Pole Position: Rivales en la pista Capítulo 12
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Capítulo 12

Harper

J amás pensé que un beso pudiera tener el poder de convertir a un hombre adulto en un manojo de nervios.

En Miami hubo un problema técnico, pero sin duda mi beso afectó al rendimiento de Kian en Mónaco y en España, relegándolo al segundo puesto en ambas carreras.

En los boxes se comentó que su monoplaza tenía problemas recurrentes; sin embargo, los dos sabemos que ese no es el motivo.

Al principio, imaginé que lo superaríamos en un visto y no visto, pero él se toma todo demasiado a pecho. Cualquiera diría que nunca ha tenido un rollo de una noche. Ni siquiera llegamos a follar antes de que se asustara. Le iría muy bien relajarse un poco.

Ha pasado de mirarme con el ceño fruncido constantemente a evitarme por completo. A menos que estemos rodeados del equipo de Hendersohm o en público, es un fantasma. Además, ha modificado su rutina para estar donde yo no esté. ¡Y luego me llama inmaduro a mí!

Creí que a lo mejor se aislaría de todo menos de la conducción, de la prensa y del gimnasio; sin embargo, me doy cuenta de que, mientras evita mi compañía como si yo fuera el portador de una plaga contagiosa que pudiera transformarlo para dejar de ser un pelmazo, se ha hecho amigo de Jackson, el hijo de Anders.

Jackson creció entre carreras. Come, duerme y respira por y para el automovilismo.

Empezó con un blog que acabó siendo un famoso pódcast con invitados de renombre, y a menudo lo llaman como experto en la industria para comentar cualquier detalle, desde el diseño del chasis hasta la seguridad de un trazado, pasando por las estadísticas de un piloto.

Es un enchufado, sí, pero sabe de lo que habla.

Esta temporada no ha aparecido tanto en los medios de comunicación; al principio me sorprendió.

De hecho, ha viajado mucho con nosotros, trabajando codo con codo con su padre y asistiendo como invitado a reuniones de jefes acerca de estrategia y finanzas.

Si no conociera bien a Anders, pensaría que está preparando a su hijo como relevo.

No sé cuánto tiempo se quedará Jackson entre nosotros, aunque está claro que no quiere desaprovechar la oportunidad de trabajar con el legendario Kian. Ni idea de quién le hace la pelota a quién, pero que disfruten de su pequeño bromance . A mí me da absolutamente igual.

Preocuparse por chorradas como esa, anticiparse a las cosas e inquietarse por el futuro es más propio de personas como Kian.

Yo me encargo de lo que tengo delante de mí, tanto en la vida como en la pista, y hasta el momento no me ha ido mal.

Sobreanalizarlo todo es la mejor manera de dejar que te superen los más jóvenes, rápidos y ávidos, dispuestos a correr riesgos que a ti te dan miedo.

Si Elijah vuelve el año que viene, otro equipo me querrá a mí, y ya ganaré para ellos.

En cualquier caso, lo mejor que puedo hacer es ganar y esperar que Anders no sea tan tonto como para dejarme escapar.

Dicho esto, últimamente parece que, cada vez que entro en una habitación, Kian siempre está en medio de una conversación con Jackson.

Siempre se miran o van juntos al gimnasio.

No estoy celoso, es que me resulta una coincidencia demasiado conveniente.

Una persona paranoica podría preocuparse de que Kian esté convenciendo a Jackson para que le comente a su padre que me eche del equipo, pero yo no soy así.

¿Y por qué me despediría Anders, si mis resultados hablan por sí solos ?

Si Kian me lo pregunta, le diré a la cara que se está comportando como un niño pequeño. ¿Qué más da que nos besáramos? Fue hace semanas, que lo supere. Y, sí, quizá me cautivara tanto que en las últimas cuatro semanas no he mirado a ningún otro tío.

Nunca pensé que terminaría tercero en el gran premio de Mónaco y que después no saldría de fiesta con al menos un multimillonario buenorro.

Llegué al casino y ni siquiera me fijé en los bellezones que había allí.

Sé que había más de un aristócrata apostando sus joyas familiares que no podía quitarme los ojos de encima, pero no me interesaban.

Me entran escalofríos solo de pensarlo.

Aunque se debió al cansancio, sin duda. El salto desde las categorías inferiores era evidente a medida que avanzábamos en la temporada. Además, Johannes casi no salía por ahí, así que perdí a mi compañero habitual. Esa es la explicación que daré si alguien me pregunta.

Ahora estamos en Montreal, uno de mis lugares favoritos del mundo, y me siento más yo mismo. Más tranquilo. Estoy preparado para dejar atrás para siempre cualquier recuerdo de aquella noche en Miami. Hasta que Johannes me pregunta si en Mónaco me tiré a alguien.

Estamos en una cafetería de Montreal, observando a la gente y poniéndonos al día —últimamente no lo he visto mucho, ha estado ocupado con alguien o algo que no me cuenta—, cuando Jackson y Kian entran en el local.

Se ríen y bromean, y Jackson le da palmadas en los hombros mientras le dice que lo invita al café.

Los rizos castaños oscuros de Jackson están tan empapados de sudor que casi parecen negros y Kian está ruborizado.

Llevan chándal, es evidente que han salido a correr, aunque durante un segundo mi mente divaga hacia otra actividad que los dejaría sudorosos y jadeantes.

De repente, me pongo de mala leche. Lo atribuyo a la tensión que aún siento con Johannes después de que me abandonara por un tío cualquiera del que se niega a hablar.

Aunque normalmente puedo restar importancia a esas cosas.

¿Quería follar con Kian esa noche? Sí, quería follar con él.

Pero no es que me haya obsesionado con el motivo por el que se puso tan nervioso cuando nos acercábamos a lo bueno.

Es un estirado, y, aunque sé que se lo pasaría mejor metiéndose mi polla que el palo que lo tiene tan tieso, ese es su problema, no el mío.

Apenas he pensado en eso. De verdad que no.

Sin embargo, verlo con Jackson y comprobar lo relajado y tranquilo que parece me molesta bastante.

¿Por qué reserva para mí lo peor de su personalidad?

Creía que Kian no hacía estas cosas. Creía que no se liaba con cualquiera.

Que yo sepa, no se ha tirado a nadie en toda la temporada, ni a hombres ni a mujeres.

Entonces, ¿por qué de repente está tan obsesionado con Jackson?

Ni siquiera ha entablado amistad con mucha gente del campeonato, sin contar a Cole.

Sí, es amable con todos, pero entre ser amable y la amistad hay una diferencia.

—¿Hola? Tierra llamando a Harper —exclama Johannes agitando una mano delante de mi cara para apartar mi atención del brazo de Jackson, que descansa despreocupadamente sobre el hombro de Kian mientras piden las bebidas.

—Perdona —murmuro, y vuelvo enseguida la mirada hacia ellos para comprobar si el brazo de Jackson sigue siendo despreocupado en lugar de posesivo.

—Es un poco raro, ¿no? —Johannes parece casi tan preocupado como yo, aunque es probable que sean imaginaciones mías, porque quiero que todos compartan mi frustración con Kian para no sentirme como un imbécil.

—No sabía que fueran tan amigos. Se llevan muy bien.

Johannes me mira con curiosidad. Me doy cuenta de que no puedo sostenerle la mirada.

—Mucho. ¿Hay alguna posibilidad de que haya algo entre ellos ?

No voy a sacar a Kian del armario. Sé que dijo que no le importa que la gente sepa que es bisexual; aun así, no me corresponde a mí comentar nada. Si quiere que Johannes lo sepa, se lo contará él o se lo dirá al mundo entero. Tampoco creo que pueda decírselo yo sin delatar mi interés.

Los observo, escuchando el sonido de la cafetera. Cuando aceptan las bebidas, los vasos no son para llevar. De repente, se acercan a nuestra mesa.

—Mierda —murmuro entre dientes—. Vienen aquí.

—Hola, Harper —me saluda Jackson alegremente.

Es hora de fingir. No puedo permitirme enemistarme con el hijo del jefe.

—Jackson, ¿qué tal? ¿Cómo estás?

—Bastante bien, tío. Pero este de aquí… —le da un codazo a Kian en el hombro, por si acaso no sé de quién habla— me tiene agotado. ¡Nado a las seis de la mañana y luego corremos por la tarde! ¿No para nunca o qué?

—Bueno, ya conoces a Kian. Dedicación es su apellido. —Todos ríen, aunque suena un poco forzado—. Disculpa, no es que necesite presentación, teniendo en cuenta que escribiste muchas entradas en tu blog sobre su rendimiento del año pasado, pero este es mi mejor amigo, Johannes Muller.

—Claro, claro —contesta Jackson, ofreciéndole la mano a Johannes para estrecharla.

Sé que Johannes no está muy contento —puede que Jackson calificara en su pódcast como «mediocre» la temporada de Johannes del año pasado—, pero acepta la mano de todos modos.

Como es muy educado, le pregunta a Jackson qué tal le está yendo en Canadá, y eso da pie a una conversación sobre los estudios de Jackson en el extranjero.

Kian no interviene, se limita a beber un sorbo de café con calma, como si no hubiera otro lugar donde preferiría estar. Lo observo e intento captar su mirada, pero se niega a desplazar la vista hacia mí .

Me fijo en una gota de sudor que se le desliza por la mejilla, le pasa por la oreja y por el borde de la mandíbula.

Sigo el recorrido mientras se adhiere a su cuello y luego desaparece bajo el escote de la camiseta de correr.

Sé muy bien cómo es su torso, y me detengo un instante para imaginar el recorrido de esa gota a lo largo de todo su cuerpo.

Tengo que moverme en mi asiento para disimular lo que me está provocando esta pequeña fantasía; cuando vuelvo a mirar el rostro de Kian, capto un fugaz destello de una expresión que me indica que él es tan consciente de mi presencia como yo de la suya.

Pillado.

No puedo evitar sonreír.

Entonces Kian interrumpe para disculparse. Cómo no.

—Aunque ha sido un placer —dice—, tengo que volver para llamar a mi hermana por FaceTime.

Lleva los vasos vacíos de vuelta al mostrador y luego se marchan. Juntos.