser coña! —grito.

Harper ha vuelto a dejar la ropa de anoche tirada por el suelo del comedor, y hay tantas migas de pan en todas las superficies de la cocina que podrían juntarse y formar una buena hogaza.

Harper abre los ojos de golpe desde donde está apoyado, medio dormido, contra la encimera, comiendo tostadas solo con los calzoncillos puestos. Si no estuviera tan enfadado, me permitiría apreciar un poco más la escena que tengo delante .

—¿Qué? —gruñe, pasándose una mano untada de mantequilla por los rizos para apartárselos de la frente.

Es asqueroso, aunque la erección que intenta asomar en mis pantalones cortos no está de acuerdo.

—Es repugnante, Harper. ¿Cómo puedes vivir así?

—Oye, ni siquiera ha salido el sol. No son ni las ocho de la mañana. ¿Por qué gritas?

Las persianas siguen bajadas y está claro que tiene resaca —me llega el olor a cerveza rancia del aire—, así que no tiene ni idea de que el sol ha salido hace horas y que no son las ocho de la mañana, para nada.

Voy abriendo las persianas una a una para demostrárselo. Se tapa los ojos, los entrecierra y gimotea. El sol austriaco no calienta, pero es innegable que es de día.

—Tenemos que compartir este espacio —digo, señalando con enfado el desorden que ha provocado tras prepararse un par de tostadas.

—Vale, abuelo. Lo recogeré después de dormir un par de horas. Cálmate, anda.

¿Que me calme? Para calmado ya está él, que se toma con suma tranquilidad su aventura en el campeonato.

—Madre mía, cualquiera diría que te estoy pidiendo un imposible, no el mínimo.

Quizá Harper viva así. Quizá nunca ha tenido que ordenar nada en toda su vida. La verdad es que no sé gran cosa de su pasado. A lo mejor tenía un mayordomo siguiéndolo a todas partes con escoba y recogedor o a lo mejor es una forma de incompetencia convertida en arma.

—Siempre pienso en limpiar y, cuando voy a hacerlo, ya lo has hecho tú —dice.

—Porque dejas los platos y los cuencos en el fregadero durante días. Vamos a acabar con una puta plaga de moscas.

—Están en remojo. Se supone que hay que dejarlos en remojo .

Esta conversación no va a ninguna parte y sé que estoy perdiendo el tiempo. Lo dejo solo en la cocina discutiendo consigo mismo, cojo mi bolsa de deporte y me doy un último vistazo en el espejo para asegurarme de estar presentable.

—¿A dónde vas? —me pregunta, inclinándose sobre mi hombro mientras intento arreglarme el pelo en el espejo junto a la puerta.

Seguramente no debería preocuparme mi aspecto cuando estoy a punto de ir al gimnasio a sudar, pero ahora mismo hay prensa y aficionados por todas partes.

Tengo que pasar por el control de acceso para llegar al gimnasio; aunque suene creído, no quiero que circulen por las redes sociales fotos en las que salgo como el culo.

—Al gimnasio, pero no es asunto tuyo.

—¿Siempre te arreglas tanto para ir a entrenar?

—He quedado con Jackson. —No sé por qué siento la necesidad de añadirlo. No es que tengamos una cita; solo vamos al gimnasio.

—Últimamente sois inseparables. ¿Hay algo que quieras contarme?

—No.

—Me sorprende. No pensé que fuera tu tipo.

—¿Mi tipo para entrenar? —le respondo, aunque sé perfectamente a qué se refiere. Aparte de que los dos tienen el pelo rizado, no hay ninguna otra similitud entre Harper y Jackson.

—Mmm. Bueno, pues que tengas un buen día. —Cambia de tema mucho más rápido de lo que esperaba y vuelve a coger su tostada a medio comer de la encimera de la cocina.

Para mi exasperación, deja el cuchillo —con mantequilla untada tanto en la hoja como en el mango— a un lado, sin molestarse siquiera en ponerlo en el fregadero y mucho menos en lavarlo.

Me tienta lavarlo yo, pero si lo hago nunca aprenderá, así que me voy, ya que no me importa llegar demasiado pronto para encontrarme con Jackson. Ahora mismo solo necesito estar en cualquier sitio lejos de Harper.

Jackson, a diferencia de Harper, es puntual y no me deja plantado sin avisar. Al llegar, me está esperando fuera del gimnasio. Parece que los dos nos hemos adelantado.

Sé que tengo cara de pocos amigos porque los fans que formaban un pasillo por el que he tenido que pasar me decían que me animase.

Agradezco que Jackson no me pregunte directamente qué me pasa, porque es probable que estalle. Nos dirigimos al vestuario, dejamos nuestras mochilas y chaquetas, y empezamos a calentar.

Me mira de reojo mientras usamos las elípticas contiguas, como si estuviera intentando averiguar cómo preguntarme qué me ocurre.

Me entra un poco de paranoia porque me da la impresión de que se entera de todo.

No sé qué le habrá contado Anders sobre la bronca que nos echó al principio de la temporada, ni si Anders sabe que Harper y yo nos tomamos al pie de la letra su sugerencia de fingir amistad en público.

Tampoco sé qué influencia tiene Jackson en la toma de decisiones dentro del equipo, por lo que esta situación se convierte en un delicado equilibrio político.

A lo mejor no debería haberle contado a Jackson lo del beso.

No mencioné a Harper, pero tengo la sensación de que sospecha que fue con él.

Es que me iba a dar algo; me estaba afectando tanto mentalmente que se reflejaba en mis estadísticas de conducción.

Y no me lo puedo permitir. Ya no podía seguir guardando esos pensamientos intrusivos y repetitivos, y entonces un día se lo solté mientras tomábamos un café.

Además, conozco a Jackson desde hace casi una década, aunque esta sea la primera temporada que se une a nosotros en la gira como parte del equipo directivo de Hendersohm.

Solo es un año menor que yo y, si las circunstancias fueran diferentes, creo que nos habríamos hecho muy amigos hace mucho tiempo .

Su padre es mi jefe, algo que al principio no ayudó, y Jackson siempre ha sido un poco distante.

Es difícil escribir de forma objetiva y crítica sobre tus amigos; así que, dado que se ha forjado una carrera y una reputación como periodista deportivo especializado en la Fórmula 1, sé que para él es complicado.

Cuando empezaba, surgieron las típicas acusaciones de nepotismo porque su padre es el jefe de uno de los equipos más exitosos y competitivos.

En algunos de sus primeros artículos extensos, en artículos para revistas de automovilismo y en un documental de televisión que recuerdo en particular, en mi opinión se pasó de la raya e hizo algunas declaraciones injustas y mordaces sobre los pilotos de Hendersohm, yo incluido; también sobre su padre y las últimas decisiones de los ingenieros.

En retrospectiva, creo que tan solo intentaba consolidarse; ahora, más de una década después, se ha ganado una reputación como crítico perspicaz, buen entrevistador y uno de los mejores expertos en automovilismo.

Su año sabático como parte del equipo directivo de Hendersohm es por petición de su padre.

Sé que Anders está orgulloso de la carrera de su hijo; sin embargo, creo que también quiere animar a Jackson a cambiar de bando y usar sus conocimientos y experiencia para convertirse en jefe de equipo y, tarde o temprano, en el jefe supremo, como él.

No estoy seguro de que sea lo que Jackson desea, pero supongo que para eso lo va a probar.

Sentados uno frente al otro en el suelo mientras estiramos, hablamos sobre qué pesos vamos a levantar hoy. Sigo dándole vueltas al asunto de Harper, obviamente no lo estoy disimulando bien.

—¿Estás bien? —pregunta mientras me froto la frente sudorosa con la toalla con más fuerza de la necesaria.

Estamos alternando giros rusos y balanceos con kettlebells , y estoy canalizando mi frustración en repeticiones más rápidas, que me dejan jadeando más de lo normal.

—Mmm. Una serie más .

—¿Cómo va todo? —insiste Jackson evitando el tema de Harper, como si no quisiera indagar ni revelar lo que cree saber. Y es probable que sea lo mejor.

—Buf —resoplo mientras me tumbo en la colchoneta para no tener que mirarlo a los ojos—.

Nunca he vivido con nadie como Harper James.

Han pasado cinco días, y ya no lo soporto.

Echo de menos a Elijah. Él nunca dejaba migas de pan tostado ni cuchillos con mantequilla tirados por ahí, como si esperara que fuera su criado personal.

—¿Es un poco desordenado?

Miro a Jackson con furia. ¿Un poco desordenado?

—Y más cosas . Es un gilipollas egoísta y desconsiderado. Llega a las tantas por la noche, haciendo estragos en la cocina y armando escándalo. Inunda el baño cada vez que se ducha porque no consigue cerrar la puerta de la ducha del todo. Además, siempre va desnudo.

—Madre mía. Imagínate tener que pasarte todo el día viendo a un atleta sexi y medio desnudo. Debe de ser muy duro para ti.

Ojalá Jackson supiera lo difícil que es. El otro día vi a Harper secándose con la toalla. ¿No sabe cerrar la puerta o qué?

Jackson sabe que soy bisexual y, como no especifiqué ningún pronombre al contarle lo del beso, no sabe que es un tío el que me está volviendo loco.

—Preferiría que se pusiera una camisa y lavara los platos de vez en cuando.

—No, no lo preferirías.