Capítulo 11 #2
Las quince vueltas eran lo que necesitaba.
A veces necesito más; en cambio, hoy no me hace falta.
Me alegra tener la agenda llena. Necesito mantener una mentalidad positiva y el ritmo que he encontrado en el circuito.
Tengo una gran entrevista «desde la pista» para el canal ESPN, a continuación una sesión de gimnasio con mi entrenador personal, seguida de una tarde de masaje deportivo y estiramientos. Perfecto.
Me encanta mi rutina. Me ayuda a estar cuerdo… y a ganar.
Cuando llego a la entrevista, me sorprende que la presentadora meta una serie de preguntas sobre mi padre.
Busco a Anna con la mirada. Definitivamente, este no está en mi lista de temas aprobados.
De hecho, está en la lista negra, lo único que Anna sabe recalcar a cualquiera que quiera entrevistarme.
—Esta mañana hemos hablado con Tyler Heath sobre cómo te está yendo la primera parte de la nueva temporada y sobre el equipo de Hendersohm. ¿Qué crees que nos ha dicho sobre tu rendimiento? —me pregunta Kelly Sikes.
Hasta ahora, era una de mis presentadoras deportivas preferidas .
Me da igual lo que haya dicho de mí. Seguro que han sido cosas buenas, porque le encanta hablar de mí cuando me va bien y siempre que pueda ganar un dineral a mi costa. Pero, sinceramente, su opinión es irrelevante.
—Tengo la vista puesta en volver a lo más alto del podio esta temporada —afirmo.
A pesar de que me obligaron a hacer sesiones de comunicación al comienzo de la temporada, algo de lo que sigo culpando a Harper, lo cierto es que se me da bien. No es la primera vez que evito con destreza cualquier mención al infame de mi padre y a mí.
Me río mientras me pone fragmentos de los vídeos. Dice cosas como: «En la pista es igual que su padre» y «No podría estar más orgulloso del piloto en el que se ha convertido Kian en la última década».
Me dan ganas de vomitar; sin embargo, finjo aceptarlo con una sonrisa y rápidamente encuentro la manera de cambiar de tema.
Por suerte, el resto de la entrevista transcurre sin problemas. Hablamos de cómo el gran premio de Miami se está volviendo tan importante como la Super Bowl y de lo que tengo ganas de ver y hacer mientras esté en los Estados Unidos.
Seguro que no espera que me deshaga en elogios sobre el yoga en la playa, pero Anna siempre me dice que necesito mostrarme un poco más accesible y «emocionalmente auténtico».
Sé que es para contrarrestar mi negativa a hablar de Tyler Heath y para buscar patrocinadores, así que hablo un rato sobre la atención plena y también muestro entusiasmo por la gente que disfruta del amanecer en la playa.
Si Kelly se sorprende, lo disimula bien.
Y luego me vuelve a sorprender.
—Me ha llegado que en uno de los bares del barrio gay va a celebrarse una noche en tu honor. ¿Vas a asistir?
Ni siquiera he oído hablar de esa noche, que al parecer se organiza en mi nombre, aunque está claro que no iré .
—Aunque suena genial y es un honor, no es mi estilo. Sin embargo, si me dices a mí o le cuentas a mi equipo qué bar es, les enviaré algunos artículos firmados.
Es lo mínimo que puedo hacer si no voy a ir, y no creo que Anna ponga ningún problema.
Terminamos la entrevista y la asistente de Kelly me da una tarjeta de visita con el nombre del bar para que pueda ponerme en contacto con ellos. Se la pasaré al equipo de relaciones públicas de Hendersohm de inmediato para poder concentrarme en la carrera de mañana.
Tengo la suerte de no cruzarme con Harper en lo que queda de día.
Físicamente, estoy logrando evitarlo. Mentalmente, me siento bastante fuerte después de la sesión de esta tarde en el circuito.
Estoy tan concentrado en no pensar en él que dejo pasar la oportunidad de llamar a Elise para darles las buenas noches a los niños.
Ceno solo en la cama de mi habitación. Me mantengo alejado de las redes sociales y sigo mi rutina de meditación previa a la carrera. Cuando por fin cierro los ojos para dormirme, Harper James se cuela en mis pensamientos como si nunca se hubiera ido.
Hacía mucho tiempo que no tenía sueños eróticos.
Ni que decir tiene que llego a las clasificatorias medio dormido. Quizá incluso peligrosamente cansado, hasta el punto de tomarme dos cafés en los boxes y tener que refrescarme la cara con agua helada.
No es mi mejor calentamiento previo a la carrera, pero es lo que hay. Las dos primeras eliminatorias van bien; nada del otro mundo, aunque tampoco terrible. Estoy en sexta posición al entrar en la ronda final de clasificación, que no es donde quiero estar, aunque sin duda podría ser peor.
Sin embargo, en cuanto nos dejan arrancar por tercera vez hoy, sé que algo va muy pero que muy mal. Acelero a fondo y sigo avanzando; aun así, el coche tiembla. El motor vibra y da tirones como si no tuviera la energía suficiente como para ir más rápido .
Puede que el motor y yo seamos uno, porque esa sensación me resulta extrañamente familiar. Es inquietante ver mi tormenta interior reflejada en la bestia inanimada que suele rugir y retumbar con una potencia apenas controlada. Hoy ninguno de los dos tiene fuerza.
—¿Qué pasa, Ki? —pregunta Cole.
—¡Dímelo tú, tío!
Todavía no avanzo con dificultad, pero, después de una vuelta medio decente, todos me adelantan y solo quiero arrastrarme de vuelta a los boxes. Por primera vez en mi carrera, me entran ganas de rendirme e irme a casa.
Cole me está dando consejos y sugerencias al oído, pero no funciona nada.
—Es que no arranca. Parece que el coche ni siquiera llega a la mitad del acelerador, y mucho menos al máximo.
—El motor parece destrozado, lo siento. No está dando la potencia que quisiéramos. Aquí todos estamos cabreados ahora mismo —se apresura a contestar Cole.
Golpeando el volante con los puños, suelto un grito profundo y ensordecedor de frustración.
—¡Creía que ayer lo habíamos solucionado!
Me hierve la sangre. Estoy muy cabreado, y solo una parte de mi cabreo se debe al fallo técnico del coche. Sé que estoy molesto conmigo mismo: por perder la concentración, por distraerme con Harper, por una oportunidad perdida que podría costarme el trofeo.