Capítulo 12 #3
Es una maniobra increíble, y todavía estoy tan eufórico por la sensación que ni siquiera me enfado. Cuando cruzo la línea por última vez, he bajado al tercer puesto, pero Kian ha quedado primero. Me aferro al recuerdo de haber ido delante. Es mi primer año en la Fórmula 1. Ya llegará mi momento .
Kian está eufórico. No siempre gana estas carreras, a pesar de ser uno de los mejores pilotos del mundo.
Es mucho más feliz dando vueltas, alcanzando a los demás, esperando su momento y atacando cuando las condiciones son las adecuadas.
Tiene resistencia y aguante, aunque hoy es como si le hubiera dicho al mundo: «Que os follen, sé ir rápido. Aún me queda mucho por ofrecer».
Al final, quizá los rumores de su retirada sean una tontería.
La alegría pura que irradia Kian es contagiosa, así que me acerco a él.
Le doy una palmada en el hombro, muy feliz por él, y no estoy seguro de si se da cuenta de que soy yo, pero me acerca hacia sí.
Nos estrechamos. Me rodea la cintura con los brazos, yo le paso los míos por los hombros y bailamos como locos, con pura euforia desenfrenada. Todo el mundo está de celebración y el ruido es ensordecedor. Noto cómo el corazón me late con fuerza, retumbando y tronando. ¡Este es mi sitio!
Conseguir ocho y seis puntos extras en esta carrera de sprint provoca una emoción brutal. Me habría gustado conseguir siete en lugar de seis, claro, pero Yorris ha sido muy astuto y me ha rozado la rueda para obligarme a frenar durante menos de medio segundo.
Sin embargo, no importa. Todo el box de Hendersohm está lleno de vida y Kian me toca, agarrándome con las manos la parte trasera de la camiseta, mientras Cole y Ash se unen al abrazo, seguidos por los técnicos, hasta que quedamos atrapados en medio de un enorme abrazo grupal.
La victoria sabe aún mejor ya que a los suecos les ha costado arrancar.
El hermano menor ha acabado octavo, mientras que el mayor ha quedado sexto.
Eso nos da una ventaja de veinticuatro puntos sobre McLaren.
Anders está incluso más emocionado que nosotros, si cabe.
Nos dirigimos a la fase principal europea del campeonato .
Kian se aparta para mirarme. La emoción le llena las comisuras de los ojos y me sonríe de verdad.
Es una sonrisa sincera, de esas que no puedes contener.
El momento es fugaz y su sonrisa se desvanece, casi como si se diera cuenta de quién tiene delante, pero me da un vuelco el corazón.
Nunca lo había visto así. Es… fascinante.
Algo estalla dentro de mí, algo que solo he sentido con una vuelta perfecta o con un podio. Mariposas. Un aleteo que me revuelve las entrañas. Kian Walker me ha provocado mariposas en el estómago.
El grupo se dispersa y alguien abre una botella de champán.
Evidentemente, nadie puede beber porque todavía tenemos la carrera principal de mañana y esta noche hay trabajo que hacer, pero contribuye a animar el ambiente cuando nos rocían a todos.
Es lo que siempre soñé cuando estaba en las categorías inferiores, cuando intentaba que se fijaran en mí e intentaba tener la oportunidad de pasar a la élite.
Por una vez, me alegra relajarme charlando con Ash sobre mis tiempos de ayer, a la vez que veo al resto del equipo celebrarlo.
Kian está en su salsa, disfrutando de los elogios y hablando eufórico con Jackson y Cole sobre el que ha resultado ser un tiempo récord en la carrera de velocidad de hoy.
Parece casi extasiado: todos sus músculos están relajados, con la mirada un poco perdida, y no se está poniendo los auriculares ni corriendo de vuelta al hotel para estar solo.
Me pregunto cómo será en la pretemporada, cuando se permite ser él mismo. ¿Sonríe así siempre? Me gustaría verlo.
La situación mejora aún más al día siguiente cuando regresamos junto al equipo después de haber mantenido nuestras posiciones de salida, primero y tercero, aunque hoy no hay abrazos eufóricos.
Llaman a Kian para atender a los medios con los suecos, con Dorris y con Johannes; me molesta no estar con los grandes nombres después de un rendimiento excelente en lo que va de temporada.
Sé que no soy un aspirante al Campeonato de Pilotos, pero me jode igual .
La próxima temporada, me digo a mí mismo. La próxima temporada estarán llamando a mi puerta para hablar conmigo.
Me ofende aún más que Kian no se acerque a felicitarme cuando desaparecen todas las cámaras.
Ha vuelto a su táctica de evasión total.
En el hotel, intento hablar con él en el camino entre el ascensor y nuestras habitaciones; sin embargo, me mira como si no estuviera allí y desaparece por la puerta, dejándome solo en el pasillo.
Vale, que intente ignorarme tanto como quiera, aunque no le va a funcionar mucho.
Durante la etapa europea de la gira, Hendersohm nos ha conseguido una autocaravana de lujo de última generación. Exacto. Una autocaravana, en singular.
Que habrá que compartir.
Las doce semanas que pasemos por Europa.
No habrá escapatoria para ninguno de los dos, y estoy deseando que llegue el momento. Tarde o temprano, tendremos que hablar de lo que pasó.