Capítulo 12 #2
—Nos vemos luego —se despide Jackson por encima del hombro mientras sale de la cafetería.
—Vaya, qué raro —digo una vez que Jackson y Kian ya no me oyen.
—Todo bien, tío, todo bien —responde Johannes, pero le tiembla el ojo derecho. Como lo conozco, sé que es una señal inequívoca de que está mintiendo.
—No es más que un simple comentarista deportivo. No dejes que te afecte.
Johannes le resta importancia con un gesto y enseguida cambia de tema para hablar de un restaurante que cree que deberíamos visitar mientras estamos aquí.
Habla con aires de superioridad sobre cómo va a darme una paliza el próximo fin de semana, y me apunto a las coñas porque así me distraigo de lo que podrían estar haciendo Jackson y Kian en el hotel .
Kian ha dicho que iba a hacer una videollamada con su hermana, aunque a lo mejor ha sido solo una excusa. Puede que ahora mismo estén follando, con la ropa sudada en el suelo y un enredo de cuerpos en la cama de Kian.
Vale, a lo mejor Johannes no me está distrayendo tanto de la parejita.
—Hoy estás muy descentrado.
Parpadeo y Johannes se levanta y empieza a mirar el móvil mientras nos retiran de la mesa las bebidas vacías.
—Lo siento —me disculpo—. Creo que necesito irme a dormir temprano. Estoy agotado. ¿Por qué no ponen seguidas las carreras de Montreal y Miami? ¿Por qué nos hacen ir a Mónaco y a España para después traernos de vuelta aquí?
Obviamente, no voy a admitir que estoy furioso porque mi compañero se tire a otro.
—Si te vas a acostar temprano, es que Kian te está influyendo mucho. ¿También vas a dejar de beber?
Le doy un codazo en el hombro al salir de la cafetería.
—Capullo. El que se ha convertido en un viejo aburrido eres tú. No puedo creer que ni me acompañaras al casino de Mónaco.
En Mónaco, Johannes estuvo desaparecido; ni siquiera pude localizarlo durante un par de días.
Quiero indagar, pero sé que si pasa algo malo me lo contará.
—Ya estuve ahí el año pasado cuando corrías en la categoría inferior, pesado.
Seguimos hablando así hasta que llegamos al hotel. Los aficionados que esperan frente a las puertas hacen mucho ruido y la multitud casi se ha triplicado desde que hemos salido esta mañana.
Me alegro de que haya seguridad y de que hayan puesto cuerdas a lo largo de la calle para mantener a la muchedumbre a raya; sin embargo, eso no impide que nos lancen cosas para llamar nuestra atención. Una mujer incluso me tira un sujetador .
—Lo siento, tesoro. —Me lo quito del hombro y me echo a reír—. A mí esto no me afecta. Te has equivocado de tío.
Se lo toma con humor, ya que me molesto en devolverle su ropa interior.
—Había que intentarlo —responde con una mirada pícara.
Lo entiendo.
Quien no arriesga no gana.
Al poco, Johannes y yo nos reímos con los fans, que están contentos de que nos detengamos a firmar camisetas y programas.
Jo y yo nos despedimos en el ascensor después de hacer planes para mañana.
Pero no lo vuelvo a ver hasta la clasificatoria. Se le ve cansado junto a su ingeniero en la pista, que lo ayuda a subirse al monoplaza.
Mentiría si dijera que no estoy preocupado. El silencio de Johannes no es habitual, para nada. Siempre tiene el teléfono en la mano, listo para planificar el día si no está ocupado.
Por lo visto, ha estado ocupadísimo.
Pero no dejo que me afecte; nunca dejo que estas cosas me afecten en la pista, y consigo marcar muy buenos tiempos.
Mi buen rendimiento me beneficia en la reunión del equipo Hendersohm, ya que Anders está muy entusiasmado con el día de hoy.
En Montreal se reparten puntos extras porque el día anterior al evento principal hay una carrera de velocidad.
Hendersohm está en una reñida batalla por el liderato del Campeonato Mundial de Constructores contra los suecos de McLaren.
Necesitamos cada punto posible para tener cierta ventaja.
Anders nos presiona, y yo lo disfruto como si me fuera a convertir en un diamante.
Kian está serio, como de costumbre, y ni siquiera me mira.
He quedado en la cuarta posición, aunque a mí me encantan las carreras de velocidad: es donde puedo demostrar mi potencial; también me dan la oportunidad de asegurar una mejor posición en la parrilla de mañana.
Entiendo por qué es el circuito favorito de tantos pilotos.
Si bien tiene muchas curvas cerradas, la baja carga aerodinámica del tercer parcial nos permite ser rápidos y fluidos.
Luego está la precisión milimétrica necesaria para evitar estamparse contra el Muro de los Campeones.
Debes alcanzar el punto más alto justo en el momento preciso, pero cuando lo consigues es pura magia.
Tras la reunión, lo repaso todo con Ash y con mi equipo técnico; luego me subo al monoplaza. Un repentino ataque de nervios me da adrenalina. Estoy casi más nervioso que en un día de carrera real. No es más que una prueba. Veintidós vueltas, en lugar de las setenta que haremos mañana.
—La victoria es tuya, Harper —me susurra Ash al oído—. Controlaremos el coche, así que acelera cuando te lo diga. Concéntrate en el objetivo.
Entiendo por qué Kian y Cole se han compenetrado tan bien, ya que las palabras de Ash me animan y me dan la seguridad de que puedo ganar.
Arranco a toda velocidad y empiezo a quemar rueda.
Salgo disparado, manteniéndome en la cuarta posición, tomando las curvas cerradas sin problemas, pero en cuanto llego al tercer sector vuelo. Me siento ingrávido, como si volara por el aire literalmente.
Es una carrera perfecta. Hay un momento, un instante muy breve, en el que voy primero. Es como si fuera el único coche en la pista durante unos cinco segundos; entonces, el cabrón de Kian hace una maniobra y me adelanta a toda velocidad.