Pole Position: Rivales en la pista Capítulo 11 #3
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Capítulo 11 #3

Siento que el motor está a punto de fallar por completo, así que no me queda más remedio que bajar aún más el ritmo.

Avanzo a duras penas, intentando no ensordecer a Cole al descargar mi frustración en sus tímpanos.

No he llegado a ponerme las pilas en las clasificatorias y las estadísticas que me da Cole demuestran que no he alcanzado ni de lejos los números que esperaba.

El día de la carrera estaré mirando los tubos de escape de gente a la que debería tener en el bolsillo.

No necesito ver los tiempos de vuelta de nadie más para saberlo .

Por lo menos seguiré estando entre los diez primeros. Odio depender de que otros tengan un peor día para poder hacerlo bien. El rendimiento de élite no va de eso.

—¿En qué puesto estoy? —le pregunto a Cole mientras el motor tiembla.

—Noveno. Todos los demás casi han terminado, así que ahí es donde acabarás.

Se refiere a que ni siquiera debería intentar finalizar la ronda.

Debería salirme ya y dejar que recojan el coche y lo lleven al garaje.

El equipo va a pasarse la noche en vela para arreglarlo y tenerlo listo para mañana.

No los envidio, pero no son ellos los que están conduciendo.

Lo más útil que puedo hacer es descansar y volver con una buena estrategia para la carrera.

Por suerte, no es un fin de semana al sprint , así que no pierdo puntos extras. Siempre hay un lado positivo.

—¿Posición de Harper? —le pregunto en cuanto me detengo junto a la pista.

Espero la señal para bajar y quiero tener tiempo para tranquilizarme antes de enfrentarme a nadie.

—Cuarto.

¡Joder! ¡Será cabrón!

Es su primera vez en el circuito de Miami y ha arrasado.

Es como si fuera de teflón. ¡No se le pega nada!

Si no estuviera tan enfadado conmigo mismo y con la situación, seguro que su destreza me pondría cachondo.

—La pista está despejada. Ya puedes venir.

Siguiendo las instrucciones de Cole, recorro los últimos metros hasta la meta. Cruzarla a pie en lugar de pasar a toda velocidad es una sensación extraña.

Por supuesto, lo primero que veo es a Harper dándole un puto abrazo a Johannes. Los dos dan saltitos como niños pequeños en Navidad.

¿Acaso no entiende el concepto de equipo ?

¿No estaba llorando por Johannes el otro día?

¡La madre que lo parió!

—¿Quién ha terminado primero?

Me alegra seguir con el casco puesto para que nadie me vea la cara.

—Johannes —me informa Cole sin más.

Joder. Vaya mierda.

Van a ser insufribles.

Desde donde estoy, me pregunto si podré pasar por delante sin tener que saludarlos, aunque estoy seguro de que todas las miradas están puestas en mí por mi mal desempeño de hoy, y, si evito a dos de los mejores clasificados —uno de los cuales es mi compañero de equipo—, nos perjudicará a todos.

Hora de actuar con madurez, Walker.

Me acerco a ellos, los felicito, chocamos los puños y nos damos palmadas en la espalda y los hombros antes de retirarme al foso de Hendersohm para lamerme las heridas.

Me preparo para un aluvión de preguntas de los técnicos sobre las sensaciones del coche en diferentes momentos y participo en la conversación porque necesito que el monoplaza esté perfecto mañana si quiero tener alguna esperanza de dejar atrás el noveno puesto.

Solo tengo cinco minutos de descanso antes de que Harper pase a buscarme para la reunión posterior a la clasificación en el box de Hendersohm.

—¿Estás bien? —me pregunta Harper.

Es la primera vez que estoy a solas con él desde la otra noche.

Respondo con un gruñido porque no sé muy bien cómo expresarme adecuadamente en esta situación. No quiero hablar de lo que pasó, es evidente. Lo único que quiero saber es cómo lo hace. ¿Cómo logra seguir adelante sin que nada le afecte?

—No sé cómo lo has hecho. —La pura y amarga verdad me brota de la boca.

—¿El qué? ¿Quedar cuarto? Tío, normalmente estás por encima de mí. Sabes cómo hacerlo mejor que yo .

No sé si está malinterpretando la pregunta a propósito o si es así como lo hace: sin pensar demasiado.

O sin pensar en absoluto.

—Eres un gusano que se arrastra por mi cerebro, James.

Intento restarle importancia, pero este momento es demasiado crucial. Necesito ganar en Montreal para seguir en buena posición y llevarme el trofeo del campeonato de pilotos.

—¿Han sido mis besos mágicos? —bromea.

Me horroriza el calor que me sube a las mejillas y la forma en la que mi cuerpo me traiciona. Siempre parece saber qué teclas exactas tocar para desequilibrarme.

—¡Hostia! A lo mejor debería ir besando a todos los rivales si voy a conseguir ese efecto.

—Vete a la mierda. —Es lo único que consigo decir antes de que nuestra conversación deje de ser privada.

Cuando llegamos a la reunión del equipo, estoy tan tenso que apenas puedo hablar. Harper James está viviendo gratis en mi cabeza, y él lo sabe.

El muy cabrón lo sabe.

Va por ahí haciendo lo que se le antoja, besando a quien se le antoja, acostándose con quien se le antoja, ¡y aun así arrasa en la pista!

Le basta con mirarme como no debe para hacer que me derrumbe.

No me puedo creer que ayer me convenciera de que la solución era acostarme con él para calmar mi ansiedad y dejar que los pensamientos intrusivos me dominaran.

Puede que sí me esté haciendo viejo.

Harper no da besos mágicos, pero me distrae, y ahora mismo no puedo soportarlo.

Solo necesito alejarme de él. Ese va a ser el truco.